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8 de Noviembre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
8 de Noviembre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Política, etnia, y oposición
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Imposible una ciudad o un país que se sostenga en la igualdad y que haya logrado la eliminación de las diferencias. Sin diferencia, sencillamente ya no es posible política alguna.

¿Cómo dirigir un país hacia el bienestar y el desarrollo de los ciudadanos? ¿Cómo conseguir un desarrollo social y económicamente tal que los ciudadanos se sientan realmente bien en todos los
          aspectos de su vida privada y pública?

El país se presenta como una suerte de gran ciudad que acoge a todos sus habitantes en su inmensa e infinita, diversidad. También representa el conjunto de las posibles y de las comunes aspiraciones y oposiciones. Sin embargo, ni en la ciudad ni en lo rural son posibles la unidad y la equidad que, en buena medida, pertenecen al reino de lo mítico. 

Lo diferente constituye uno de los ejes fundantes de la política. En efecto, si no hay diferencia, no hay política posible. La polís es el lugar paradigmático de las similitudes, las igualdades y las diferencias. Allí también reinan las contradicciones.

Imposible una ciudad o un país que se sostenga en la igualdad y que haya logrado la eliminación de las diferencias. Sin diferencia, sencillamente ya no es posible política alguna. El alma, el corazón, el núcleo de la libertad y, por ende, de la política, no es más que el conjunto de estrategias destinadas al manejo eficiente de una diferencia eminentemente polisémica. 

El constante reconocimiento de la diferencia no es un slogan político. Al contrario, representa el corazón de aquel quehacer político que sueña con la salvación. Pero la política, en realidad, no constituye sino la eficiente administración de las diferencias en beneficio de los ciudadanos en tanto diferentes. La diferencia es no solo el núcleo de la libertad sino la libertad misma. De hecho, sin libertad resultaría imposible la presencia activa de lo diferente. Y viceversa. 

la política es la eficiente administración de las diferencias en beneficio de los ciudadanos en tanto diferentes. La diferencia es no solo el núcleo de la libertad sino la libertad misma. De hecho, sin libertad resultaría imposible la presencia activa de lo diferente.

En consecuencia, los políticos de verdad no son sino los corifeos de la libertad en su estricto sentido. No los que hablan de la ella desde oscuros espacios de poder en los que el afán de dominio constituye su razón de ser. No son discípulos de la libertad quienes se llenan la boca con ella y al mismo tiempo celebran oscuros cenáculos para atacarla e incluso para destruirla.

El demócrata asume, respeta y enriquece la diferencia porque sabe que, de lo contrario, desaparecería la posibilidad misma de democracia.

Por ejemplo, con sus discursos y amenazas, es como si ciertos dirigentes de la Conaie descociesen los elementos básicos de lo que constituye vivir en democracia. Primero, porque la Conaie se halla organizados en nacionalidades cuyo sentido y dimensión parecería no han sido suficientemente asimilados dentro del campo de la democracia. Yo también soy presidente, dice su dirigente con la intención de equipararse al único presidente del país. Yo también soy presidente, como si se pretendiese que la organización de los grupos étnicos logre una significación más más allá del mismo Estado. 

La diferencia es constitutiva de nuestro mundo racional. Somos Costa y Sierra. Islas y selva amazónica. Esta geografía ha sido tratada como pretexto para la discordia. Entonces, las diferencias se han traslado al campo de la oposición. Suelto de lengua y falto de visión política, un dirigente indígena se equipara al presidente de la república. 

La nacionalidad construye los vínculos jurídicos y político de los ciudadanos con el Estado que es uno solo y que se halla presidido por el presidente de la república. Los grupos étnicos que, si bien podrían constituir nacionalidades, lo hacen tan solo en tanto habitan una geografía más o menos delimitada y poseen características culturales que los especifican. Los salasacas, los chibuleos, los otavalos, como ejemplo, constituyen etnias que, sin embargo, se hallan absolutamente adscritas a la organización jurídica del Estado. 

Dirigentes, como Iza, luchan menos por los intereses sociales y económicos de sus comunidades que por el crecimiento de su figura política. De hecho, parecería que carecen de una clara ideología política. Lo del 2019 nada tuvo que ver con la defensa de los derechos. Las comunidades indígenas fueron utilizadas por sus dirigentes para fines bastante protervos. 

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