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10 de Septiembre del 2018
Ideas
Lectura: 4 minutos
10 de Septiembre del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Política: la ética de la cosa nostra
La ética constituye la normativa del buen pensar y del buen obrar. Pero es preciso reconocer que entre corruptos existe también una ética a la que deben someterse rigurosamente todos sus miembros. Un principio fundamental de esa ética es la destrucción de las pruebas físicas de tal manera que, en el caso de producirse delaciones, las pruebas nunca aparezcan.

Finalmente, por efectos de la ley, Lula no podrá candidatizarse a la presidencia de Brasil. Parecía algo absolutamente ilógico e inmoral que alguien encarcelado y sentenciado por graves actos de corrupción se candidatease a la Presidencia del país. Pero así suelen ser las normas de ese bajo mundo en el que la ley de lo corrupto y lo perverso ponen en entredicho la lógica y la ética social que juzgan sobre lo bueno, lo adecuado y lo malo. Los regímenes de la corrupción son capaces de disfrazarse de honradez y honorabilidad. A la lista pertenecen los Maduro, Morales, Correa, Ortega y otros más de cuyos nombres no quiero acordarme. 

Los líderes corruptos son carismáticos, hablan bien, manejan a la perfección su propia historia, no precisamente para fortalecer la causa de los pobres, sino su la suya. Más allá de lo que se haya hecho en la práctica, la lucha por los pobres y la supuesta imparable construcción de la verdad terminarán convertidas en un inmenso biombo destinado a ocultar lo corrupto de su vida en el poder. 

Cuando la lucha por los pobres y marginados se convierte en el leitmotivde una propuesta de revolución social, de antemano se sabe que hay una farsa instalada en el corazón de ese discurso. Porque lo que se busca es tan solo el poder con sus infinitos beneficios personales. Esos redentores solo buscan redimir su propia historia de dolorosas pobrezas. 

Lula puso el grito en el cielo cuando Correa se resintió con Odebrecht (¿probablemente por los porcentajes?). Realizó un viaje relámpago a Quito para negociar una adecuada y justa partición de los millonarios beneficios de la corrupción. Todo quedó listo, santificado y bendecido. Un par de horas después regresó a Brasil con su conciencia tranquila y satisfecha, mientras Odebrecht mantendría su gran negocio en el país. En las éticas de la corrupción, los precios de las coimas mantienen una categoría que debe ser rigurosamente respetada. 

La ética constituye la normativa del buen pensar y del buen obrar. Pero es preciso reconocer que entre corruptos existe también una ética a la que deben someterse rigurosamente todos sus miembros. Un principio fundamental de esa ética es la destrucción de las pruebas físicas de tal manera que, en el caso de producirse delaciones, las pruebas nunca aparezcan. Y cuando se trata de personas, se las desaparece. Es sencillo, con Correa a la cabeza, se mutila y altera el informe sobre el asesinato de Gabela. Entonces, como si se tratase de un bautismo: todos quedan hermosamente purificados. 

“Que prueben que he robado un solo centavo” es la expresión mágica y contundente de todos los acusados que se aprovecharon del poder para enriquecerse. Tan poderosa es la respuesta a esta supuestamente falsa acusación, que Lula, ya encarcelado, sigue siendo inocente como Correa que sigue hablando de manos limpias y corazones ardientes. Ellos se encargaron de construir en la conciencia del pueblo su presencia redentora, honesta, sacrificada. Para gran parte de la población popular el tema de la corrupción se halla en la estratosfera, no les pertenece. Más aun si por ahí ven una gran obra de la corrupción, la convierten en templo e ícono de su honradez, bondad y eficiencia. El poder corrupto sabe bien enmascararse en grandes obras aunque sean de puro oropel. 

Así es la ética de la cosa nostra que sigue vigente porque en nuestros países nada serio ha acontecido ni para desenmascararla definitivamente y menos aún para combatirla en sus raíces. Si fuese candidato, Lula ganaría igual que Correa, Maduro, Morales y Ortega.

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