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14 de Febrero del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
14 de Febrero del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Presidente, el país exige cambios urgentes
Moreno habrá cumplido su primer año en el poder. Pero ni el país ni su gobierno se han descorreizado lo suficiente para que se produzca una verdadera ruptura lógica, ética, estética y política con el correísmo. Desde luego, no se trata tan solo de personas. Pero ciertamente se trata de esos personajes que ayer no más adoraban al dios Correa en los altares de la Asamblea, de los ministerios, de las embajadas, de las grandes empresas nacionales. En los altares de la Justicia.

El triunfo del Sí debe pasar por varias lecturas e interpretaciones. La primera aproximación tendría que ver con el lugar que el presidente Moreno ocupa en el país frente a la imagen fantasmal y real de Correa. El país ha decidido aliarse con Moreno, apoyarlo decididamente en su afán de alejarse de la nefasta y fatídica presencia de Correa, de los suyos, de sus engaños y corrupción.

Porque Correa se fue para volver, y no después de diez largos años, sino luego de cuatro, al final del período de Moreno. Con su AP tenía perfectamente bien diseñado el futuro político suyo y de quienes, fieles servidores, se aprovecharon y aun se aprovechan de las ventajas que proporciona la cercanía al poder. Esa presencia anclada en sus inmorales reformas a la Constitución de Montecristi, que duraría 100 años. Y la nueva presencia del país conformada por todos los partidos políticos incluidos los opuestos a AP y que, sin embargo, hicieron causa común para que triunfe el SÍ. Ya no es posible desconocer la presencia activa de los líderes políticos que, en las últimas elecciones estuvieron en la otra orilla de Moreno, y que se unieron para desbaratar al caudillo que no cesó de predicar su derecho a ser eternamente presidente. De hecho, el NO a la reelección indefinida se convirtió en el imán fundamental que terminaría aglutinando a la población.

Este viraje hacia Moreno en la Consulta no fue circunstancial sino existencial. En efecto, el país entero anhela romper con el correísmo, desbaratar su narcisista y perverso edificio político. Los monumentos que hablan de Correa no son esos enormes edificios, algunos inservibles, ni las carreteras, ni las refinerías ni los poliductos. No. Lo que habla de Correa es la corrupción, esa vieja y renovada lepra con la que contagió no solamente a los suyos, sino a las instituciones políticas y sociales del país. Desde la corrupción creó una febocracia en su gobierno que, obnubilada por el poder, no podía hacer otra cosa que aquello que el amo disponía sin jamás oponerse a la evidencia de lo perverso.

En pocos meses, Moreno habrá cumplido su primer año en el poder. Pero ni el país ni su gobierno se han descorreizado lo suficiente para que se produzca una verdadera ruptura lógica, ética, estética y política con el correísmo. Desde luego, no se trata tan solo de personas. Pero ciertamente se trata de esos personajes que ayer no más adoraban al dios Correa en los altares de la Asamblea, de los ministerios, de las embajadas, de las grandes empresas nacionales. En los altares de la Justicia. En el altar de las sabatinas con sus perversos ritos de entusiasta malicia con los que se maltrataba, por ejemplo, a las mujeres: muñequitas de pastel. Y las esclavizadas a su embrujo celebraban eufóricas tan maravillosa originalidad. Qué raro que algunas de ellas ahora celebren el rito de la equidad en sus ministerios como si nada hubiese acontecido con sus infames complicidades. Como si el país se hubiese vuelto amnésico y ciego.

Presidente Moreno, el país le ha dado un increíble espaldarazo que usted podría (debería) aprovecharlo al máximo, ahora, no mañana. Porque no se trata tan solo de alejar a Correa de Carondelet. Se trata de destapar sus infamias políticas y administrativas. Su corrupción expresada patéticamente en la corrupción de sus más cercanos colaboradores que se contagiaron de su magia lo que les permitió convertir en millones sus sueldos de burócratas. Unos corruptos robaron dinero. Otros y otras robaron la ética, el buen decir, la honorabilidad.

Usted, Presidente, es de Alianza País y desde allí llegó al poder. Por ende, es absolutamente legítimo que gobierne con miembros de ese partido. Pero no es lógico que lo haga necesariamente con quienes sostuvieron no solo la presidencia de Correa sino también y sobre todo su perversa corrupción. Sin duda alguna, Alianza País es mucho más que el grupo que gobernó con Correa como para no invitar a esos otros a colaborar con usted. También es preciso reconocer que habrá quienes abdicaron adecuada, ética y oportunamente de su correísmo.

Pero ahora, luego de la consulta, usted, Presidente, ha afirmado que quiere gobernar con todos. De hecho, los pertenecientes a partidos y movimientos políticos y también los independientes estarían listos a integrar un nuevo gabinete que represente y sostenga esta suerte de consenso nacional que se ha producido con la consulta.

Si esto no aconteciese, al país le invadirá la sensación, no solo de haber arado en el mar, sino sobre todo de haber sido maquiavélicamente utilizado. Algo que, si se produjese, sería fatal tanto para el ejercicio del poder como para la producción y sostenimiento de los cambios que el país exige.

Descorreizar al gobierno constituye una tarea asaz compleja. Diez años no son cosa de poca monta sobre todo para aquellos que se consideran herederos directos de AP aunque ahora pretendan dar la imagen de que se han olvidado de su líder supremo y de que ya no reciben sus órdenes. Difícil de creer cuando aquel señor afirma poseer fuentes de muy alto nivel en el gobierno que le tienen al tanto de todo. Así ha de ser. 

[PANAL DE IDEAS]

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