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3 de Agosto del 2022
Ideas
Lectura: 10 minutos
3 de Agosto del 2022
Rubén Darío Buitrón
Presidente: primero gobierne, luego comunique
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En un entorno político más sincero y transparente, donde no primen ni el autoengaño ni el silencio ante lo que se debería decir, lo primero que debería promover en Carondelet, aunque sea a puerta cerrada, es una reunión de sus más cercanos colaboradores donde todos admitan que no hay nada para comunicar.

Señor Presidente, me imagino a sus altos funcionarios y asesores de la Secretaría General de Comunicación (Segcom) rompiéndose la cabeza para diseñar una estrategia que cambie la percepción ciudadana en relación con la bajísima popularidad de la que usted sufre.

Pero, al mismo tiempo, quisiera pensar que usted es consciente de que no es posible establecer un plan comunicativo sobre lo que no existe o sobre lo que hace a medias o se hace mal.

Por ejemplo: ¿ha pensado cómo decirles a los ciudadanos que el país está avanzando si en las calles la gente siente el miedo que se vive por la falta de seguridad y el sicariato?

¿Cómo logrará ocultar la falta de puestos de trabajo y el creciente desempleo?

¿Cómo explicará la emisión de decretos de emergencia para la salud pública sin reconocer que hace rato la crisis se le salió de control?

¿Cómo explicará la pésima atención en los hospitales públicos, la carencia de medicinas básicas, la ineficiencia del call center del IESS?

¿Cómo confesará que cubrir el costo mensual de la canasta familiar básica es inalcanzable para la mayoría de familias ecuatorianas?

¿Cómo admitirá que durante más de un año en el poder es escasa o nula la obra pública que ya debería emprender su Gobierno?

¿Cómo negará que se acabó su discurso de la presunta ingenuidad o pureza política y que empiezan a aparecen los clásicos escándalos de corrupción en lo más alto del oficialismo, muy cerca de usted?

Lo que debería reflexionar es que, en realidad, no le ayudan los altos funcionarios y los asesores de la Segcom con propuestas e ideas que hace rato quedaron obsoletas, como las viejas prácticas de las cadenas nacionales, que son una imposición absurda para los ciudadanos y que es obvio que sus contenidos son tan ligeros y sin sustento que, como decían nuestros abuelos, “entran por una oreja y salen por la otra”.

Se ve, se nota, se evidencia, Presidente, cómo se pretende estirar la realidad, una realidad que no se concreta pero que se disfraza, una realidad que no logra convencer porque no existe nada concreto a qué aferrarse para simular que sí se hace obra pública.      

Piense que si algo positivo trajeron las redes sociales es que tenemos un ciudadano promedio mejor informado, un ciudadano que busca otras fuentes cuando no cree o duda del discurso oficial o cuando percibe que los medios de comunicación convencionales (y algunos digitales también) son complacientes con el Régimen. Eso le hace daño, Presidente. No es buena idea tener a la prensa a su favor porque lo que esta logra es que usted pierda la perspectiva.

Piense también que hay ciudadanos que ejercen su derecho a la crítica y su libertad de expresión y que dicen lo que hay que decir, sin eufemismos y sin ambages, así como hay medios, periodistas y columnistas que hacen valer su palabra y muestran el desasosiego general que se vive en el país ante la falta de liderazgo y de administración del Estado. Un Estado que, a los ojos del neoliberalismo que hoy maneja el poder político, debería ser privatizado. ¿Es eso lo que quiere usted? Ya vamos a hablar del tema.

En un entorno político más sincero y transparente, donde no primen ni el autoengaño ni el silencio ante lo que se debería decir, lo primero que debería promover en Carondelet, aunque sea a puerta cerrada, es una reunión de sus más cercanos colaboradores donde todos admitan que no hay nada para comunicar.

Es decir, generar un profundo proceso autocrítico. Conducir un diálogo interno donde usted y su gente se pregunten qué no estamos haciendo. Qué estamos haciendo mal. Cómo podríamos dar la vuelta a la tortilla de la percepción ciudadana en estos casi tres años que aún nos falta por gobernar.

Lo segundo sería preguntar si existe un proyecto y, si lo hay, definir los caminos. Qué queremos hacer. Hacia dónde estamos caminando. Qué rumbo darle al país.

Y, lo tercero, pero solamente luego de haber dado los pasos anteriores, sería disponer que se ejecute una política de comunicación con ejes precisos, con argumentos claros, con metas y objetivos alineados con lo que usted como presidente de la República piensa y cree que se debe hacer.

El problema de fondo se encuentra escondido en la respuesta a esta pregunta: ¿sabe usted lo que quiere conseguir desde su sillón en Carondelet?

Porque, de lo hasta ahora hemos visto, sorprende que alguien que luchó más de una década por llegar al poder ahora no tenga claro qué hacer, no tenga claro con qué tipo de funcionarios contar, no tenga claras sus obligaciones y sus perspectivas.

Es obvio que usted no querrá quedar como el mandatario que hizo el peor gobierno de la historia. Pero, si es obvio, ¿por qué no hace nada? ¿Por qué no cumple lo ofrecido no en campaña electoral, que ya quedó atrás, sino en el ejercicio del poder?

En un entorno político más sincero y transparente, donde no primen ni el autoengaño ni el silencio ante lo que se debería decir, lo primero que debería promover en Carondelet, aunque sea a puerta cerrada, es una reunión de sus más cercanos colaboradores donde todos admitan que no hay nada para comunicar

¿Cómo es posible que haya prometido hace nueve meses que el Gobierno daría una decena de millones de dólares a la Policía Nacional para la seguridad en Guayaquil y que hasta ahora no se concrete esa promesa por un obstáculo burocrático?

¿Cómo es posible que declare a la salud pública en estado de emergencia y que semanas después la crisis en este sector se agudice?

¿Cómo permite que sus legisladores acudan a los medios de comunicación para echar leña al fuego en el conflicto (por ahora pasivo) con la Conaie y expresar cualquier argumento descabellado disfrazado de lógica elemental?

¿Cómo es posible que envíe al Consejo de Participación Ciudadana la terna para Superintendente de Bancos y que luego cuestione a la persona que fue escogida si esta persona fue parte de los tres nominados por usted?

Demasiadas preguntas y escasas respuestas. Cada vez es más claro que todo está oscuro. Es una paradoja que suena absurda, pero que nunca como ahora es tan real.

En ese contexto, vuelvo a imaginar a los altos funcionarios y asesores de la Segcom y no puedo sino sentir compasión y pena por la falta de insumos reales para comunicar al país.

Hay un presidente de la República que en un año ha cometido una serie de errores, deslices, desatinos y exabruptos.

Hay un presidente de la República que en un año ha mostrado que no sabe lo que quiere. Que toda su plataforma electoral ha quedado en ruinas. Que no cuenta con los funcionarios más adecuados para ayudarlo a manejar el país.

No se trata de exigirle ni demandarle que gobierne con un criterio de justicia social o de cerrar las brechas entre ricos y pobres. No. Eso ya lo sabíamos. Usted responde a los viejos conceptos de la derecha más recalcitrante y ciega ante la situación histórica de un país que gira sobre su propio eje y sus urgentes necesidades.

Pero, aún así, si tiene un proyecto neoliberal, aplíquelo.

Si cree firmemente en esta manera de conducir el Estado, hágalo.

Si quiere privatizarlo todo, inténtelo.

Si es partidario de aquel lugar común de que existe un “Estado obeso” al cual hay que enflaquecer y potenciar a la empresa privada, hágalo.

Si cree que el narcotráfico financia las movilizaciones indígenas, demuéstrelo.

Si resulta que sus colaboradores tienen conductas antiéticas e inmorales en el manejo de sus cargos, aplique su tan promocionado plan anticorrupción y corte de un tajo todo lo que perjudica a su imagen como mandatario.

Y, por favor, comunique lo que tenga que comunicar. Sin impostar nada. Sin mercadeo político ni propaganda ni pauta publicitaria en los medios. Sin fingir que hace lo que no está haciendo. Sin hipotecar el futuro del país sembrando en los ciudadanos nostalgia por los tiempos pasados.

Gobierne y comunique. Es decir, haga y cuente lo que hace.

Entiendo que la Secretaría General de Comunicación le agradecerá mucho que usted y sus ministros se basen en hechos reales y concretos, en cifras, en datos, en realizaciones, en proyectos.

No es posible comunicar lo que no se hace ni lo que no existe. Gobierne e interactúe con la población para convencerla de que la mayoría no cometió un grave error al elegirlo, para dejar claro que no todo es tan oscuro.

[PANAL DE IDEAS]

Andrés Quishpe
Alfredo Espinosa Rodríguez
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Giovanni Carrión Cevallos
Pablo Piedra Vivar
Carlos Arcos Cabrera
Fernando López Milán
Rubén Darío Buitrón
Patricio Moncayo
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