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26 de Noviembre del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
26 de Noviembre del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Presidente, ¿y las drogas?
Desde hace casi dos años, nadie habla de drogas en términos educativos y preventivos. Si los ministerios de Educación y de Salud cuentan con presupuestos que apenas si les permiten cumplir con sus propias obligaciones, mal se podría pensar que se dedicarían con ahínco y eficacia a las tareas de educación y prevención de los usos y al cuidado de los usadores conflictivos.

En este último tiempo, sobran quienes en el gobierno se felicitan efusivamente por las toneladas de drogas decomisadas. Otros se rasgan las vestiduras porque, finalmente, se ha descubierto que el país se ha convertido en uno de los eficaces puertos de América desde donde se exportan grandes cantidades de cocaína al mundo vía México y Estados Unidos. Mientras otros, finalmente, hacen fiesta porque ahora sí se ha roto una supuesta complicidad perversa entre el gobierno de Correa y los traficantes colombianos.

Sin embargo, ¿y la política destinada a la prevención de los usos en las nuevas generaciones? Nada, absolutamente nada. Una vez más hay que insistir en que la abolición de la Secretaría de drogas y la división de funciones entre dos ministerios constituyen uno de los actos más calamitosos. Felizmente, ya se fue el ministro de Educación que nada hizo al respecto. Y seguramente, no por falta de buena voluntad ni siquiera, a lo mejor, por un desconocimiento de la materia. Sino por la ausencia de una verdadera política nacional sobre el tema.

Cuando el ministro, teatralmente presenta su renuncia, no dice nada sobre el tema de las drogas. Únicamente se queja de la reducción del presupuesto, y punto. Y con eso creyó tener toda la justificación de mundo para su inoperancia. Pero su silencio sobre el tema puso en evidencia que el mismo no significaba nada en el conjunto de acciones de un ministerio cuyo objetivo constituye la educación académica formal y al cual no se ha integrado efectivamente la educación y prevención de drogas. La prueba es que no se conoce de la existencia de un plan educativo de drogas a ser aplicado en el sistema escolar. 

Desde hace casi dos años, nadie habla de drogas en términos educativos y preventivos. Si los ministerios de Educación y de Salud cuentan con presupuestos que apenas si les permiten cumplir con sus propias obligaciones, mal se podría pensar que se dedicarían con ahínco y eficacia a las tareas de educación y prevención de los usos y al cuidado de los usadores conflictivos. El presidente Moreno se lavó salomónicamente las manos. Por ende, si nada se ha dicho y hecho en estos casi dos años, no es culpa exclusiva de sus ministros.

En muchos aspectos, el presidente Moreno ha sido y sigue siendo mal asesorado. Pero nada peor como en este tema. Pensar que los decomisos dan cuenta de una buena política es reducir la complejidad del tema a uno de sus aspectos, ciertamente importante, pero no el más importante. El tema de las drogas posee su propia especificidad y exige que quienes se encargan del mismo sean profesionales con formación teórica y experiencia en su manejo. Moreno deshizo la Secretaría y, medio farisaicamente, se lavó las manos.

La prevención no se realiza con una esporádica charla o conferencia o seminario. El mismo hecho de que se haya incluido el tema en el proceso educativo, de suyo, habría debido significar el rescate educativo de la prevención. Es decir, que se la tome como una suerte de asignatura más a cargo de especialistas que aborden el tema de manera profesional y de forma regular. La idea básica y fundante habría sido entonces que la prevención se realiza mediante sostenidos procesos, exactamente igual a como se aprende matemáticas, historia o lenguas. 

Pero no. Se enviaron las drogas a educación como un mero acto administrativo -financiero. Nada más. Y si en este momento se pidiesen cuentas al respecto, por ahí saldría algún funcionario del Ministerio de Educación a contarnos de doscientas charlas que sobre drogas se han dado a lo largo y ancho del país. ¡Charlas, conferencias, seminarios, casas abiertas! Tiempo y dinero gastados impunemente. Como si se pudiese tapar el sol con un dedo. 

Pero que no se crea que el CONSEP y la Secretaría hicieron todo lo que pudieron y debieron respecto a la prevención, aun cuando sí trataron de construir caminos correctos. En el fondo, la imagen maligna y perversa de las sustancias ha dominado y sigue dominando el escenario político nacional e internacional. Nadie se ha atrevido a provocar al respecto tanto un giro lingüístico como pedagógico y ético. En efecto, los usos de drogas siguen habitando el territorio del mal social, político y ético. Ni siquiera se han permitido reconocer legalmente sus usos curativos y, menos aún, legitimar los usos recreativos de la mariguana.

Desde el poder, es mucho más fácil prohibir, perseguir y sancionar. Todavía se piensa que cuanto más se persigue y se castiga, mejor se educa. Pero nadie repara en que el deseo surge de la prohibición. De esta verdad no quieren saber nada los poderes políticos. 

Presidente, este sería el momento en el que usted convoque a quienes sí saben de drogas, de la prevención, de los usos, de la investigación. Llámelos a hablar, a discutir, a proponer estrategias sabias, honradas y eficaces de prevención. 

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