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3 de Septiembre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
3 de Septiembre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Presidente ¿y el sistema educativo?
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La reforma educativa que impuso el correato y que fuera profusamente predicado por sus profetas y evangelizadores estuvo fundamentalmente destinada a sembrar la ideología del correato. Esa ideología tan férreamente sostenida en los sagrados mandatos de la corrupción.

Nuevamente las aulas de la Sierra se han llenado con sus antiguos y nuevos estudiantes: miles de niños que por vez primera dejan la casa para entrar en el mundo del aprendizaje académico. Los otros con buena cara aceptanque se han acabado las vacaciones y que es preciso retornar a los libros y a las atarea. Probablemente, la inmensa mayoría lo hace con muchas ilusiones.  Porque, de una u otra manera, se sabe que tan solo desde la escuelaes posible hacer los caminos del saber, del esperar y del fantasear con un futuro en el que se realizarán aquellas fantasías que aparecen cuando se piensa en el porvenir: cuando sea grande, seré aviador, abogado, empresario, escritor.

Dos mundos que se juntan, que se hermanan, se distancian y hasta se contradicen de forma casi inapelable.  El de la realidad concreta de cada establecimiento y el de las expectativas personales, familiares y sociales. No es posible dejar de pensar en la pobreza física y hasta humana de muchos establecimientos frente a la buena calidad de otros: no solo desde lo económico sino también desde lo ideológico. Al respecto, cómo olvidar las famosas escuelas del milenio que bien sirvieron para que se explicite lo perverso de un sistema convertido en perfecto escenario para la corrupción. 

El estado de desarrollo de un país se expresa en múltiples espacios. De entre ellos, el educativo es el más importante. De hecho, el subdesarrollo es primero y ante todo subdesarrollo educativo. La reforma educativa que impuso el correato y que fuera profusamente predicado por sus profetas y evangelizadores estuvo fundamentalmente destinada a sembrar la ideología del correato. Esa ideología tan férreamente sostenida en los sagrados mandatos de la corrupción.  

¡Qué maravillas se hablaban desde Semplades! Allí habitaron los apóstoles del correato que se afanaron en transformar el sistema educativo en  el gran escenario para predicar el Buen Vivir e inscribirlo en la vida de las nuevas generaciones. Desde allí se instalaría en las conciencias de las nuevas generaciones la presencia de Correa como la del verdadero fundador de la nueva república. 

La reforma educativa que impuso el correato y que fuera profusamente predicado por sus profetas y evangelizadores estuvo fundamentalmente destinada a sembrar la ideología del correato. Esa ideología tan férreamente sostenida en los sagrados mandatos de la corrupción. 

¡De qué manera se manipuló la educación, incluida la superior! Los sabios del correato hicieron el milagro de destruir  todo el sistema educativo desde el momento en el que subrepticiamente introdujeron en su núcleo la idea de la revolución ciudadana orientada a asegurar el bien vivir de ese gran grupo de avivatos dirigido por Correa. Yachay  fue  la gran cúpula destinada, no a ocultar la parte perversa del sistema, sino a conducirla a los espacios de lo sagrado. 

El presidente Moreno no ha hecho nada serio e importante que salve al país de esos  grandes males. De hecho, el Ministerio de Educación ha sido el más vapuleado de todos, desde esos primeros funcionarios caracterizados  por su profundo y combativo correísmo. El sistema educativo correísta se mantiene incólume esperando, sin embargo, su redención. Pero nadie se redime a sí mismo. Al revés, toda redención proviene del otro. Y ese otro posee nombres propios: gobierno y Estado. Mientras al Estado lo hacemos todos, el gobierno está conformado por un grupo que posee el poder y que lo administra, en buena medida, a su antojo.

El sistema educativo anda a la deriva pues no ha sido redimido de aquellos males que produjo el correato algunos de los cuales se hallan de cuerpo entero en la Constitución. De hecho, si se leyese detenidamente lo que establece la Constitución de Montecristi no solo que no debería haber ni un solo analfabeto sino que todos deberían estar recibiendo una educación de alta calidadsegún los principios  del buen-vivir. 

El correato prometió redimir la educación. Para ello puso en marcha su perversa verborrea destinada a distraer la atención del país y a ocultar  no solo la verdadera realidad de la educación, sino los festines de los dineros dedicados a la educación, la edificación de escuelas rurales a kilómetros de distancia de las viviendas de los niñoscampesinos. Él se inventó Yachay para que la corrupción educativa se vistiese la túnica académica.

Ojalá el presidente Moreno dedicase un poco de su tiempo a pensar en la educación. Que deje a un lado  los fofos argumentos que sostienen el actual estado de la situación y dé un verdadero espaldarazo a la educación.  

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