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2 de Diciembre del 2019
Ideas
Lectura: 10 minutos
2 de Diciembre del 2019
Ana Minga

Periodista de Investigación, escritora de poesía y narrativa corta, especialista en perfilación criminal.

Primer paso: una lista de “amiguis”
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Tener una lista de amigos obviamente no está mal, pero sí es reprochable que los mismos de siempre mantengan el poder y con su posición se otorguen privilegios y al resto que no es parte de su círculo de regalías o seguidores que esperan alguna migaja, lancen arbitrariedades.

En los diez años del correísmo fue evidente el nepotismo, pero claro, antes de aquel régimen es indudable que también se practicaba el palanqueo y que actualmente continué su curso normal. ¿Normal? sí, porque se ha normalizado el hecho de que familiares y amigos ocupen lugares privilegiados solo por el hecho de tener algún tipo de nexo, sin tomar en cuenta sus méritos, hoja de vida, experiencia, en fin, un sin número de requisitos que solicitan a los mortales.

Tener una lista de amigos obviamente no está mal, pero sí es reprochable que los mismos de siempre mantengan el poder y con su posición se otorguen privilegios y al resto que no es parte de su círculo de regalías o seguidores que esperan alguna migaja, lancen arbitrariedades. Así empiezan a formarse las castas sociales de las que luego se queja la misma sociedad que en algún momento las consiente. 

En el Ecuador el palanqueo se ha vuelto evidente, tanto que pedir pruebas de aquello es absurdo. Y no hay área que se salve, lamentablemente la Cultura también tiene su club de amigos que entre ellos se lanzan flores. Este noviembre el país vivió la entrega de dos premios importantes dentro de la Literatura. El primero fue la Lira de Oro, un certamen hispanoamericano que se realiza en  Cuenca. Siempre que se dan este tipo de premiaciones hay observaciones que caen sobre los jurados y los ganadores. En esta ocasión se comentó en el círculo literario que el procedimiento que tiene este concurso no está del todo claro y no se dio información oportuna por los canales de comunicación del mismo certamen, como quiénes fueron los jurados que seleccionaron las obras y qué obras pasaron a la etapa final. 

Según lo expuesto solo por la prensa local, (en años anteriores hubo cobertura internacional), se afirmó que llegaron al certamen 115 obras y ante ellas hubo dos jurados, uno ecuatoriano y otro internacional. Las críticas llegaron porque el certamen, al ser de escala internacional, finalmente se basa en un jurado nacional pues es éste que finalmente escoge las obras. El jurado internacional solo revisa los libros que entrega el jurado nacional y en ese proceso puede dejar de lado obras reconocidas, pues no están claros los parámetros, estos siempre serán subjetivos, para unos puede ser interesante un libro desde una mirada crítica literaria y para otros no. La familia Eljuri es la que entrega este reconocimiento, por lo que el dinero donado a lo mejor de la Literatura Hispanoamericana es privado y en sus inicios contó con buenas críticas internacionales.

Pero, ¿por qué dudar de los jurados nacionales? ¿Es un irrespeto no confiar en su criterio y selección? La respuesta a la segunda pregunta, para mí, sería no, porque todos nos podemos equivocar en las apreciaciones. Nadie tiene la palabra final y no son voces cien por ciento autorizadas. Y con respecto a la primera pregunta: se duda de los jurados nacionales por las argollas que existen en el ámbito de la cultura, porque los nombres de los jurados se repiten, como si en el Ecuador no hubiese otras personas capaces de seleccionar trabajos concursables. Y estos mismos jurados que se repiten en los mismos certámenes y en otros concursos nacionales seleccionan como ganadores a los mismos, como si tampoco, ninguna obra fuera del círculo de “elegidos”, tendría méritos para un premio. 

Además de esto, quienes son parte de los jurados mantienen cargos de poder dentro de lo académico y de la Cultura. Esto no es reciente, es algo que se ha normalizado y que ahora es más evidente. Según lo que se puede observar en redes sociales, jurados y ganadores son amigos. Es un tanto gracioso mirar, cómo antes, durante y después de un certamen se celebra la amistad… 

La semana pasada se dieron a conocer los Premios Culturales, Artísticos, Científicos y Educativos que entrega cada año el Municipio de Quito. En redes se dieron críticas hasta groseras por la entrega de ciertos premios en las categorías literarias. En las categorías sociales las apreciaciones que se leen son respetuosas y van de la mano con actas de sus jurados que explican por qué se dieron los premios. Por ejemplo, en el veredicto del premio “Manuela Saenz”, categoría género, se lee una explicación detallada de las obras. Mientras que las actas de los jurados que emiten su veredicto en las categorías literarias son simples, se refieren solo al ganador y no ponen nada sobre el resto de las obras, más que un gracias a todos por concursar. 

Tal parece que lo que dicen los jurados está escrito sobre piedra, pues en el Concejo Metropolitano de quito se pidió una mención para el escritor leonardo Valencia, pero fue negada.

El acta del veredicto del premio “Joaquín Gallegos Lara”, categoría novela, deja sentado que uno de los votos del jurado no es acorde con la novela ganadora, sino que Francisco Proaño Arandi da su voto a la novela La escalera de Bramante, de Leonardo Valencia. A pesar de esta aclaración, no se entregó a Valencia una mención de honor. Mientras que el veredicto del premio “Jorge Carrera Andrade”, entrega dos menciones, sin explicación en el acta. Tal parece que lo que dicen los jurados está escrito sobre piedra, pues en el Concejo Metropolitano se pidió una mención para el escritor Valencia, pero fue negada. Y particularmente yo realicé una observación sobre algunos jurados y me llovió el odio, el mismo que jamás aceptarán que tienen, pues el odio solo puede habitar en quien señala las argollas… 

Estimado lector, si usted quiere morir en paz, arme peleas con políticos, que ellos terminan olvidando “la ofensa” aunque sea por un voto; pero jamás con escritores, pues lo odiarán hasta el infinito y más allá. Claro, sólo ciertos escritores, no voy a generalizar, pues hay gente maravillosa que no se sube a pedestal alguno y sabe de la condición de mortales que llevamos siempre a cuestas. 

Me llovieron las llamadas y los mensajes por interno para contarme sobre las argollas que rondaron algunos premios. Lamentablemente estas personas no quieren exponerse porque saben que se ganarán enemigos de por vida y pueden afectar a sus carreras. Es increíble que de un tema tan lindo como es la cultura, nazcan tantos miedos… ¿Y dónde están los periodistas de cultura, —si aún quedan— para que hagan un organigrama o un mapa mental de las amistades que terminan influyendo en la Cultura del país? Quizá en un almuerzo con las mismas argollas…

Pero no solo algunos escritores teníamos nuestros reparos sobre estos premios, también dos concejales de Quito: Santiago Guarderas y Mónica Sandoval. Ellos en la sesión ordinaria del Consejo Metropolitano, número 036, expusieron algunos puntos como que algunas actas son escuetas y los parámetros del concurso no son claros. Ante estas inquietudes, el alcalde de la ciudad, Jorge Yunda, enfatizó que debe existir más seriedad en estos premios.

Me entrevisté con el concejal Guarderas para consultarle qué le habían parecido estos premios y él sugirió que para próximas entregas se debe contar con jurados reconocidamente imparciales, que los parámetros deben ser objetivos para calificar las obras, que se especifique en qué categorías hay menciones y cuáles no. Es decir, las reglas claras y que los jurados se den el tiempo de calificar  sobre todas las obras enviadas y en las actas se detalle por qué una obra gana y otras quedan fuera. 

Ante la observación de Guarderas, el concejal Juan Carlos Fiallo, dijo en la sesión que se debe confiar en los jurados y “no meterse en una discusión que no compete”, a lo cual se debe responder que como ciudadanos estamos en nuestro derecho y deber de conocer las causas que motivan los veredictos. Al final del día, es dinero público el que se entrega en estos premios. 

Después de haberme entrevistado con otros escritores, solo el guayaquileño, Ernesto Carrión, tuvo una opinión pública sobre estos premios. Para él, es muy saludable que el escritor y jurado Proaño Arandi haya dejado sentado su voto en este certamen, ya que esto demuestra estar contra los amiguismos que empobrecen nuestra literatura. Y agregó “por suerte, la literatura no se puede desmediocrizar a punta de regalar premios”.

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Primer paso: una lista de “amiguis”
 
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