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4 de Mayo del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
4 de Mayo del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

A propósito del libro de Luis Verdesoto
En un trabajo de más de 600 páginas, Verdesoto explica cómo el colapso del régimen de partidos, que rigió entre 1979 y 1995, dio origen al populismo a lo Bucaram y al neopopulismo a lo Correa que maneja una modernización autoritaria, sin fiscalización ni participación.

Ojalá la vida fuera tan fácil como consultar la cuenta del teléfono al número 100 aplastando botones con las opciones del caso. La digitalización permite ahora avances espectaculares en reconocimiento de voz, de rostros, de iris ocular. Y ahí están las ahora omnipresentes maquinitas de reconocimiento de las huella digitales para abrir puertas o marcar la asistencia en nuestras oficinas, fábricas, hospitales y universidades.

Pero la vida es más complicada que eso: el avance espectacular de la informática no permite que solucionemos las diferencias sociales aplastando unas teclas ni es tan fácil conocer los estamentos de una sociedad con softwares de reconocimiento electrónico. Se puede conseguir un taxi con una app en el teléfono inteligente, pero no se puede llamar así a la democracia.

Lo que quiero decir es que hay una distancia muy grande entre tecnología y ser humano, entre electrónica y sicología. Y aunque están desarrollándose miles de aplicaciones para facilitarnos la vida, y muchos miles más para facilitar la muerte (con inversiones multimillonarias para desarrollar la tecnología de la guerra: drones y robots, aviones y satélites espías, agentes cibernéticos y químicos), no hay todavía un software para dominar un pueblo o una medicina para curar el populismo.

Los avances de la economía, la sicología, la antropología y la sociología, permiten comprender mejor que hace dos siglos a cada sociedad, pero la tarea sigue siendo difícil. Las ciencias sociales intentan penetrar en la organización social, en la cultura individual, en la dinámica política y deducir ciertas constantes e incluso, trazar ciertas leyes, pero una y otra vez, se encuentran con novedades, tanto en el ser humano individual como en la sociedad, que reaccionan de maneras impensadas, inéditas.

La pretensión del marxismo de utilizar el ”socialismo científico” para analizar la sociedad a través de la concepción materialista de la historia y llevarla a la revolución por la lucha de clases, resultó en los hechos bastante menos acertada y aunque se haya vuelto dogma de muchos, la realidad no parece funcionar tan mecánicamente como quieren sus seguidores. Sin desechar los aportes del materialismo dialéctico como método de entender la sociedad, hay también que permanecer alertas ante la distorsión epistemológica que genera y los totalitarismos burocráticos que engendra.

Esta reflexión viene a propósito de la necesidad de explicar la realidad latinoamericana de hoy y la ecuatoriana en particular, realidades que no pueden reducirse a esquemas simples, ni del lado marxista ni del lado liberal, lado este que tiene cierto auge en algunos pensadores y periodistas ecuatorianos hoy.

Si queremos entender la dinámica social del país y sus expresiones políticas actuales deberemos estudiar mucho más a fondo lo acontecido en los últimos años. Y esa explicación deberá tener en cuenta no solo el tipo de regímenes políticos que hemos tenido sino también lo acontecido con la sociedad misma, en especial respecto a sus componentes.

Por eso es tan bienvenido un libro como el que acaba de sacar Luis Verdesoto, Los actores y la producción de la democracia y la política en el Ecuador, 1979-2011, el cual no teme alargar su análisis con hilos históricos, políticos y conceptuales para tratar de entender el Ecuador contemporáneo.

No es fácil leerlo. No solo por su extensión, de 640 páginas, sino por la densidad con que su autor suele redactar, obligando al lector a detenerse a desentrañar frases y párrafos. Pero aunque eso le quita llegada a públicos más amplios, no debe ser obstáculo para quienes realmente quieren entender fenómenos como el populismo autoritario de Correa.

Aunque el libro solo llega hasta el 2011, vemos conclaridad cómo surge una política social clientelista y, a la vez, la desestructuración del movimiento popular y la constante transgresión normativa (de la misma Constitución de 2008 en que se basó su prédica) y de los derechos humanos en general.

La dilución de la presencia social organizada, objetivo central de ese tipo de políticas, acompañada de la falta absoluta de control de responsabilidades y de verdadera rendición de cuentas (cooptando a los sistemas de fiscalización y persiguiendo y amedrentando a los medios de comunicación social), están reseñadas y explicadas en un novedoso orden de presentación. En vez de seguir los acontecimientos en un orden cronológico, Verdesoto vuelve a ellos al menos desde tres entradas distintas.

Primero dedica 180 páginas del libro a describir los actores. Inicia interpretando lo que llama la “personalidad social” del país, su democratización y su modernización, donde  encuentra tres sub períodos desde la vuelta a la democracia: una modernización conservadora, una modernización informal y una modernización autoritaria. Luego se adentra en los protagonistas y las bases sociales de la democratización: las regiones, los niveles de gobierno, el pacto territorial, los partidos, el sistema electoral, las fuerzas armadas.

Solo entonces hace la andadura de los regímenes políticos a lo largo de estos años, poniendo los antecedentes de lo acontecido en los sesenta y setenta del siglo pasado para relatar luego, allí sí de manera cronológica, el régimen de partidos entre su surgimiento en 1979 y su colapso en 1995.

La crisis general y la inestabilidad política subsiguiente, es decir la década 1996-2006, son analizados con la ventaja de saber lo que pasó después: esa crisis general fue partera del populismo a lo Bucaram y del neopopulismo a lo Correa, que no es más que una reintroducción del populismo con diferente ropaje.

Justamente ese neopopulismo, con su modernización autoritaria ocupa las 150 páginas últimas del volumen, analizando sin piedad lo que hoy tenemos: una democracia sin ciudadanos, una revolución sin revolucionarios, un socialismo sin sociedad, como con perspicacia lo demuestra en sendos capítulos. Al final, casi cien páginas de anexos ayudan a entender con tablas y gráficos esta historia reciente del país.

No son teclas que se aplastan ni softwares milagrosos los que permiten entender una sociedad o un ser humano. Pero análisis consistentes, sistemáticos como los de Luis Verdesoto, que necesariamente han de ser densos y han de estar nutridos de conceptos, nos acercan a la complejidad de los fenómenos sociales y políticos que hemos vivido en el Ecuador.

[PANAL DE IDEAS]

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