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30 de Julio del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
30 de Julio del 2019
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Puerto Rico: la tarde en que Ricky Martin se transformó en el Che
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En la rebelión de San Juan hay mucha espontaneidad y frescura; está claro que los partidos de izquierda, quienes asumieron la causa independentista y anticolonial, no tuvieron el poder de convocatoria que sí tuvo el movimiento ciudadano.

Puerto Rico: lo logramos, y lo logramos en paz, sin armas, como Gandhi. Exigimos respeto y nos escucharon.

Ricky Martin

San Juan, Puerto Rico, 18 de julio de julio de 2019.  Bajo un sol radiante, en medio de una multitud, aparece un camión blanco desde el que varias personas agitan banderas de la “Isla del Encanto”. Encaramado en el techo del camión está un hombre barbado, fornido, utiliza visera y hace flamear una bandera con los colores del arco iris mientras la multitud estalla eufórica en vitores y aplausos. El audaz tripulante del camión  es uno de los cantantes de pop más famosos del mundo: Ricky Martin. La escena es surreal, una versión gay de la llegada a La Habana de los guerrilleros comandados por el Che y Fidel en 1959. El detalle es que no es Cuba, es Puerto Rico y estos revolucionarios no están armados, son músicos y encontraron las partituras para arengar a una gigantesca población de gente indignada ante el despotismo y la corrupción de la máxima autoridad boricua, Ricardo Roselló.

La filtración de un chat con las opiniones del gobernador Roselló y sus más cercanos colaboradores fue la gota que derramó el vaso para el pueblo portorriqueño. La publicación de los Rickyleaks desataron una ola de ira y rebeldía en contra de éste gobernante y su equipo que realizaban chistes homofóbicos y racistas, además se burlaban de los muertos y damnificados del huracán María. Roselló ya había sido cuestionado por varios escándalos de corrupción que obligaron al mismo gobierno de EE.UU a investigarlo.

Uno de los primeros en pedir la salida de Roselló fue René Pérez, más conocido como Residente, quien desde su trinchera de lírica e iconoclastia musical, logró muchos adeptos pero no los suficientes hasta que involucra en este movimiento ciudadano el carismático Ricky Martin. El adonis boricua decide unirse a las marchas ciudadanas junto a Residente, el reguetonero Bud Bunny y el actor Benicio del Toro. La partitura es compleja pero funciona a la perfección porque los insurrectos aumentaron en número hasta llegar al medio millón dejando a Roselló totalmente aislado, apenas apoyado por grupos evangélicos.

Lo sucedido en San Juan, demuestra que el movimiento GLBT es un movimiento cuya dinámica organizativa trasciende lo político, actúa desde lo cultural enfrentando heteronormatividad y patriarcalismo para luego atacar a los poderes decimonónicos de la iglesia que siempre han estado en su contra.

Lo sucedido en San Juan, demuestra que el movimiento GLBT es un movimiento cuya dinámica organizativa trasciende lo político, actúa desde lo cultural enfrentando heteronormatividad y patriarcalismo para luego atacar a los poderes decimonónicos de la iglesia que siempre han estado en su contra. Es un movimiento con un discurso bien articulado y con objetivos definidos pero que puede, como en el caso de Puerto Rico, terminar siendo el factor desencadenante para la caída de un gobierno. 

En la rebelión de San Juan hay mucha espontaneidad y frescura; está claro que los partidos de izquierda, quienes asumieron la causa independentista y anticolonial, no tuvieron el poder de convocatoria que sí tuvo el movimiento ciudadano. Este es un movimiento transversal, no tan clasista, funciona sobre la base de la indignación y la identidad boricua que ha renacido. ¿Quiénes catalizan mejor esta indignación y este sentido de pertenencia?  Los artistas, ellos se convierten en verdaderos actores políticos que con discursos flamígeros y letras lúdicas se enfrentan al poder, lo ridiculizan y terminan ilusionando al pueblo que se siente capaz de tumbar a un gobernador, el equivalente a presidente de la República en Puerto Rico.

Definitivamente el pueblo boricua ha demostrado que es una nación sin Estado y que pese a ser parte de los Estados Unidos, tiene claro que es un Estado de segunda clase para norteamérica. Cuando el gobierno de Trump necesita carne de cañón a los primeros en llevar a sus aventuras bélicas es a los boricuas. Existe una fuerte contradicción entre la necesidad de ser un país libre, con su propia cultura y la de sentirse algo protegidos por la gran nación del norte. En las próximas semanas veremos hasta dónde llega la euforia y la conciencia política de este pueblo, que de una u otra forma ha despertado.

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