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30 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 6 minutos
30 de Junio del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

¿Qué defienden los correístas?
Alguien que se llame a si mismo un defensor de la democracia hubiera sido crítico al control de los medios de comunicación a través de normativas e instituciones disciplinarias; la erosión de la autonomía universitaria; la persecución de periodistas; el enjuiciamiento de veedores ciudadanos; y los actos poco disimulados de despotismo como el vergonzoso trato que recibió el asambleísta Cléver Jiménez. Entonces No. Queda totalmente claro que los efusivos defensores del régimen no defienden la institucionalidad democrática.

Prácticamente todos los conocidos correístas que me quedaban en el Facebook me han eliminado, paulatinamente, de sus contactos.

Incluso una de mis mejores amigas se despidió agitando su pañoleta, bajo la llovizna virtual, no sin antes recordarme, con conmovedora efusión, que la verdadera razón por la que yo criticaba a los funcionarios dorados del régimen se debía a mi inconsolable resentimiento social.

Le doy la razón. La élite gubernamental en su mayoría blanco mestiza, pertenece al quintil más acomodado de la población y goza de indiscutibles privilegios (me imagino que aquellos indispensables para el óptimo ejercicio del buen vivir); mientras que una buena parte de la nueva ¨élite intelectual¨ (así entre comillas) de la que se ha provisto la revolución ciudadana, está constituida por alegres viajeros blanco europeos que pueden llegar a ganar seis veces más que un académico local con la misma (o mayor) formación.

Debo ser honesto. Si algún día conociera un directivo de izquierda, especialmente alguno congregado bajo la bandera verde, que viviera en Solanda, o la Ferroviaria, que trabajara como obrero dependiente, o campesino en situación de subalternidad, y que tuviera a sus hijos en el Mejía, o las escuelas del milenio, pensaría seriamente en escuchar sus sabias reprimendas. Me interesaría acerca del beatífico paraíso que les espera a los seguidores del socialismo del siglo XXI. Sin embargo, como los grandes emisores del discurso correísta son actores bastante mejor acomodados, yo pensaría (mire usted, tengo un oscuro y desconfiado corazón) que las verdaderas razones para insistir en ese relato social agridulce están encaminadas a fortalecer y conservar sus propios privilegios. Desde luego puedo estar equivocado (aunque lo dudo).

¿Pero qué defienden, en general, los amigos correístas de a pie? Es decir, las personas que no son directivos, funcionarios privilegiados, ni miembros de la élite del partido. Los sujetos comunes como usted y como yo, que aún tienen el ánimo de justificar un líder autoritario en manifestaciones públicas. Antes de tratar de responder esta pregunta, cuya respuesta desconozco, me gustaría empezar por algo de lo que si estoy seguro, es decir, aquello que ellos no defienden: respaldar al correísmo no significa defender la democracia.

Un verdadero demócrata hubiera puesto el grito en el cielo por la demolición de la Función Legislativa en el 2007, cuando en un acto de circense autoritarismo los diputados electos fueron cesados de sus funciones. Cualquiera que realmente sintiera interés por la democracia hubiera denunciado la distorsión de los poderes del Estado, en el 2008, al crear dos funciones nuevas, y al ponerlas bajo la potestad del Ejecutivo a partir del régimen de transición del 2009. No necesito redundar sobre las pintorescas particularidades del Consejo de Participación y Control Social y del Consejo Nacional Electoral y su poco disimulada sujeción al Gobierno.

Alguien que se llame a si mismo un defensor de la democracia hubiera sido crítico al control de los medios de comunicación a través de normativas e instituciones disciplinarias; la erosión de la autonomía universitaria; la persecución de periodistas; el enjuiciamiento de veedores ciudadanos; y los actos poco disimulados de despotismo como el vergonzoso trato que recibió el asambleísta Cléver Jiménez. Entonces No. Queda totalmente claro que los efusivos defensores del régimen no defienden la institucionalidad democrática.

¿Pero entonces que defienden? Pues bien, cómo no tengo respuestas concretas para esta pregunta, voy a recurrir a la desafortunada estrategia literaria que utilizo, regularmente, cuando mis estudiantes me preguntan algo que no se. Es decir, responder usando más preguntas. Así pues voy a formular una serie de cuestionamientos para ver si al tratar de responderlas podemos generar alguna conclusión.

¿Festejan, los correístas, la persecución de asambleístas de oposición? ¿Cantan consignas como ¨el que no salta es un asambleísta que trata de legislar¨ o estribillos de ese tipo? Qué sé yo, trato de adivinar.

¿Los simpatizantes al régimen se reúnen llenos de algarabía y celebran con entusiasmo paroxista la criminalización de aquellas mujeres, que tras haber sido violadas, tratan desesperadamente de interrumpir un embarazo? ¿Es eso?

¿Celebran la contrarrestación paulatina de medios de comunicación? ¿Pitan sus autos como señal de júbilo por el cierre de diario Hoy, la toma de TC, Gama Tv, y El Telégrafo por parte de el aparato gubernamental? ¿Cantan llenos de gozo los líricos versos escritos en diarios del calibre de El Ciudadano? ¿Festejan como un gol cada multa que la Supercom le planta a los medios independientes? ¿Es algo así?

¿Se toman de la mano y en un acto de sublime compenetración ciudadana generan bailes colectivos para festejar la entrega de vastas áreas naturales a las corporaciones mineras chinas? ¿Se abrazan el uno al otro, en un ejercicio de amor filial, para alegrarse por los astronómicos sueldos de los rectores de las universidades emblemáticas y sus impalpables comités gestores?

¿Ríen llenos de alegría cuando leen los reportes de la Cruz Roja sobre el brutal trato que recibieron los chicos del Mejía apresados por manifestarse? Qué sé yo.

La verdad ignoro que defiendan los amigos correístas, simplemente he planteado algunas preguntas para saber si alguien, en algún lugar podría darles respuesta. Yo no tengo ni idea.

[PANAL DE IDEAS]

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