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21 de Enero del 2022
Ideas
Lectura: 11 minutos
21 de Enero del 2022
Andrés Quishpe

Coordinador Nacional de la Unión Nacional de Educadores.

¿Por qué están cerradas las escuelas?
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Dieciocho meses estuvieron las escuelas cerradas, y para lo único que sirvió es para justificar recortes en el presupuesto de Educación con este y el anterior gobierno. Es fácil colegir que las escuelas se abren con recursos y no con discursos.

En julio del 2020, UNICEF y el Ministerio de Educación presentaron datos importantes sobre Diagnóstico de servicios de agua, saneamiento e higiene en las instituciones educativas, en el cual se señala que: el 50% de las instituciones rurales y el 38% de las urbanas no realizan un tratamiento para el agua de beber; el 9% en área rural y el 7% en la urbana tiene una escasa disponibilidad de agua, incluyendo los casos de falta de líquido por semanas o meses; el 47% de instituciones educativas fiscales tiene un servicio apto de higiene; el 7% no alcanza el estándar de lavamanos por estudiantes y el 19% no tiene un servicio aceptable. Más del 50% de las instituciones educativas no cuenta con jabón y otros insumos de limpieza; el 69% de instituciones educativas fiscales tiene un servicio apto de saneamiento y el 17% no tiene un servicio aceptable.

Superar esta realidad de la noche a la mañana es complejo. Sin embargo, sí es necesario dotar de la suficiente agua potable, jabón de manos e insumos de limpieza en perspectivas de poder hablar de programas de educación y salud integrales en el retorno a clases presenciales.

Algunos dirán que con la vacuna basta. Datos oficiales del Ministerio de Educación, sobre la cobertura de vacunación, según grupos de edad, señalan que: los niños y niñas de 5 a ll años, han recibido la primera dosis el 75.48% y la segunda dosis el 57, 38%; en la población de 12 a 17 años, la primera dosis el 87,09% y segunda dosis el 73,9%. Es fácil colegir, lo cual no es muy objetivo, que los padres y madres familia no están llevando a sus hijos a vacunarse, pues de estos porcentajes un buen número corresponde a la población estudiantil que se encuentra vacunada, al igual que los docentes. Sin embargo, hay que tener presente que varios organismos de salud han señalado que, incluso habiendo recibido las dos dosis de la vacuna contra la covid19, se pueden presentar contagios. A esto se suma que la Organización Mundial de la Salud ha declarado a la variante denominada Ómicron como “variante de preocupación”, puesto que “se transmite con más facilidad, que son más virulentas”.

Aquí, una vez más surge la necesidad de una escuela dotada con insumos de bioseguridad básicos e infraestructura adecuada, entre otras medidas que de manera muy clara han señalado representantes de la salud. Si el propósito es reabrir las escuelas lo más pronto, ¿acaso no será necesario de manera urgente que las escuelas y colegios se conviertan en centros de vacunación para completar el proceso en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que aún no se han inmunizado?    

Si el propósito es reabrir las escuelas lo más pronto, ¿acaso no será necesario de manera urgente que las escuelas y colegios se conviertan en centros de vacunación para completar el proceso en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que aún no se han inmunizado?

Que los niños y niñas están afectados psicológicamente por el encierro sí, y como docentes invitamos a entender que la educación potencia la salud y, a su vez, la salud potencia la educación. Relación que lleva a posicionar estos dos derechos humanos como inseparables y prioritarios, mucho más ahora, en el contexto que vivimos. Según varios expertos, así como el estrés se desarrolla por estar encerrado, también se puede desarrollar al no contar con espacios educativos seguros a través de diferentes manifestaciones: angustia emocional o preocupaciones que distraerán de su trabajo académico tanto a estudiantes como docentes, viéndose afectada la salud mental, la cual es una condición necesaria para lograr un buen clima escolar, más aún en época de pandemia.

Que los padres y madres salen a bailes, centros comerciales… Sí, es real. Pero, cuidado nos hacemos eco de argumentos simplistas que pueden llevarnos a satanizar la pobreza. En el Ecuador, según datos del INEC, cuatro millones seiscientos mil ecuatorianos se encuentran en el trabajo informal, trabajo autónomo o por cuenta propia. Es decir día a día salen a las calles a buscar el pan para sus familias y, lógicamente, corren el riesgo de contagiarse. Ellos no pueden aplicar el teletrabajo, y tampoco existen alternativas para asegurar a este sector de la población acceso a comida, medicinas, pruebas rápidas, fuentes de trabajo biosegura… No todo contagio es por  “parranda” o por salir a tomar un helado, en un país donde miles de ecuatorianos han perdido sus puestos de trabajo ese tipo de “argumentos” termina siendo en el fondo un insulto a los más pobres. 

La Ministra de Educación en varias entrevistas señala que: “los establecimientos educativos no son focos de contagio”. Pero eso era antes, porque ahora ocurre que ha crecido el número de niños, niñas contagiadas. Mediante información del Ministerio de Salud se ha identificado más de mil casos de menores contagiados con la variante Ómicron, lo que significa que las aulas se pueden convertir en foco de contagio. A esto sumado que, si escuelas y colegios no cuentan con servicios básicos, una infraestructura adecuada, insumos de bioseguridad y el Ministerio de Educación le apostado al hacinamiento mediante el memorando MinEduc–GCP-2020-00756-M, que dispone la unificación de paralelos o niveles hasta completar el aforo máximo 30 a 45 estudiantes. El hacinamiento frena todo proceso de retorno.

Es menester recordar que sin mayor conocimiento y obviando las condiciones de la infraestructura escolar se aprobó el aforo completo que fue planteado por el Ministerio de Educación y autorizado por el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) nacional; el regreso al aforo completo impide aplicar recomendaciones básicas y echa abajo el famoso Plan Institucional de Continuidad educativa (PICE) del Ministerio de Educación, que establece como norma respetar el distanciamiento físico de 1,5 a 2 metros entre cada persona. Para que esto se cumpla cada aula debería tener 78 metros m² y esa no es la realidad de nuestras escuelas y colegios. ¿Será que el Gobierno se ha preguntado cuántos litros de alcohol semanales se necesita para desinfectar las aulas?, insumo que tampoco se está dotando a los establecimientos educativos. Recordemos que los primeros materiales de bioseguridad fueron proporcionados por madres, padres de familia y docentes en las respectivas mingas. Dieciocho meses estuvieron las escuelas cerradas, y para lo único que sirvió es para justificar recortes en el presupuesto de educación con este y el anterior gobierno. Es fácil colegir que las escuelas se abren con recursos y no con discursos.

Por reiteradas ocasiones la Unión Nacional de Educadores (UNE) ha presentado al Ministerio de Salud y Educación, así como al COE Nacional, su disposición a laborar presencialmente y la mantenemos.

El retorno presencial es urgente ya que como profesores somos conscientes de que, en las aulas, laboratorios, bibliotecas, centros de prácticas, patio, y comunidad, el docente conoce a sus estudiantes y su evolución académica de manera objetiva y el niño, niña, joven, puede socializar bajo el espacio educativo y mediante el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Reabrir las escuelas demanda dejar de lado la improvisación y dejar de pensar que se trata de ubicar solo fechas o llenar papeles con acciones definidas desde el escritorio ministerial. El Gobierno debe trabajar en los hechos para que esto suceda. Es urgente replantear las políticas públicas en educación y la organización institucional para garantizar atención a la salud física y psicológica en las instituciones educativas, así como condiciones laborales que reflejen el interés por el bienestar y la seguridad de los actores educativos. Un modelo educativo que privilegie las necesidades humanas antes que los objetivos instruccionales, que permita mejorar la relación entre docentes y padres/madres de familia; formación docente en temas relacionados a la pandemia, salud mental y tratamiento de las diferencias humanas en los centros educativos y sobre todo presupuesto económico e infraestructura necesaria para enfrentar todas las demandas y problemáticas que tiene actualmente el Sistema Nacional de Educación.

Si las escuelas están cerradas es porque no se ha trabajado en garantías mínimas para que estén abiertas, es porque el Estado tampoco ha brindado seguridad y salud necesaria a su población, pues las escuelas no se cierran por sí solas incluso en estos tiempos de pandemia y, frente a esas amenazas, varios sectores de médicos, el gremio de docentes, organizaciones estudiantiles como la FEUE, FESE, sectores importantes de madres y padres de familia, han pedido continuar con la educación virtual y retornar cuando la curva de contagio baje. Sin duda alguna la mayoría de ecuatorianos le apostamos a una educación presencial para lo cual necesitamos una mayor dosis de voluntad política para trabajar en los hechos por reabrir las escuelas y no solo en el discurso o descargando toda la responsabilidad a las familias. 

Referencias:

El Comercio. Planteles masivos no logran cumplir el distanciamiento, 29 de noviembre de 2021.

El Universo. El retorno obligatorio con aforo completo a las aulas genera inquietud y preocupación en entidades educativas rurales de Quito, 20 de Noviembre de 2021.

Isch Edgar, Zambrano Angela. «Educación y salud, derechos indisolubles.» En Experiencias educativas innovadoras y pandemia , 87- 106. Quito: Ediciones Opcion , 2021.

Quishpe, Andres. ¿Volver a las aulas?, 27 de noviembre de 2020.

[PANAL DE IDEAS]

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