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21 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 14 minutos
21 de Junio del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Hasta que por fin confesó su sueño modernizador
El proyecto correísta no está en contra del capital, lo que quiere es su modernización en el formato de la globalización estadounidense, que tanto parece admirar pese que en el discurso manipulado de izquierda dice ser anti imperialista. Bien diría Zizek que la ideología capitalista no se encuentra en el plano de las puras ideas, sino en su objetivación como política económica.

Después de retirar “temporalmente” los dos proyectos de ley de Herencias y Plusvalía, lo que más allá del motivo argumentado -la visita del Papa al país el próximo julio- responde a la convulsión social que rechazó la política gubernamental, el gobierno llama al “diálogo por la equidad y la justicia”.

Sin lugar a dudas, lo único que frena el autoritarismo de cualquier poder de dominación es la sociedad movilizada objetando el sometimiento al cual quiere ser condenada. 

El gobierno de la Revolución Ciudadana, poco tiempo después de asumir el poder del Estado, se ha caracterizado por un abismo, que se ha vuelto insalvable, entre el discurso demagógico con el cual interpela a los sectores populares a nombre de la revolución social para conquistar justicia y equidad y las políticas económicas nítidamente funcionales a la acumulación de capital.

Usando como siempre la manipulación ideológica del discurso de la izquierda, en estas últimas semanas han querido justificar la ley de herencias y plusvalía -igual como lo han hecho con la reprimarización  extractivista de la economía, el incremento de la deuda externa e interna, el TLC con Europa, etc. etc.- argumentando que son políticas redistributivas, por no decir “socialistas” y “revolucionarias”.

En el caso de estas dos últimas leyes, la manipulación del discurso de la izquierda podía ser más eficaz, en la medida en que han hablado de “quitar a los más ricos para dar a los más pobres, acabar con la herencia familiar como mecanismo de acumulación de capital, democratizar el capital... Sin embargo, curiosamente no les resultó. No solo porque el pueblo ya está cansado de tanta falsedad de su discurso y tanta política antipopular, sino porque hay una intuición en la sociedad, difícil de explicar y no por ello absolutamente cierta.

A pesar de lo anotado, hay aún voces que plantean que estas últimas leyes “redistributivas” son contradictorias a la política económica de modernización del capital que impulsa el gobierno de Alianza PAIS. Al contrario de este planteamiento, considero que estas dos últimas leyes y sobre todo la intención, detrás de ellas, de acabar con la estructura familiar de la empresa nacional -que ciertamente es mediana y pequeña porque las grandes ya han devenido en corporaciones-, son absolutamente coherentes a la modernización violenta del capital en su fase globalizada y en su época tardía.  

En la última sabatina realizada el 20 de junio del año en curso, el Presidente Correa, en medio de su eufórica manipulación del discurso de la izquierda, en el minuto 59, dijo más o menos lo siguiente: “estamos contra la estructura familiar de las grandes empresas, un capitalismo patrimonial anacrónico, ojalá tuviéramos una sociedad repleta de empresa familiares micro medianas, pequeñas, pero la gran empresa, la sociedad anónima, es absurdo que esté concentrada en una sola familia, por eso hay sociedad anónima para que esté en manos de muchos accionistas. Y la propiedad, yo puedo ser propietario de IBM y ni conocer a IBM, ni conocer al gerente de IBM, la propiedad está separada de la administración, ese es el capitalismo moderno, aquí no existe. Y cuales son las consecuencias de eso, además de extrema concentración de la riqueza, injusticia.  Menos del 2% de la familia poseen 90% de las grandes empresas riqueza, además es ineficiente. En Estados Unidos por ejemplo, ya se los dije la semana pasada, 55% de los adultos tienen acciones en las empresas, antes era 65% pero en Estados Unidos se eliminaron algunos impuestos, se redujeron impuestos, como el impuesto a la herencia y aumentó la desigualdad, se pueden dar ese lujo porque es un país rico y pese a ser rico tiene menor desigualdad que nosotros, nosotros países pobres y con mucha más desigualdad esa es la ecuación que deriva en miseria absoluta. Allá el 55% de los adultos mayores tiene acciones en las empresas, quién tiene acciones en alguna  empresas, nadie porque todo está concentrado en pocas familias. Entonces qué pasa cuando le va mal a las empresas le va mal a la familia y todo mundo están preocupados que le vayan bien a las empresas y todo el mundo está preocupado del índice de Wall Street, etc. Aquí, ni nos va ni nos viene si está mal una empresa porque beneficia a menos del 2% de las familias. No es solo  concentración de la riqueza es también ineficiencia, porque no hay coincidencia en los objetivos sociales. Un capitalismo moderno nos beneficia a todos, eso es lo que buscamos. Estamos contra las grandes empresas capitalistas, sociedades anónimas, que debería estar cotizadas en bolsa, que podría comprar una acción, 10 acciones cualquier persona, pero todo está concentrado en menos del 2% de las familias…”

Es claro, el proyecto correísta no está en contra del capital, lo que quiere es su modernización en el formato de la globalización estadounidense, que tanto parece admirar pese que en el discurso manipulado de izquierda dice ser anti imperialista. Bien diría Zizek que la ideología capitalista no se encuentra en el plano de las puras ideas, sino en su objetivación como política económica.

¿De qué capitalismo moderno está hablando Correa? No de otro que el de la Corporación transnacional. Por las dudas, si alguien está por  creer que la corporación capitalista, sociedad anónima, es el mecanismo de la democratización de la riqueza, pasemos brevemente a revisar las características de esta empresa del capitalismo moderno y no anacrónico, como dice el “revolucionario” que quiere modernizar el capitalismo ecuatoriano, aunque esa no fue su oferta de campaña.

La corporación es una asociación de personas, accionistas, jurídicamente constituidas que se convierten en una persona jurídica con derechos legales de una persona natural. Derechos al capital y a la propiedad, a comprar y a vender, a pedir créditos, a demandar a  personas, pueblos o naciones (ejemplo la Chevron, demandando al Estado ecuatoriano y a los pueblos afectados por los derrames petroleros que esa corporación causó). Los intereses de los propietarios o accionistas están sobre cualquier otro interés e incluso sobre el bien común, por eso son tan eficientes como dice Correa.

Esta persona jurídica, a diferencia de la persona natural, no tiene conciencia ética ni moral, todo es legítimo siempre y cuando haya ganancia, solo se preocupa de sus accionistas y sus beneficios, no le interesa los trabajadores ni la sociedad. Ejemplo de esto es la sobre explotación de la mano de obra de los trabajadores de los países empobrecidos donde operan, cuyo salario está alrededor del 0.6% del precio de venta del producto. Además está la destrucción cultural y social que sus operaciones comerciales ocasionan y sobre las cuales no admite ninguna responsabilidad. Incluso cuando asumen el costo de lo que llaman externalidades, éste nunca puede afectar a su ganancia. Es difícil creer que el gobierno de Alianza PAIS, amante de las corporaciones, piense que el capital no puede estar sobre el trabajador, ya que la modernización del capital que promueven supone todo lo contrario.

La corporación capitalista se caracteriza por la indiferencia total a los sentimientos humanos, se mueve por los países empobrecidos buscando maximizar sus ganancias en base a depredar el trabajo y la naturaleza. Todo esto gracias a los incentivos fiscales que los Estados de estos países le ofrecen, y que Correa tendrá que ofrecerles para que vengan a modernizar el capitalismo anacrónico ecuatoriano. De hecho, eso es parte de todo tratado de libre comercio, con Estados Unidos, con Europa o con los chinos.

Como es una persona jurídica y además de carácter transnacional, la corporación está sobre muchas leyes nacionales y otras internacionales. Por su condición de anónima es difícil establecer sus crímenes, así como difícil es demandarla, menos aún encarcelarla por los daños sociales y ambientales que provoca. Ejemplo de esto es la corporación Monsanto y sus negocios de transgénicos y químicos, tan aplaudidos últimamente por el gobierno “revolucionario”, que han causado daños a la naturaleza en sí, a la salud de los seres humanos y de muchos animales.   

Además de ser una estructura artificial pero legal de accionista, ejecutivos y empleados, es jerárquica, patriarcal, agresiva, competitiva y depredadora. Está por lo general presidida por hombres blancos y ricos (una minoría poderosa) que trabajan para los accionistas de su corporación más allá de sus principios y valores personales. Su carácter anónimo y transnacional le abstrae de la ética, la cultura, el territorio, la nación y la familia, sin lazos concretos de ningún tipo es la perfecta institución de la dominación mundial. Es el modelo más acabado de la lógica del capital, porque no le interesa en absoluto la naturaleza, la sociedad, la cultura, la nación, la familia ni el ser humano, solo la valorización del valor para beneficio de sus accionistas que en definitiva es para la acumulación de capital.

Su claro objetivo es aumentar vertiginosamente la ganancia, es decir la acumulación y concentración de capital a nivel mundial, en base a la formación de monopolios transnacionales que el gobierno discursivamente ataca. Su agenda establece cómo hacer la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible, es decir, como dice Correa, buscar el mayor beneficio para sus accionistas a corto plazo. Esta “gran eficiencia” explica sus prácticas de sobre explotación del trabajo y la naturaleza, que nada tienen de justicia y equidad pese a lo que piense el economista Correa.

En la medida en que las obligaciones de la corporación son consigo misma, pues es autoreferencial, crea mucha riqueza y provoca enormes daños sociales y ambientales sin ninguna culpa ni responsabilidad. Está constituida para traspasar los problemas derivados de su operación económica a otros, que por lo general son las instituciones políticas (Estados y/o gobiernos) subordinadas a sus intereses. En esta medida, no admite culpa alguna de los enormes daños que provoca, pues ahí están los gobiernos serviles para reprimir y sofocar el malestar y la protesta social, y dejar el campo libre para que estas corporaciones sigan operando y ganando.

A diferencia de lo que piensa el PhD. Correa, el 50% de las acciones de las corporaciones se encuentran en el 1% de la población y el 80% de la población es propietaria del 4% de las acciones. No parece que sea un mecanismo de democratización del capital, sino todo lo contrario, de su acumulación y concentración. Y claro que los Brokers y los accionistas, como dice el Presidente, no se preocupan sino de las ganancias de su corporación y de los índices de Wall Street, no les interesas los daños ambientales, sociales, culturales y éticos que ésta provoca, solo piensan en sus beneficios individuales. Es conocido que las guerras, los desastres ambientales, las catástrofes sociales son beneficiosos para muchas corporaciones porque sube el costo de  las acciones y, por lo tanto, los beneficios para sus propietarios o accionistas. La IBM a la que se refirió el Presidente fue la que proveyó las máquinas que perforaban las tarjetas y con las cuales se hizo eficiente el holocausto nazi. No se cómo Correa piensa que esto es democratizar la sociedad, si el accionista de la corporación solo piensa en su ganancia, en su egoísmo individual, de ninguna manera familiar y menos social.

Este es el capitalismo moderno, al estilo norteamericano, que tanto desea el Presidente y su gobierno. Al contrario de distribuir la riqueza social desmontando la vieja acumulación de capital concentrada en las grandes empresas familiares ecuatorianas -que hoy por hoy seguro ya son corporaciones con capital que se transnacionaliza- fortaleciendo la pequeña y mediana producción familiar agrícola  y manufacturera plurinacional, territorializada, culturalmente fortalecida, que permita un tránsito hacia la propiedad colectiva y comunitaria, los “revolucionarios” capitalistas del Siglo XXI quieren destruirla en función de la gran corporación.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Alexis Oviedo
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