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14 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
14 de Octubre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Por qué lo permitimos?
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Los indios, “los naturales”, conocen bien los caminos que llevan a Quito desde la frontera sur y desde la frontera norte, desde el mar y desde la selva amazónica. No vienen armados con fusiles ni revólveres ni hondas, ni traen bombas. Vienen con su ira al hombro porque la pobreza y el aislamiento los acompañan desde siempre.

 “Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, campos de soledad, mustios collados” fueron el Quito, ciudad capital, patrimonio cultural de la humanidad. La ciudad a la que han llegado, en hordas, asesinos, destructores, incendiarios, disimulados, escondidos en los grupos de campesinos que vinieron a reclamar sus derechos y a hacer que su voz sea escuchada. Llegaron los malhechores y mercenarios propositivamente traídos para sembrar el caos, derramar sangre e incluso asesinar. Malhechores que asaltaron e incendiaron la Contraloría y se llevaron documentos aunque quizás no aquellos que ciertos personajes, de aquí y de allá, querrían que desaparezca de la faz de la tierra. Sin esos documentos, tal vez se convertirían, ipso facto, en puros e inocentes. 

Porque este es precisamente el tema. La Contraloría fue propositivamente atacada para producir la desaparición definitiva de pruebas judiciales. Sólo así algunos recuperarían sus manos limpias. ¿Correa? Tal vez, y muchos más. 

Los indios, “los naturales”, conocen bien los caminos que llevan a Quito desde la frontera sur y desde la frontera norte, desde el mar y desde la selva amazónica. No vienen armados con fusiles ni revólveres ni hondas, ni traen bombas. Vienen con su ira al hombro porque la pobreza y el aislamiento los acompañan desde siempre. Vienen a ser escuchados, a que sus reclamos tengan valor ciudadano y sean legitimados por sí mismos y no porque alguien se digna tomarlos en cuenta. Porque demandan justicia social a un sistema en sí mismo injusto.

Seguramente tienen toda la razón del mundo de dejar su casa y sus campos y recorrer a pie cientos de kilómetros hasta llegar a Quito con el propósito de decirle vis a vis a Moreno cuáles son sus requerimientos y cómo el alza del precio de los combustibles los afecta. 

Pero algo aconteció en el caminar y en el pensar. Posiblemente con el conocimiento y anuencia de sus líderes, algo extraño se introdujo subrepticiamente en sus propuestas y en sus lenguajes. Como si de pronto hubiese desaparecido la solidez de la demanda centrada en parte del paquete de medidas presidenciales para dar lugar al ejercicio de la violencia por la violencia misma. Hasta se habló de tumbar al presidente. 

Entonces se hizo evidente que la protesta contaba con un segundo libreto organizado por un grupo de correístas y por el mismo Correa, que abiertamente dejó escuchar su voz y su hipocresía.

Ya no son únicamente campesinos e indígenas demandando derechos. De pronto también aparece una turba de malhechores que se proponen destruir la ciudad, desbaratar los órdenes sociales, romper la paz de lo cotidiano. Sembrar el caos urbano e incluso destruir su patrimonio cultural e histórico. Las reivindicaciones sociales quedaron a un lado. ¿Buscan los malhechores que atacan la FG la desaparición de documentos que comprometen a no pocos jefes de AP, comenzando por Correa?

Entonces se hizo evidente que la protesta contaba con un segundo libreto organizado por un grupo de correístas y por el mismo Correa que abiertamente dejó escuchar su voz y su hipocresía. ¿Debe, acaso, ser destruido el orden actual para que en su lugar aparezca otro orden, el de la salvación sostenida en el hampa correísta? Son los que propositivamente destruyen la Controlaría porque, sin evidencias, no pocos podrían recuperar sus manos limpias, 

¿Carece el presidente Moreno de un servicio de inteligencia que esté ahí en donde habitan las supuestas obviedades? Esa inteligencia que sabe husmear para distinguir con claridad el bien del mal, la verdad y la traición. ¿Nadie en Carondelet sabe oler más allá de sus propias narices? Parecería que no se quiso saber nada sobre la presencia y participación directa de Correa y de los suyos en la gestación misma de este movimiento indígena. Solo se convencieron de ello cuando grandes nombres de AP entraron impúdicamente en escena 

En su tiempo, cuando los manipulaba, Correa movilizaba los grupos indígenas en autobuses, los alimentaba e incluso les daba viáticos para que llenen la Plaza Grande, los estadios, las avenidas. Los convirtió en sus incondicionales seguidores y defensores. ¿Acaso no hizo el teatro de recibir de los indígenas la limpia cósmica para iniciar su presidencia? Después de un tiempo, no solo que dejaron de ser importantes, se convirtieron en un pérfido estorbo.

Parecería que a Moreno nadie le advirtió, primero que jugaba con fuego, y luego sobre lo que se estaba cocinando en y desde Venezuela y en oscuros cenáculos de AP. No se permitió a sí mismo mirar al otro lado del espejo. Tampoco lo hizo su equipo de colaboradores que, desde ese pedazo de poder que tanto engrandece, habrían dejado al tiempo el arreglo de los grandes problemas. ¡Dejar pasar en lugar de pensar en todas las implicaciones del levantamiento indígena y campesino! 

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