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14 de Junio del 2021
Ideas
Lectura: 12 minutos
14 de Junio del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

¿Para qué sirve el COE nacional?
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La torpe campaña de comunicación que insiste en el distanciamiento y el uso de mascarilla, no demuestra el interés por el bienestar público; sino la necesidad de propaganda oficial. Detrás de la propaganda, la arrogancia e insensibilidad de sus autoridades.

El Comité de Operaciones de Emergencia (COE) me recuerda al estereotipo del supervisor de colegio fiscal: caminando por los pasillos para vigilar que los indisciplinados estudiantes cumplan las normas. Si no lo hacían, la culpa era de los descarriados alumnos o de sus irresponsables padres que no los educaban en casa. Nada de entender la situación social, la psicología social, el contexto cultural de los jóvenes, para identificar cómo intervenir positivamente y promover la convivencia social.  El cumplimiento de la norma como solución y punto.

Juan Zapata, ratificado para presidir el COE Nacional, calza bien en el estereotipo, ya lo demostró cuando intentó que los grafiteros, cuya actividad estética es disruptiva, nómada e irreverente pinten sus dibujitos en espacios designados, algo como entregar cuadernos en blanco y crayones a los artistas callejeros.

La historia se repite, pero en tono de pandemia. El supervisor y su equipo funcionan con medidas bipolares: si confinamiento, no confinamiento, si restricción de movilización, no restricción. Las justificaciones para las medidas son penosas: las unidades de cuidado intensivo colapsan, entonces confinamiento, toque de queda y límites a la movilidad. Medidas en masa, pero por provincias.

Pueden afirmar que hay alivio, que el confinamiento da resultados, pero es irrelevante porque las muertes continúan apenas se vuelve a la normalidad. De hecho, la gente se muere porque no hay cupos en las unidades de cuidados intensivos, pero también porque los médicos los ven morir, con suerte les sedan para que no sientan la muerte. Podrían salvarse, pero no tienen respiradores o medicamentos apropiados.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) explica que “cuando se aplican campañas de información basadas en normas sociales para promover la conducta de distanciamiento social, el uso de normas sociales descriptivas y prescriptivas parece ser necesario para aumentar el cumplimiento del distanciamiento social”.

Las normas descriptivas indican lo que la gente hace, y las prescriptivas lo que se debería hacer, como cumplir con el distanciamiento. Al parecer, cuando se insiste en que otros no cumplen las normas de distanciamiento, se produce el efecto contrario provocando mayor incumplimiento. Naturaleza humana.

Se llama sesgo del optimismo a la capacidad humana para disminuir la valoración de situaciones negativas o riesgosas y de sobrevalorar eventos positivos, como ocurre con las personas que asisten a una fiesta clandestina en pleno pico de contagio.

La torpe campaña de comunicación que insiste en el distanciamiento y el uso de mascarilla, no demuestra el interés por el bienestar público; sino la necesidad de propaganda oficial. Detrás de la propaganda, la arrogancia e insensibilidad de sus autoridades.

De nada sirve la campaña si no se establecen políticas para la producción nacional de mascarillas homologadas reutilizables, su distribución y uso adecuado. Las mascarillas KN95 no soportan más de 48 horas continuas; las de tipo quirúrgicas tienen una media de 12 horas.

¿Cómo pueden las 70.000 personas que se sumaron al desempleo, al inicio del año, cambiar cada día de mascarilla? Resulta imposible. En la misma línea, el sector informal que creció, según el INEC, en un 51.1% para diciembre del año pasado, ¿cómo pedir a alguien que vive de sus ventas en la calle, que se quede en casa?, ¿tiene algún sentido?

En la avenida Lizardo Ruiz, en Cotocollao, se pueden ver a los comerciantes informales fumar con las mascarillas en la barbilla, algunos se las retiran para saludar, a gritos, al amigo del otro lado de la calle. No es extraño que, al entrar a cualquier almacén, el vendedor se levante apresurado y se ponga la mascarilla, como si el virus tuviera cierta etiqueta que le impide contagiar al cliente.

Las vendedoras de frutas utilizan mascarillas de tela durante todo el día, quizá la semana y porqué no el mes entero. Vendedores y clientes conversan alegremente, mientras se ajustan las mascarillas que resbalan de las narices con vida propia.

¿Se han efectuado pruebas a los trabajadores formales e informales de la Lizardo Ruiz para saber su grado de contagio? Mi hipótesis es que la mayoría sobrevivió al Covid-19, otros murieron; pero como son invisibles para el COE, como personas individuales, pues nada, seguramente fue porque son indisciplinados.

En todo caso, es probable que, con la deficiencia en el uso de las mascarillas, una buena parte ya sobrevivió al contagio; otra es asintomático o tienen síntomas leves. Pero todos en la calle. ¿Será que el riesgo es mayor para los consumidores que para los propios informales?

Una solución puede ser la dotación de mascarillas reutilizables con estándares de seguridad; campañas de comunicación desmasificadas con enfoque psicosocial y sociológico; investigación permanente, interdisciplinaria entre los campos de la salud y las ciencias sociales para comprender, evaluar e intervenir.

Otro problema de “incivilidad” son las fiestas clandestinas. ¿Qué características tienen los grupos que efectúan las farras ilegales? ¿cuál es su edad, situación laboral, educativa, familiar? Sí, los jóvenes no tienen empleo, tampoco becas para estudiar, carecen de acceso a Internet. Además, viven en situaciones familiares violentas, la amenaza de un virus es un poco más de su vida cotidiana, una ruleta. 

Las jóvenes adolescentes corren permanente riesgo de caer en el tráfico de personas, justamente, porque sus hogares son inseguros. ¿Cree señor Zapata que estos jóvenes caben en su extraña categoría de incivilidad? ¿Para qué sirve el COE?

Debo decir que estoy de acuerdo con el regreso a clases, es indispensable por la salud emocional de miles de estudiantes, sin embargo, es como otra de las medidas del COE: circunstancial y de sentido común. Estoy seguro que si fracasa el regreso a clases presenciales, se intentará culpar a las instituciones o a la indisciplina de los estudiantes por los contagios.

¿Qué sentido tiene confinar a los que ya están confinados, mientras la gente que trabaja en la calle, porque no tiene otra opción, se quedan sin ingresos para alimentación, indispensable para mejorar el sistema inmunológico?

¿Cuál es el plan estratégico para gestionar la comunicación?

¿Cuáles son las directrices para eliminar el tráfico de medicinas, fuera de los hospitales públicos, que también mata?

¿Que políticas establece el COE para la manufactura, distribución y uso de mascarillas?

¿Quién analiza los grandes volúmenes de datos de todo el sistema de salud, policía, educación, legal para procesar la información e identificar patrones locales, provinciales y nacionales de comportamiento? ¿En qué variables deberíamos incidir?

Al momento de escribir esta columna, el COE autoriza el regreso progresivo a clases, siempre que las instituciones cumplan con las medidas adecuadas de bioseguridad. Curiosamente, luego de que el presidente Lasso ratifica a Zapata como cabeza del Centro de Operaciones de Emergencia. Debo decir que estoy de acuerdo con el regreso a clases, es indispensable por la salud emocional de miles de estudiantes, sin embargo, es como otra de las medidas del COE: circunstancial y de sentido común.

Estoy seguro que si fracasa el regreso a clases presenciales, se intentará culpar a las instituciones o a la indisciplina de los estudiantes por los contagios.

Pongamos como ejemplo la parroquia de Calderón, según datos del Ministerio de Educación (información previa a la pandemia por el Covid-19), se registran 49.786 estudiantes, desde inicial hasta bachillerato, en las 97 instituciones educativas que retornarán a la modalidad presencial. El número total de maestros es de 2.129 y administrativos es de 392.

En los buses articulados, la gente va apiñada y cuando se incrementen los pasajeros, con la población de jóvenes que regresen a clases, sumados a los docentes, administrativos y padres de familia, el cataclismo parece asegurado.

Una mejor alternativa sería identificar los sitios de vacunación en Calderón, garantizar que todos los adultos mayores de la parroquia se vacunen, luego los padres y a continuación los hijos (en breve se podrán vacunar los niños según muestran los últimos estudios).

Culminado el proceso se autoriza el regreso a clases. Luego con Carcelén, y así sucesivamente, con la ventaja de dinamizar las zonas más pobladas y deprimidas económicamente, sin que muera nadie. Esto puede efectuarse a nivel del país.

El confinamiento o cualquier acción es inviable si no se comprende la naturaleza humana, mucho peor si el COE funciona como un comité de medidas dictadas por el sentido común.

No dudo de la buena voluntad de Juan Zapata, pero debería asegurarse de que los epidemiólogos, médicos y representantes de las cámaras de comercio no lo desmientan o contraríen los argumentos del COE permanentemente. Quizá debería trabajar con las universidades para investigar, entender y dinamizar el cambio social.

En todo caso la obligación del COE es la: “Entrega oportuna de información clara y validada a la ciudadanía sobre las afectaciones registradas, las acciones implementadas y los resultados obtenidos. Garantizar el acceso a la información a personas e instituciones” (Manual de operaciones del COE).

Lo de información validada es algo que se puede poner en duda por el precario sistema de información, como afirma el epidemiólogo Daniel Ruiz:

“Considere que el Sistema de Vigilancia Epidemiológica del país cuenta con al menos 5 subsistemas de vigilancia (p. ej., infecciones asociadas a la atención en salud, inmunoprevenibles entre otros), y que cada uno tiene una forma de recoger los datos y un sistema de información distinto” (La otra plaga: la burocratización de la salud / 05 de mayo 2020).

En la práctica psicoterapéutica se sabe que una persona solo cambia si se acepta como es, lo mismo es válido a nivel social: una mirada desde la analítica de datos permite reconocer patrones sociales locales y globales; un enfoque cualitativo profundiza en la subjetividad humana, favorece el reconocimiento de las personas concretas que de alguna manera ya se muestran en los datos. La información apropiada permite intervenir y comunicar. 

Quizá la indisciplina, la incivilidad está en la mente burocrática e inflexible de quienes culpan a otros de la carencia de estrategias adecuadas.

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