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23 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
23 de Marzo del 2020
Ana Minga

Periodista de Investigación, escritora de poesía y narrativa corta, especialista en perfilación criminal.

Quebrados frente al Covid-19
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Hay personas que acopian comida como diciendo: si nosotros estamos bien, allá el resto. Y para mostrar su encantadora comodidad se dejan ver por redes sociales, en sus casas teniéndolo todo. Y esta peste no solo es del Ecuador, está sucediendo a escala mundial.

En salud, el mundo colapsa y mientras pasan los días las múltiples necesidades crecen. Como siempre, los más vulnerables (qué fea categoría, qué estigma, qué  fea distinción) son los que tienen la carga más difícil, aquellos que si no salen a trabajar no comen ya que viven el día a día. Y encerrados la sobrevivencia se complica, eso en el mejor de los casos que tengan en donde encerrarse… Pero si no se quedan en casa también corren el peligro de contagiarse y contagiar a otros. Parece un laberinto en llamas.

Ante la vulnerabilidad de algunos sectores el gobierno ofrece bonos y canastas de alimentos, que por supuesto ayudarán, pero dudo que sea a todos, pues hasta ahora el Ministro de Inclusión Económica y Social, Iván Granda, no responde con base a qué eligieron a quiénes entregarán esta ayuda. ¿Hay un estudio serio y actualizado de quiénes son los más necesitados? ¡Oh sí! Dijo que los funcionarios del Ministerio llamarán llamarán a la casa de cada ciudadano… ¿Y si no hay casa, no hay teléfono? Como por ejemplo, la mañana del domingo 22 de marzo, una señora del sector de San Juan llamó a la radio del Municipio de Quito para suplicar ayuda, aseguró ser de la tercera edad, estar sola y pidió ser una de las beneficiadas. Le angustiaba que a ella no la pueden ubicar porque no tiene teléfono propio, la llamada la hacía desde la casa de una vecina. 

Según funcionarios del propio Ministerio al que representa Granda, en noviembre del año pasado informaron a algunos ciudadanos que buscaban adquirir el bono de desarrollo humano, que el puntaje del Índice del Registro Social pasó de 50 puntos a 28,2. Es decir, que el ecuatoriano que esté por debajo de este último puntaje se lo considera dentro del área de vulnerabilidad y que puede acceder a ayudas económicas. Pero que hayan modificado el puntaje del registro social no quiere decir que la pobreza de los hogares ecuatorianos que califican con 50 puntos desapareció. Solo acomodaron cifras, pero la realidad está allí y no se la puede tapar. Y ahora, en una crisis global sale, porque las verdades siempre, siempre se dejan ver…

Al terminar esta semana, Catalina Andramuño, dejó el Ministerio de Salud con una denuncia alarmante: no se asignaron recursos económicos para enfrentar la crisis del Covid-19. Algo que ya lo veíamos. Además, el presupuesto del Estado para salud ya era bajo antes de la crisis, pues se solicitó más de cinco mil millones de dólares y solo se entregaron dos mil. La noche del domingo, el presidente Lenin Moreno, en twitter anunció que dispuso eliminar gastos innecesarios del próximo proceso electoral. ¿Cuáles serían estos gastos? No lo especificó. Ojalá sean varios y no solo una medida para salir del paso y no responder a la denuncia de la exministra.

No solo estamos quebrados económicamente, también a nivel social, pues a pesar de la gravedad de la situación aún reina el individualismo, el quemeimportismo, los egoísmos y toda la peste de los condicionamientos humanos. 

En estos momentos es donde la vida debe estar por encima de todo, pero no, se ahonda en su jerarquización. Por ejemplo, en esta crisis ¿se fijaron que los animales ya están pereciendo? Hay personas que los abandonan y los que ya estaban en las calles, están peor…

Hay personas que acopian comida como diciendo: si nosotros estamos bien, allá el resto. Y para mostrar su encantadora comodidad se dejan ver por redes sociales, en sus casas teniéndolo todo. Y esta peste no solo es del Ecuador, está sucediendo a escala mundial. Y desde la comodidad de sus vidas maravillosas dan un mensaje de fuerza. Algunos dirán qué pena que unos tengan y otros no, no por eso se les va a prohibir que muestren su dicha y quien reclama solo tiene ataques de envidia. No, no es envidia, es consciencia, ser empático con el otro ser, con aquel que no tiene nada para cubrir su hambre, su frío, su enfermedad… Incluso, ser empático con aquellos que sí son conscientes de que la situación es extrema y entienden que esta cuarentena no es “bacán”, porque cuando salgamos de ella, tendremos que levantar la economía, sin esperar de politiqueros. 

¿Y dónde están aquellos que desde siempre acrecentaron fortunas gracias al dinero del Estado? ¿Alguno dijo bajémonos el sueldo? Es lamentable que en carne propia entendamos que el privilegio de unos es el desastre de otros, que el robo de unos, nos deja sin educación, sin salud, es decir, sin derechos básicos y universales. Y aún no se entiende por completo que si la situación se complica, la vida dará su lección y lastimosamente esta suele enseñar con su punto final: la muerte. 

A pesar de que estamos en la cuerda floja, aún hay quien se fija que la ayuda debe ser para los  ecuatorianos y no los extranjeros, que la ayuda debe ser para las familias y no para los que están en las calles, “porque qué pena ellos decidieron estar allí”. Ya dicen que de esta pandemia solo sobrevivirán los más fuertes, como siempre ha sido, porque esa es la selección natural. ¿Selección natural? ¡No! Inequidad social. 

En estos momentos es donde la vida debe estar por encima de todo, pero no, se ahonda en su jerarquización. Por ejemplo, en esta crisis ¿se fijaron que los animales ya están pereciendo? Hay personas que los abandonan y los que ya estaban en las calles, están peor… La gente pasa con sus fundas de compras empujándolos, son los que no importan. Y los humanos también jerarquizan dentro de su especie, como las estadísticas hablan de que los muertos en su mayoría son personas de la tercera edad, se escucha decir: “ah, es que los viejos son los que mueren, yo estoy joven”. Tampoco importan para algunos, son esa parte innecesaria del mundo… 

Afortunadamente sí hay personas dispuestas a ayudar, son pocas, pero las hay y se quiebran frente a lo que ven y toman fuerza para seguir, porque el dolor del otro, lo entienden como propio. 
De esta nos salvamos si nos ayudamos entre todos, si entendemos que toda forma de vida es importante, sino ¿qué valor puede tener que continúe con vida una sociedad sin corazón?

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
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