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22 de Julio del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
22 de Julio del 2020
Mauricio Alarcón Salvador

Abogado y director ejecutivo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo

¿Quién es Abdalá Bucaram? (Primera parte)
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La historia nacional debería además reivindicar a Bucaram como el autor de un término que resurgió en la última década. Fue él quien, desde la Intendencia, emitió una serie de recomendaciones y procedimientos “para el buen vivir y el buen hacer” bajo el título de “Los Mandamientos de Abdalá”

Ecuador puso fin a la dictadura militar el 10 de agosto de 1979, cuando el Consejo Supremo de Gobierno encabezado por Alfredo Poveda Burbano, entregó el poder a Jaime Roldós. Esta fecha no solo marcó el retorno a la democracia, sino también el inicio de la carrera política de un personaje que hoy aparece recurrentemente en las noticias. Un joven de 27 años, Abdalá Bucaram Ortiz, cuñado de Roldós, fue designado intendente de Policía del Guayas.

Más allá del nepotismo que originó su nombramiento (y el de su hermana Elsa como secretaria particular del presidente), no se registran hechos de corrupción en su paso por la Intendencia. Su gestión se caracterizó más bien por su histrionismo y una fuerte carga moralista y religiosa. A las pocas semanas en el cargo inició una campaña contra la proyección de películas pornográficas en las salas de cine de Guayaquil y clausuró moteles y bares de la ciudad para impedir que el país “se convierta en Sodoma y Gomorra”. Varios medios impresos de la época registran que los sellos de clausura contenían el texto “Atención: la clausura es definitiva. Inclusive para mi madre”.

En su afán de moralizar la provincia también impulsó una campaña para que los jóvenes no sean vagos y dejen de jugar pelota en la calle, y cerró de manera definitiva la popular discoteca Manhattan por ser “un antro de corrupción”, no sin antes detener a 164 menores de edad encontrados en el lugar. Recuperaron su libertad 24 horas después, luego de ser obligados junto a sus padres a escuchar una misa celebrada por el Arzobispo de Guayaquil.

Pero eso no fue todo. Llevó a cabo acciones de control de precios en los mercados y tiendas, incautando víveres y otros productos que luego fueron repartidos a los pobres de la provincia. Solicitó a su cuñado presidente y a su inmediato superior, el ministro de Gobierno, Roberto Dunn Barreiro, expropiar el estadio Capwell para evitar que una acción judicial termine con el remate de la que él consideraba una “reliquia deportiva”. Para rematar, censuró la película La Luna por considerarla inmoral y pornográfica.

La historia nacional debería además reivindicar a Bucaram como el autor de un término que resurgió en la última década. Fue él quien, desde la Intendencia, emitió una serie de recomendaciones y procedimientos “para el buen vivir y el buen hacer” bajo el título de “Los Mandamientos de Abdalá”.

Estas acciones claramente populistas, junto a su peculiar forma de ser, provocaron que los guayaquileños pronto empiecen a considerarlo un “súper héroe” o un “paladín de la justicia”. Aprovechando su creciente popularidad se candidatizó a consejero provincial para las elecciones seccionales de diciembre de 1980 por la Democracia Popular. Fue electo, pero duró poco en funciones, pues renunció aduciendo falta de honestidad en el funcionamiento del Consejo Provincial. La realidad es que lo hizo por las reacciones que produjeron sus actos de violencia política en contra de Cecilia Calderón (entonces consejera por el Frente Radical Alfarista, FRA).

Un trabajo de organización territorial sirvió de plataforma para que en 1983 lance su candidatura para la Alcaldía de Guayaquil, junto a la de su cercano amigo y colaborador Alfredo Adum, para la Prefectura del Guayas. Se presentaron como los “súper héroes” y “paladines” contra la oligarquía, bajo la imagen de Batman (Bucaram) y Robin (Adum).

Tras el fallecimiento del presidente Roldós y la primera dama meses más tarde, Abdalá tomó distancia con el gobierno de Osvaldo Hurtado, y bajo un discurso opositor centrado principalmente en la traición a los ideales y la herencia de Roldós, fundó el Partido Roldosista Ecuatoriano, PRE, en 1982. Un buen trabajo de organización territorial sirvió de plataforma perfecta para que en 1983 lance su candidatura para la Alcaldía de Guayaquil, junto a la de su cercano amigo y colaborador Alfredo Adum, para la Prefectura del Guayas. En línea con lo antes mencionado, se presentaron como los “súper héroes” y “paladines” contra la oligarquía, bajo la imagen de Batman (Bucaram) y Robin (Adum). 

El 29 de enero de 1984 Abdalá Bucaram ganó las elecciones, derrotó a Cecilia Calderón, y pasó a ocupar el Sillón de Olmedo. Adum también se convirtió en prefecto. La primera participación electoral del flamante PRE fue un éxito. Marcelo Marchán, entonces editor general de revista Vistazo, y fino columnista bajo el seudónimo de Tomás del Pelo, calificó el triunfo como el producto “no tanto a la inteligencia de ese señor cuyo nombre es populismo, sino, más bien, a la cruel ingenuidad y candidez de quienes se oponen a él”. “Abdalá es el alborotado Guayaquil, es toda una guayabera, es un impromptu, es una gaseosa bien helada, (...), uno lo ve y da ganas de jugar indor-fútbol. Bucaram fue hecho para Guayaquil (…) Así es Abdala, violento y acalorado (...) lo he visto irritarse en el momento menos pensado, por cosas sin importancia, pero de allí no pasa. Lo que ocurre es que es irresponsablemente locuaz.”

Tan pronto tomó posesión, solicitó al gobierno de Hurtado mil millones de sucres para el Municipio de Guayaquil. Al no tener una respuesta favorable, lo calificó como regionalista y odiador de la ciudad, y amenazó con paralizarla si no le entregan los recursos. Se produjeron dos paros, el 28 de mayo y el 7 de junio, encabezados por el alcalde Bucaram, quien personalmente provocó desmanes y acciones violentas contra los negocios que se negaron a cerrar. Su gestión continuó con la línea moralista de la Intendencia, lo que en más de una ocasión terminó ocasionando censura y acciones arbitrarias al margen de la ley.

León Febres Cordero asumió la Presidencia en 1984 y Bucaram continuó en la línea de la oposición, tanto desde la alcaldía como desde el Congreso Nacional, en el que el PRE ocupaba tres curules, una nacional y dos por Guayas, teniendo como líder a su hermana Elsa. Actos violentos en Guayas, comandados por la administración municipal en contra del entonces gobernador Jaime Nebot, terminaron con varios muertos y heridos. Es en medio de esta crisis que el PRE proclamó tempranamente, en 1985, a Abdalá Bucaram como su candidato a la Presidencia de la República para las elecciones de 1988.

En junio de 1985 Bucaram viajó a Nueva York y en declaraciones a medios de comunicación responsabilizó al gobierno de León Febres Cordero por las muertes de dos cercanos colaboradores, Merlin Arce y Germán Zambrano, así como del banquero Nahim Isaías; acusó a las Fuerzas Armadas de robarse el presupuesto del Estado. A su regreso la Intendencia de Policía ordenó su detención por propagar rumores falsos y las Fuerzas Armadas iniciaron un juicio en su contra por injurias y atentar contra la seguridad nacional. Para evitar la prisión, el 17 de septiembre de 1985, Bucaram tomó una avioneta en el aeropuerto de Bahía de Caráquez y abandonó el país con destino a Panamá.

En noviembre de 1985 el contralor Marcelo Merlo Jaramillo denunció corrupción en el Municipio de Guayaquil en un contrato de acarreo de material pétreo (cascajo) por aproximadamente 200 millones de sucres (unos 2.5 millones de dólares de la época). El presidente de la Corte Superior de Justicia dictó orden de prisión en contra de Bucaram, quien solicitó asilo político en Panamá. Empezaba entonces el primer auto exilio.

Continuará…

 
 

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