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4 de Abril del 2016
Ideas
Lectura: 11 minutos
4 de Abril del 2016
Mariana Neira

Periodista de investigación, dirigió la redacción de la revista Vistazo en Quito.

¿Quién quiere matarlo?
En el Enlace Ciudadano de este sábado último, el presidente Correa volvió a repetir que le quieren meter un tiro. Lo dijo cuando hablaba de intentar cobrar impuestos a los ingresos de jubilación de los generales de las FF.AA. Varias semanas atrás, en otro Enlace, cuando hablaba de Solca, dijo que la prensa incitaba para que algún pariente de un enfermo de cáncer le meta un tiro. ¿Qué quiere el Presidente, por qué habla tanto de que lo quieren matar?

Hace poco tiempo un amigo me confesó ser amigo de un siquiatra ecuatoriano que trataba a un líder político ecuatoriano bipolar. Por esa enfermedad mental el líder cambiaba de un momento a otro de un estado eufórico a uno ultra depresivo. El siquiatra regulaba esos cambios extremos del líder con medicinas. Y escuchaba sus relatos. El desahogo verbal era parte de la terapia, pero cada vez que su paciente famoso se acostaba en el sofá del siquiatra repetía su deseo de morir como Eloy Alfaro, asesinado y, de ser posible, linchado, y de ser posible, arrastrado.

Me pareció cuento de mi amigo, sin embargo, me atreví a repetir la historia del líder en el sofá del siquiatra a otras personas que, pienso, no me la creyeron.

Recordé esta historia al leer el miércoles 23 de marzo 2016, en el diario El Comercio, este artículo de León Roldós:

"Todo dramático, en la sabatina del 19 de marzo del 2016, en Limón Indanza, el presidente Correa había dicho cual agorero del desastre: “Están esperando que venga un familiar de un enfermo de cáncer, le meta un tiro al presidente, porque el presidente malvado, ¡cómo odia a los enfermos de cáncer! ; y, si eso llegara a pasar, sería la mayor torpeza (…) Inmerecidamente me inmortalizaría, y, por si acaso, me queman, mis cenizas las echan, la mitad en el río Guayas, y la mitad en un arbolito a ver si al final aunque sea sirvo para algo. Y nada de un monumento ni nada de esas cosas, que nunca me han gustado” (…)

“En todo caso, eso se busca como hicieron con Eloy Alfaro. La que indujo el asesinato de Alfaro fue la prensa, sobre todo El Comercio y después rasgarse las vestiduras y a hablarnos de democracia, paz, unión y tolerancia (…) ya no permitamos que nos engañen y nos manipulen, para que alguien me pegue un tiro”.

¿Qué hay detrás de esta fantasía?

1. Quizás un afán de activar la compasión pública para detener la caída en las encuestas. Últimos datos de las encuestadoras dicen que la credibilidad en el presidente sigue de bajada. Hablan de 6 a 8 ecuatorianos que no creen en su palabra.

2. También habría un afán de distraernos para que no miremos la crisis en toda su dimensión. El Estado gastó toda la plata de los ecuatorianos y no hizo una reserva porque eso no estaba dentro de su ‘sabia’ política económica. Y ya no tiene ni para pagar sueldos, entonces nos pone impuestos, empeña lo que debe y no debe. Eso duele. Hay quiteños que al drama le ponen ‘sal’ diciendo que se debería poner cadenas a El Panecillo de Quito para que el gobierno no lo venda. Si el Faraón y el Evo hubiesen sido ecuatorianos, no habrían hecho eso.

El sabio Faraón de Egipto se dejó guiar por dos sueños y un consejero. Primer sueño: ‘Vi siete vacas gordas, hermosas. Entonces vi siete vacas muy flacas y huesudas. Y las flacas se comieron a las vacas gordas. En mi segundo sueño vi siete espigas de grano lleno y maduro que crecían en un solo tallo. Entonces vi siete espigas de grano delgadas y secas. Y las espigas de grano delgadas empezaron a tragarse a las siete espigas buenas.’

Ningún sabio ni adivino pudo interpretar sus sueños. Alguien le dijo que en la cárcel había un joven capaz de hacerlo. Ordenó le llevaran a su palacio. José, el hebreo, le dijo al Faraón: ‘Los dos sueños significan lo mismo. Las siete vacas gordas y las siete espigas de grano llenas significan siete años, y las siete vacas flacas y las siete espigas de grano delgadas significan otros siete años. Habrá siete años en que crecerá mucho alimento en Egipto. Habrá siete años en que crecerá muy poco alimento.’

Coincide con lo que dice el Eclesiastés: ‘Hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo… un tiempo para guardar, y otro para tirar fuera…’

Si José hubiese vivido en Ecuador en tiempos de revolución y dicho: ‘Habrá siete años de altísimos precios del petróleo y hay que guardar para enfrentar siete años de precios bajos’ (que predicen algunos expertos), le habrían calificado de ‘torpe’ ‘sufridor’, sobreviviente de ‘la larga noche neoliberal’, ‘enemigo de la revolución’.

El sabio Faraón le escogió al mismo José para que recogiera el alimento, lo almacenara y lo repartiera en el tiempo de vacas flacas, y le convirtió en un hombre poderoso. Acá a José le habrían echado del palacio y enjuiciado bajo cualquier acusación.

Creyéndose superiores, nuestros ‘revolucionarios’ no tomaron en cuenta estos sabios consejos. La vida, en todos sus aspectos, tiene sus ciclos buenos y malos. La economía tiene sus ciclos de precios altos y precios bajos de las materias primas, dicen los buenos analistas económicos. Los toman en cuenta los inteligentes gobernantes capitalistas y los que dicen que no lo son.

Por ejemplo, el Evo de Bolivia. Al papa Francisco le regaló un Cristo colocado sobre una hoz y un martillo, para parecer revolucionario, pero para el manejo de la economía usó la lógica. Se dejó guiar por un gerente del Banco Central de derecha. Juntos, como el Faraón y José, en tiempo de vacas gordas (buenos precios de las materias primas) guardaron muchos dólares. Ahora el Evo anda orgulloso. Mientras Ecuador está con el miedo a decrecer, Bolivia anticipa un crecimiento del 5% en el 2016, pese al escándalo de la ‘Eva’ que le hizo comer la manzana de la corrupción. (El Comercio, Martes 29 marzo 2016, pág. 5.) No es porque el Evo ahorra y ahorra como un neoliberal. Él es un ‘revolucionario siglo XXI’ que, dicen, reparte riqueza a través de programas sociales y evita los lujos de nuevo rico, por ejemplo, el derroche en gasolina.

Cuando llegó a Quito para una reciente reunión de Unasur, recordarán ustedes, se murió de las iras porque los automóviles y motocicletas de la nueva rica y jactanciosa seguridad de la revolución ciudadana ecuatoriana, no dejaba pasar a su auto. “Hermano Correa me quejo. Yo quería apurarme y había unas 20 motocicletas delante de mí. ¿Cuánto combustible hemos gastado en esa llegada? En Cochabamba ando solito, a veces, manejando con el chófer… Somos presidentes electos democráticamente, somos parte del pueblo y hay que estar con el pueblo y esa es mi experiencia”.

El presidente Correa justificó la cantidad de vehículos escoltas diciendo que eso daba mayor celeridad al traslado de los dignatarios. (Si Evo supiera de los 30 mil y pico autos que tiene la burocracia, del avión intercontinental, del Legacy para viajes caseros, de los guardias, de los chefs, de las inversiones chuecas, etcétera, no sé qué diría. A lo mejor sabe, pero calla por solidaridad con el ‘hermano’).

Pero el Evo no debe cantar victoria. Los analistas dicen que la prolongaba baja de precios de las materias primas, también le provocará una crisis. Pero el golpe para los bolivianos será suave porque caerán sobre el colchón de su gran reserva monetaria. Los ecuatorianos estamos cayendo en una piscina sin agua.

3. La tercera intención de la fantasía presidencial sería crear un culpable y qué mejor que la prensa, ahora, ya no solo ‘corrupta’, también potencial asesina por denunciar, por ejemplo, que el gobierno prefirió pagar deuda externa que transferir la platita para los enfermos de cáncer (caso Solca). Tras la denuncia ningún medio dijo: Vean, lectores, radioescuchas, televidentes, vayan cobrar esta deuda metiéndole un tiro al presidente. El presidente sí motiva a sus huestes a que agredan a los comunicadores, llámense periodistas, blogueros, tuiteros, etc.

Véanlo ustedes.

El sábado 26 de marzo 2016 Correa dijo: “…tuiteros queridos, pronto nos vamos a reunir, la batalla también está en las redes, y es una batalla que tenemos que ganar y vamos a ganar, compañeros, porque los honestos somos más, siempre vamos a aclarar todas las mentiras, pero cuidado nos aturden con una mentira medio creíble”.

Y tres días después, martes 29 de marzo, se activó la ‘batalla’. El tuitero Alejandro Muñoz encontraba debajo de la puerta de su casa un sobre con fotografías suyas y las paredes manchadas con pintura roja y amarilla. (No es nuevo, antes hicieron algo parecido en la casa de la periodista Ivonne Guzmán, de El Comercio). Para el tuitero las fotos son muestra de que alguien le está siguiendo. ¿Quién?, nos preguntamos. La respuesta es fácil: fanáticos o una fuerza oculta del gobierno.

Y surgen otras preguntas:

¿Cómo esta gente sabe dónde vive tal o cual comunicador?
¿Inteligencia del gobierno está proveyendo de información privilegiada a esos grupos o estos grupos tienen su propia ‘inteligencia’?

Sea como fuere, son grupos para-terroristas que no dan la cara como un periodista cuando denuncia. Son grupos peligrosos que en cualquier país serían investigados, no en el nuestro donde el Estado solo protege a los ciudadanos que coinciden con su ideología. Los ‘opositores’ que cada día son más, muchos más, quedan en el desamparo, amenazados, perseguidos, espiados.

Frente a estos hechos, entonces es válida la pregunta: ¿quién quiere matar a quién?

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