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9 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
9 de Mayo del 2016
Óscar Molina Vargas

Periodista. Ha escrito para las revistas Vanguardia, Mundo Diners y SOHO Ecuador, y para los diarios El Comercio, Hoy y El Espectador (Colombia).

Quién sabe hasta cuándo
En estos nueve años, el presidente Rafael Correa se ha reunido cinco veces con los colectivos GLBTI. La última fue en marzo, en el Salón Amarillo del Palacio de Carondelet, y el encuentro duró cuatro horas. En la cita, según informó un diario local, se habló —con tacitas de café y botellas de agua incluidas— de dos temas: violencia y elecciones.

@Oscar0925

Iba a callarme. Otra vez. Por temor a ser impertinente. Porque siempre hay temas más “importantes”. Más jugosos, incluso. Pero leo que en Venezuela —con los apagones, sus presos políticos, el hambre—, el Tribunal Supremo de Justicia “examinará” una demanda de nulidad del artículo 44 del Código Civil que impide el matrimonio igualitario, y vuelven las preguntas. Parece una buena noticia. Parece. En abril, en Chile, Bachelet recibió la propuesta de ley del matrimonio igualitario de la Fundación Iguales y se “comprometió” a tramitarla. Lo mismo: un anuncio de buenas intenciones que, en todo caso, abre un abanico de ideas románticas, justas. Quizá en unos meses, como pasó en Colombia, las parejas homosexuales de ambos países festejarán en la calle la victoria por uno de los tantos derechos adeudados.

¿Y aquí? ¿Aquí cuándo pasará? ¿Aquí qué va a pasar?

En estos nueve años, Correa se ha reunido cinco veces con los colectivos GLBTI. La última fue en marzo, en el Salón Amarillo de Carondelet, y el encuentro duró cuatro horas. En la cita, según informó un diario local, se habló —con tacitas de café y botellas de agua incluidas— de dos temas: violencia y elecciones. Sobre lo primero, Gabriela Rosero, ministra coordinadora de Desarrollo Social, dijo que se “tomarán medidas” en los casos no resueltos de violencia contra la población GLBTI y que se hará otra reunión en seis meses (desde entonces) para hacer un “seguimiento”. No sé bien cómo funcionan los tiempos en la justicia, pero a veces —vaya torpeza la mía— seguimiento y aplacimiento me parecen sinónimos. Error mío. En cuanto a las elecciones —tema prioritario por donde se mire, por supuesto—, se habló sobre posibilidades. La posibilidad de que en los comicios de 2017 las personas trans ocupen la fila correspondiente a su género para sufragar. La posibilidad de que haya candidatos GLBTI en las listas. La posibilidad de conseguir una frecuencia de radio o televisión para tratar los “temas” de la diversidad sexo-genérica. 

Para qué otra reunión, digo yo. Para qué ocupar cuatro horas en asuntos que bien podrían ser resueltos en dos. Cada una de esas cincos veces que Correa se ha reunido con colectivos GLBTI, mi ingenuidad me ha hecho imaginar un acto, al parecer, demasiado futurista. Porque yo he esperado que después de cada cita, por voluntad política, el presidente y la Asamblea publicaran un comunicado más o menos así: “Desde hoy, las parejas homosexuales podrán casarse y adoptar. La población trans, asimismo, podrá acceder a sistemas  de salud, educación  y empleo de calidad. En los libros de texto de las escuelas y en los programas de sexualidad de adolescentes y jóvenes, además, se hablará de diversidad sexo-genérica y se capacitará en ello a los docentes. La atención y los tratamientos para las personas con VIH serán mejorados y considerados como una de las prioridades de la salud pública. Desde hoy, en definitiva, los miembros de la comunidad GLBTI dejarán de ser ciudadanos de tercera y tendrán los mismos derechos que el resto. Porque es fácil lograrlo, porque es justo”. Allí en las calles, festejando por la consecución de sus luchas individuales reunidas en una agenda común, estarían los colectivos de gays, lesbianas, trans, intersexuales… juntos, tan juntos como en la unión que sus siglas aparentan. Pero eso, como me dijo una amiga, sucedería solo en el mundo ideal.  Si no es en ese, ¿en cuál otro, entonces?

A ver si entiendo. Mientras para unos los derechos son facultades, para mí y para muchos son solo posibilidades remotas. La posibilidad de casarse. La posibilidad de adoptar. La posibilidad de asumir el cuerpo y la identidad con las que me identifico. La posibilidad de vivir tranquilo, seguro. La posibilidad de recibir atención médica competente. La posibilidad de no ser discriminado ni en el trabajo ni en casa ni en mi lugar de estudios. La posibilidad de ser exactamente igual que los demás. Quién sabe por qué, a vista y paciencia de todos, esas siguen siendo solo probabilidades.

Quién sabe hasta cuándo.

[PANAL DE IDEAS]

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