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5 de Febrero del 2016
Ideas
Lectura: 11 minutos
5 de Febrero del 2016
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Quito será determinante en la elección de presidente
Es difícil el momento electoral que deberá enfrentar PAIS en Quito. La clase media capitalina que dio la victoria a Rafael Corea en el 2006, tiene en su seno a muchos de los desencantados de la “Revolución Ciudadana”. Las simpatías con la propuesta PAIS han decaído al incumplirse promesas de campaña o al no tomarse en cuenta otras, como las agendas juveniles y de género.

El Ecuador concentra la mayor parte de su población en el sector urbano, por lo que la votación de las grandes ciudades será de vital importancia en las próximas elecciones. Entre estas, Quito es determinante en la elección del próximo presidente.

Guayaquil dividirá su votación entre un apoyo mayoritario a Nebot o Lasso y a PAIS, que difícilmente replicará los 600 mil votos del 2014. Cuenca reparte su votación entre la unidad de derecha comandada por el prefecto Carrasco, los que lo harán por PAIS y los del candidato que apoye el alcalde Cabrera.

Quito, el centro político del país y la ciudad que tiene el mayor número de electores de la Sierra, no perfila un candidato  de su preferencia, por cuanto históricamente la derecha ni la izquierda radical han conseguido amplia votación y el alejamiento que en estos 9 años ha tenido del progresismo PAIS. Aun cuando en intención de voto, como muchas regiones del país,  se inclina por el precandidato Lenin Moreno, este no ha definido ni siquiera su participación.

La ciudad, desde que el país retornó a la democracia, tiene una preferencia electoral definida, que en lo ideológico va de la socialdemocracia hasta el centro y en el estilo de gobierno desde un antiautoritarismo histórico hasta ciertos imaginarios particulares que el gobernante debe cumplir. Estos factores hacen de Quito un nicho electoral que no ha sido capitalizado aún por los hasta ahora visibles aspirantes a Carondelet.

Lo ideológico y lo regional

En las elecciones presidenciales, la capital no ha apoyado decididamente a los candidatos de derecha  y cuando en una final solo ha tenido esta opción  ha elegido el candidato serrano o el “mal menor”. En la primera vuelta del 78, el ganador fue el socialdemócrata Borja y en la segunda el binomio populista democristiano Roldós – Hurtado, rechazando a su ex alcalde, el derechista Durán Ballén. Lo mismo ocurrió en el 84 y el 88, donde nuevamente ganó en Quito la socialdemocracia. En el 92, ante dos derechistas, se inclinó por el ex alcalde Durán y en el 96 rechazó al finalista socialcristiano Nebot. En la segunda vuelta del 98, por un lojano demócrata popular, en el 2002 por Lucio, un aparente centro izquierdista, aliado del movimiento indígena y el 2006 por el progresista Correa.

Los imaginarios sobre el arte de gobernar y el antiautoritarismo

La ciudad ha beneficiado con su voto a los políticos que responden positivamente a los imaginarios propios de una sociedad heredera de atavismos coloniales. De ahí que en lo que al ejercicio del poder se refiere, hay ciertas características, parafernalia y comportamientos que deben ser practicados en la lid electoral y sobre todo una vez electo; cuyo incumplimiento  es rechazado hasta por ópticas clasistas y racistas.

Entre los candidatos más apoyados por los quiteños están aquellos patricios de alcurnia nacidos en Estados Unidos como Galo Plaza o Durán Ballén, aquellos con el estilo bonachón de éste último o el de Gustavo Noboa. Los que vendieron la imagen de elegantes estadistas, serenos y mesurados como Roldós o bien educados como Mahuad. También los que se proyectaron como intelectuales magnánimos poco confrontadores como Hurtado y Borja.

El político tiene que probar la aceptación o rechazo del quiteño, sobre todo cuando ejerce el poder debe tener presente el histórico antiautoritarismo de la capital. Por ello, la política del gobernante debe ser vista como un “arte del convencimiento”, evidenciando la negociación. No han sido del beneplácito de los quiteños aquellos presidentes que privilegiaron la centralización del poder y menos las actitudes prepotentes. Febres Cordero recibió un contundente NO en el plebiscito de 1988. Bucaram con “el pacto de la regalada gana” y “la Pichi corte” firmó su sentencia y es el estilo confrontador y concentrador del poder de Correa el que la ha ido alejando de la capital, reflejado en la pérdida de su candidato a alcalde en el 2014.

El político puesto siempre a prueba por la clase media quiteña

En gran medida la construcción de este imaginario de aceptación política ha sido liderada por la clase media quiteña. Quito es la ciudad con más clase media del país, la cual crece con muchos de los casi 60 mil nuevos habitantes que vienen a ella cada año. Estos estratos medios crecen gracias a las oportunidades de empleo, la oferta de educación superior y por el incremento de ingresos y consumo de los años recientes. Esta clase media, desde la más modesta residente de los barrios urbanos del Sur, hasta la de los quintiles cuatro y cinco, que habitan en la González Suárez y Cumbayá, es la que brinda su apoyo a aquellos políticos que durante la campaña conjugan formas cercanas a su habitus y axiología.

Para las clases medias quiteñas, las grotescas maneras de Bucaram y Lucio no fueron bien vistas. La clase media sacó a relucir los rezagos de la visión colonial de castas y refutó las longas y cholas formas de Lucio y de Abdalá, respectivamente. La clase media mostró su rechazo no solo a los errores de fondo que estos cometieron, vinculados a la corrupción, nepotismo y falta de gobernabilidad, sino sobre todo a la imagen proyectada por ellos desde la forma: discordante con la idiosincrasia  clase mediera.

Este ha sido el sector más influyente en el derrocamiento de los dos presidentes que incurrieron en los pecados mencionados y la mayor permanencia en Carondelet del tercero, a pesar de generar la mayor crisis económica del país, quizás se debió al cumplimiento que Mahuad, caballero de Harvard hizo de esa parafernalia.

Lo reciente y su proyección

Las fallida reelección del alcalde Barrera en el 2014 puede verse no solo desde los errores de su campaña sino también desde el rechazo de Quito a la percepción de un alcalde sometido al primer mandatario, que apoyaba la reducción de libertades y la concentración de poder y autoritarismo del presidente Correa. Esa elección fue el primer síntoma de la falta de apoyo que crece en la capital hacia el partido de gobierno. Rechazo mostrado en las jornadas de protesta de junio del año pasado, conducidas por la clase media de izquierda y de derecha.  Esto pasará factura en número de votos al candidato oficialista y más aún si el oficialismo no logra tener como presidenciable por PAIS al quiteño por adopción Lenin Moreno.

Es difícil el momento electoral que deberá enfrentar PAIS en Quito. La clase media capitalina que dio la victoria a Rafael Correa en el 2006, tiene en su seno a muchos de los desencantados de la “Revolución Ciudadana”. Las simpatías con la propuesta PAIS han decaído al incumplirse promesas de campaña o al no tomarse en cuenta otras sensibilidades, como las agendas juveniles y de género. Al ver descontinuarse propuestas como la economía popular y solidaria y, sobre todo, al perder ese esperanzador carácter consultivo que tenía el gobierno hasta antes del 2013.

Desde los Yasunidos, los colectivos culturales, GLBTI y antitaurinos, entre otros, hasta los descontentos con los procesos de reforma a la justicia y los “protestones de las Shyris” en contra de las leyes a la Herencia y la Plusvalía, son actores políticos que incluso ven en Correa al enemigo estratégico y a su candidato como la voz que hace eco al ventrílocuo.

En varias partes del país, pero sobre todo en Quito, hay un abanico poblacional amplio que tiene su punto de intersección estar en contra de Correa y en menor medida en contra de su partido PAIS y la propuesta de gobierno. De ellos muchos, y no solo los nostálgicos de la ID, quieren plasmar el ochentero slogan de justicia social con libertad. Percibiendo la libertad como contrapuesta al autoritarismo, lastimosamente una de las características del presidente e inmanente a la agenda populista/progresista de toda la región. Mirando la justicia social como la radicalización de muchos de los ejes de trabajo emprendidos en estos 9 años de revolución ciudadana. Si PAIS quiere mejorar su situación en Quito, el presidente debe mostrar cambios en su práctica confrontativa. El tiempo corre en su contra, pues si lo hace “ad portas” de las elecciones, Quito responderá como lo hizo en el 2014, ante la eliminación de las multas.

El voto de esta clase media en general y de la quiteña en particular, será de vital importancia en las próximas elecciones. Una agenda alternativa y una propuesta política que conjugue con sus visiones de país podría llevarse sus votos, los de un sector que hasta ahora no se siente plenamente representado. El candidato beneficiario sería un serrano que logre el apoyo de los quiteños desde el respeto de su habitus y sea a la vez consciente de los ritos de gobernabilidad que gusta a su clase media. Debe ser un demócrata no impostado, apadrinando por un amplio espectro de alianzas de la izquierda  al centro más amplio. En el espectro electoral que se muestra, aquel que conjugue esas características se haría con la victoria.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Gonzalo Ordóñez
Mariana Neira
Fernando López Milán
Diego Chimbo Villacorte
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Gianna Benalcázar
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