Back to top
30 de Mayo del 2022
Ideas
Lectura: 9 minutos
30 de Mayo del 2022
Rubén Darío Buitrón
Quito, sin periódico referencial
0
La poca gente que aún busca el periódico de papel va decepcionándose de que “su diario” ya no sea tal, es decir el diario que hasta hace pocos años lo representaba, lo situaba en su entorno, le hacía ver las cosas que muchos solo miraban sin ver, le contaba lo que debía saber, le daba identidad y pertenencia.

El gran periodista español Miguel Ángel Bastenier, exsubdirector de diario El País de España y uno de los inolvidables maestros de los cuales aprendí el oficio, solía decir que en el siglo XXI los grandes periódicos impresos entrarán en una pendiente que irá desapareciéndolos en la medida en que no entiendan el rol que deben cumplir con el cambio de época y el cambio de parámetros de las nuevas generaciones de lectores.

Bastenier (1940-2017) solía dividir a los periódicos en referentes, de proximidad e híbridos. Los referentes, que constituían su especialidad, eran, según él, los medios de comunicación que sintonizaban con el debate colectivo nacional acerca de los problemas, los debates y los temas más relevantes para el conjunto de la sociedad.

El maestro veía, con horror y preocupación, cómo los grandes periódicos impresos latinoamericanos iban perdiendo su rumbo al temer la creciente irrupción de los periódicos de contenido popular o mixtos.

Pero le quedaba claro, y así lo decía tanto a los dueños de las empresas como a sus editores y periodistas, que la solución para mantenerse vivos y ejercer influencia en cada uno de los países no estaba en parecerse a los que venían detrás.

Por el contrario, el quid para sostener sus fortalezas, su integridad y sus valores estaba, precisamente, en tomar distancia de ellos.

¿Qué implicaba esa distancia?

Implicaba asumir la responsabilidad de hacer lo que sus presuntas amenazas mediáticas nunca harían: investigar, ser perros guardianes de la democracia, mostrar una actitud de contemporaneidad, trabajar en la variedad de géneros y formatos, indagar las distintas necesidades de los lectores, velar por la calidad de las historias que se cuenten, tener la capacidad de liderar la discusión nacional y manejarse como espacios ideológicamente plurales, críticos, reflexivos y equilibrados tanto en lo político como en los asuntos relacionados con todas las diversidades (étnicas, sexuales, deportivas, culturales, gremiales, etcétera).

Bastenier confiaba que, en el caso del Ecuador, los dos grandes referentes seguirían siendo El Comercio, de Quito, por ser la capital política del país, y El Universo, de Guayaquil, por ser la capital comercial.

Afirmaba que, si los dos medios impresos asumían su responsabilidad con el país, ambos serían los periódicos a los cuales los ciudadanos de todo nivel (desde quien detenta el poder hasta la gente de a pie) tendrían la obligación y el deber de seguir y tomar en cuenta por considerar que los dos periódicos tendrían que ser los espacios trascendentes para la deliberación nacional.

La poca gente que aún busca el periódico de papel va decepcionándose de que “su diario” ya no sea tal, es decir el diario que hasta hace pocos años lo representaba, lo situaba en su entorno, le hacía ver las cosas que muchos solo miraban sin ver, le contaba lo que debía saber, le daba identidad y pertenencia

Pero no ha sido así, sobre todo en el caso de El Comercio. Por sus crisis internas —tanto familiares como administrativas—, este periódico ha venido hundiéndose en sus propios conflictos, en su caos disimulado, en su desorientación informativa, en su duda evidente de no saber qué clase de medio de comunicación debe ser.

Por esas y otras razones, entre ellas porque se lo relaciona con “El Fantasma” González, un polémico personaje internacional que es su nuevo propietario, la empresa y los contenidos informativos sufren una sostenida pérdida de credibilidad y de confianza, problemas financieros y una caída rotunda de su legitimidad ética al no cancelar por meses o años las liquidaciones y las indemnizaciones que debe a sus ex trabajadores y ex periodistas.

La reducción de su tamaño (de tipo sábana a berlinés) es simbólica: también se ha reducido su poder para mantenerse como el escenario donde se expresan las cosas y la cotidianidad de la institucionalidad del Estado (gobierno, asamblea, organismos de justicia) y donde se guarda respeto por la historia y la tradición de la ciudad.

Según un informe de la World Association of Newspapers (WAN), citado por Bastenier en su libro Cómo se escribe un periódico, “en la medida en que la sociedad digital cambie nuestras formas de vida, y se vean afectados la naturaleza del poder y los sistemas de control de ese poder, la prensa también se transformará. Aunque algunos impacientes empiecen a dudarlo, la aparición de la sociedad digital constituye, en gran medida, un cambio de civilización. Los periódicos son, desde muchos puntos de vista, un producto del pasado. Desde el siglo XVIII hasta nuestros días apenas han evolucionado y una constante de su historia es la correlación que guardan con las instituciones políticas. Si los periodistas pertenecemos al establishment es porque desde su inicio, los diarios formaron parte de él”.

¿Cuál es, entonces, el grave problema que vive un periódico como El Comercio, que debería ser el más importante del Ecuador por situarse en el centro de las decisiones de Estado, sobre todo en la política y en la macroeconomía?

Aparte de la crisis interna que ese periódico ya tiene, con una duración de al menos cinco años, existe un problema de concepto.

En el libro de Bastenier, cuando él me consulta sobre lo que ocurre en nuestra prensa, yo sostengo que “los medios latinoamericanos se miran en referentes culturales ajenos. Los lectores y los medios ecuatorianos admiran a El País, a The Washington Post, a The New York Times e, incluso, a El Tiempo de Bogotá. Quieren parecerse a ellos dejando atrás la posibilidad de ser originales, de armar procesos periodísticos a partir de su identidad. En unos casos se da una manera elitista y demasiado distante de seleccionar temas, porque falta contextualización y análisis propios. En otros casos, ordenan su agenda según jerarquías tipo CNN, pero no de acuerdo con lo que el propio medio debería creer importante para su público”.

En el libro sostengo que otra manera de perderse en el océano y convertirse en un medio náufrago que termine convirtiéndose en su propia isla es que “muchos grandes diarios hacen un periodismo para ellos mismos: jefes, dueños o amigos, y para quienes ejercen el poder. ‘Periodismo para quienes toman decisiones’, lo llaman. Hacen un periodismo donde un laberinto de espejos les impide ver que millones de personas no están atrapadas en la red de hiperpolitización, sino que viven el día a día con otras sensibilidades, con otras urgencias que no se cuentan en los medios”.

Esa hiperpolitización, según Bastenier, se refiere a un periodismo declarativo, superficial, entrecomillado, poco o nada analítico, poco o nada contextualizador, poco o nada profundo, poco o nada conectado con la gente común, poco o nada singular, poco o nada investigativo, poco o nada narrativo.

La poca gente que aún busca el periódico de papel va decepcionándose de que “su diario” ya no sea tal, es decir el diario que hasta hace pocos años lo representaba, lo situaba en su entorno, le hacía ver las cosas que muchos solo miraban sin ver, le contaba lo que debía saber, le daba identidad y pertenencia.

Diario El Comercio ha dejado de ser todo eso y hoy se encuentra en una situación tipo limbo. Es y no es. Se parece y no se parece. Sus grandes coberturas, algunas épicas, han quedado en el olvido. Sus mejores periodistas se han marchado o han sido despedidos. Ya no están los equipos humanos (articulistas, editores, fotógrafos, diseñadores, ilustradores, creativos) que lo sostenían con mística, vocación, inteligencia, creatividad y sintonía con sus lectores.

Así, Quito —la capital política e histórica del Ecuador— ha perdido a su periódico referencial.  Al ocurrir esto, se pone en riesgo parte de la identidad como ciudad narrable desde las páginas de un diario. Si El Comercio no vuelve a recuperar la confianza de sus lectores y de la comunidad, habrá traicionado su esencia y el espíritu fundacional que le dio vida.

[PANAL DE IDEAS]

Andrés Quishpe
Alfredo Espinosa Rodríguez
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Giovanni Carrión Cevallos
Pablo Piedra Vivar
Carlos Arcos Cabrera
Fernando López Milán
Rubén Darío Buitrón
Patricio Moncayo
Mariana Neira
Alexis Oviedo

[RELA CIONA DAS]

Inundaciones al norte de Quito, una zona de expansión urbana
Redacción Plan V
Alquimia y poesía
Fernando López Milán
La disputa por las paradas en Quito sigue: Sarmiento Publicidad seguirá operando
Redacción Plan V
La despedida de Diego Oquendo Silva
Redacción Plan V
Destruir: ¿la nueva ética indígena?
Rodrigo Tenorio Ambrossi
GALERÍA
Quito, sin periódico referencial
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Ecuador evalúa el nuevo escenario de la lucha antidrogas frente a Gustavo Petro
Redacción Plan V
El círculo jurídico de Leandro Norero impulsó el habeas corpus para Jorge Glas
Redacción Plan V
La advertencia de Aparicio Caicedo a Raúl González para que renuncie: "vas a ver lo que pasa"
Redacción Plan V
Inundaciones al norte de Quito, una zona de expansión urbana
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El círculo jurídico de Leandro Norero impulsó el habeas corpus para Jorge Glas
Redacción Plan V
Los pecados del boom inmobiliario de Quito según la Contraloría
Redacción Plan V
Bien Futuro: Una nueva fórmula para tener casa propia que reducirá el precio de las viviendas
Redacción Plan V
¿Qué hay detrás del juicio político del correísmo contra la Judicatura?
Redacción Plan V