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1 de Octubre del 2014
Ideas
Lectura: 7 minutos
1 de Octubre del 2014
Clemente Orellana Sáenz

Médico especializado en la Universidad de Navarra en España. 

Recuerdos militares
Estas vivencias dentro de las Fuerzas Armadas implican tener una “cosmovisión” diferente como civil de lo que es el soldado ecuatoriano, su formación, trabajo duro, difícil, lleno de abnegación, sacrificio, yendo de lado a lado en Sierra, Costa y Oriente con sus muebles, esposa e hijos, con sueldos miserables.

Como hijo de un brillante oficial de Caballería de Sangre, el general de división del Ejército ecuatoriano Julio Gonzalo Orellana Barriga, héroe de la guerra de 1941, nací en el Hospital Militar ubicado en San Juan y que ahora es un museo.  

Antes estuvo ahí un batallón en donde mi abuelo, el teniente coronel de Estado Mayor Alfonso María Sáenz fue el jefe. Por ello,  desde mi tierna infancia fui “ratón de los cuarteles de caballería”, en el Batallón Teniente Hugo Ortiz (otro héroe de 1941) inmolado ese año y por el cual lleva su nombre que estaba ubicado a orillas del río Machángara en la ciudad de Cuenca, lindando con el “Cazadores de Los Ríos” mítico batallón también de caballería comandado por el mayor Carlos Borja Guerrón.

Mi padre era el jefe del “teniente Ortiz” ambos oficiales de la promoción del Colegio Militar Eloy Alfaro de 1939; tuve dos años de vivencia (1958-59) que quedaron impregnados en mi alma, porque con mi hermano Diego formábamos a los 5 y 7 años respectivamente en el patio del cuartel impecablemente uniformados de verde con mi padre recibiendo el parte. La caballería es el arma más noble de los ejércitos en la historia de la humanidad, con un rol vital en el desarrollo de las batallas.

En aquel tiempo, había un divorcio severo entre el estamento militar y la sociedad civil de Cuenca que se reflejaba en rencillas permanentes; mi padre integró a las partes y se inició un nuevo tipo de relación que se cristalizaría con su retorno en 1967 como Jefe de la Tercera Zona Militar, dentro de una dialéctica de unión entre el pueblo armado y el civil.

En “La Remonta” en Riobamba, en 1960, estaban los más bellos ejemplares árabes de la Caballería ecuatoriana, mi padre tenía el “Calfuman” un brioso corcel árabe de color negro con una alzada espectacular y en el cual se coronó campeón de salto en ese año; el palafrenero iba con ese caballo a verle en la casa para que acuda al trabajo porque no había auto para el jefe.

Junto a La Remonta estaba un batallón de tanques, el jefe era el mayor Zabala después también general, con los hijos de él y mi hermano Diego pasábamos metidos en los tanques jugando a los soldados. Con el tiempo se asentaría ahí la famosa Brigada de Caballería Mecanizada Galápagos, que catalizó la derrota del general Raúl González Alvear en su fallido “golpe de Estado" en contra del general Guillermo Rodríguez Lara el 1 de septiembre de 1975, en que después de la toma del Palacio de Carondelet, Rodriguez regresó con los efectivos de la Brigada Galápagos y retomó el poder y el maltrecho Palacio de Carondelet; sin embargo, el Gobierno de Rodríguez Lara estaba herido de muerte y saldría pocos meses después.

Luego mi padre fue nombrado jefe del glorioso Batallón “Yaguachi”en 1962. Este batallón, cuyo origen se remonta a las guerras de la independencia, estaba ubicado en el Valle de Los Chillos, a la entrada de Sangolquí,en la antigua hacienda de Juan Pío Montufar Marques de Selva Alegre y prócer de la Independencia. Ahí íbamos todos los sábados a las 05:00 con el mayor Coral, el segundo jefe, y mis hermanos Claudia y Diego y regresábamos en la tarde, nos dedicábamos a montar a caballo, a caminar, hacer excursiones, pasearnos por los jardines, nos comíamos una deliciosa “pasta” acompañada de una cola, alimento apetecido por los niños de esa época, al que ahora le caerían los impuestos por comida “chatarra”.

Cuando a mi padre le dieron el pase para ser jefe del “Febres Cordero” acantonado en El Oro ya nAdmo pudimos acompañarle por la enorme complejidad de trasladar a cinco hijos que ya estábamos en el colegio  La Salle los varones y la única hermana en Las Mercedarias; sin embargo, yo seguí acompañándole a mi padre a muchos actos castrenses hasta cuando tuve 47 años, porque después de pasar al servicio pasivo en 1971 se mantuvo 23 años más como director de los museos militares y director de Desarrollo de las FF.AA. esto es 3 años antes de su muerte de 81 años.

Estas vivencias dentro de las Fuerzas Armadas implican tener una “cosmovisión” diferente como civil de lo que es el soldado ecuatoriano, su formación, trabajo duro, difícil, lleno de abnegación, sacrificio, yendo de lado a lado en Sierra, Costa y Oriente con sus muebles, esposa e hijos, con sueldos miserables. Admirar a mi padre con sus diferentes uniformes, era parte de nuestra vivencia diaria, muy vistosos por cierto y esto produce una imbricación psicológica, motiva un vínculo con las Fuerzas Armadas y nos hace seguirlas muy de cerca en todo el proceso de desarrollo y evolución y nos duele cuando se las ataca, se las minimiza, se quiere disminuirlas con proyectos absurdos como el de que se hagan bomberos, policías o guardias forestales. Eso es romper la vocación, la llamada íntima de querer y hacerse militar con todo lo que ello implica.

Con la firma de la paz con el Perú, en octubre de 1998, se han estructurado los “libros blancos” se quiere disminuir el pie de fuerza, el número de batallones, de cuarteles de sitios físicos y legendarios, en otras palabras se está “desmantelando” a nuestro Ejército; dicen que es una reingeniería, que los tiempos han cambiado, que los objetivos son otros, que ahora deben ayudar en la “seguridad interna”, que las instalaciones están metidas dentro de las ciudades, en fin una gran cantidad de argumentos en donde las cúpulas militares en unión con los ministros de Defensa que pasan en los diferentes gobiernos, muchos de ellos sin los conocimientos necesarios, desde que hace años se dejó de nombrar a generales retirados de amplía trayectoria y ahora ocupan el cargo civiles que jamás han tenido una relación con las Fuerzas Armadas. que pasan por la institución sin dejar ninguna huella y son los autores de los recientes cambios en el orgánico de la Fuerza. El nuevo ministro Fernando Cordero afronta un reto enorme en un terreno difícil y complejo, esperamos le vaya bien.

C_orellana@hotmail.com

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