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9 de Abril del 2018
Ideas
Lectura: 4 minutos
9 de Abril del 2018
Los responsables del delito son los delincuentes
Ahora, este enemigo: el crimen organizado, recubierto de un barniz político, chantajea al Estado ecuatoriano e intenta manipular a la opinión pública, pretendiendo que la suerte que corran los secuestrados no será el resultado de sus decisiones, sino de la respuesta que el gobierno dé a sus demandas.

Una de las principales funciones de un Estado es procurar la seguridad de sus ciudadanos y, por tanto, combatir el crimen que la quebranta. Sin embargo, y más allá de lo bien que desempeñe dicha función, el crimen seguirá ocurriendo, pues constituye una manifestación inevitable del conflicto inherente a todas las sociedades humanas.

El responsable del crimen es —verdad de Perogrullo— quien lo comete. Pero, a veces, el criminal  justifica su delito con razones políticas o ideológicas. Y al hacerlo, transfiere su responsabilidad a un tercero —por lo general, el Estado— que no ha participado ni en la planificación ni en la perpetración del crimen.

La transferencia de la responsabilidad criminal a un tercero suele ser muy exitosa. De manera que, en muchas ocasiones, la opinión pública pasa por alto el chantaje que tal transferencia implica. Su éxito en la modelación de la opinión pública la ha convertido en una de las estrategias preferidas del terrorismo de diverso cuño. De ahí, que haya sido usada en el caso de los periodistas del diario ecuatoriano El Comercio, secuestrados recientemente por una facción disidente de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC).

Ciertamente, uno de los factores que facilitó no solo el secuestro de los periodistas, sino la creación de una especie de zona franca del crimen organizado en la frontera colombo-ecuatoriana, fue el proyecto autoritario impulsado por el gobierno de Rafael Correa y Alianza País. Proyecto que pretendía transformar la fuerza pública en un cuerpo armado al servicio del gobierno y su partido y no del Estado, con el fin de perpetuar a Correa y su camarilla en el poder.

Con el propósito de instalar un mando militar susceptible de ser manipulado, el gobierno descabezó, irresponsablemente, varias cúpulas de las Fuerzas Armadas y generó un ambiente de conflictividad entre la tropa y los altos mandos. Negó la existencia, y hasta la posibilidad de existencia,  de un enemigo externo y pretendió que las Fuerzas Armadas intervinieran de manera directa en la represión del enemigo interno creado por el gobierno: las organizaciones de la sociedad civil, la oposición política, los periodistas. El enemigo externo, sin embargo, existía, existe, y ha penetrado en Ecuador, donde interactúa con fuerzas criminales endógenas, producto de la dinámica del conflicto social de nuestro propio país.

Ahora, este enemigo: el crimen organizado, recubierto de un barniz político, chantajea al Estado ecuatoriano e intenta manipular a la opinión pública, pretendiendo que la suerte que corran  los secuestrados no será el resultado de sus decisiones, sino de la respuesta que el gobierno dé a sus demandas. Ante la opinión pública, los delincuentes presentan el delito —violación de la ley que debe perseguirse y sancionarse— como un bien intercambiable por otros: la vida de los demás o la permisividad frente al crimen.

¿Quiere decir esto que el Estado es tan responsable del secuestro de los periodistas de diario El Comercio como los narcoterroristas de las FARC? ¡No! Si bien el Estado ecuatoriano —como cualquier otro  Estado— tiene la obligación de crear las condiciones sociales necesarias para reducir las tasas de criminalidad en su territorio y perseguir y sancionar a quienes delinquen, no puede impedir que el crimen —aunque en tasas reducidas— se produzca.

Todos esperamos que los periodistas secuestrados vuelvan sanos y salvos a sus casas. Pero solo sus secuestradores pueden garantizar que ello ocurra. El gobierno ecuatoriano está obligado a hacer todo aquello que sus funciones lo permitan. Sin embargo, la decisión final, es decir, la responsabilidad última, es únicamente de sus captores.

 

 

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