Back to top
16 de Junio del 2024
Ideas
Lectura: 7 minutos
16 de Junio del 2024
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Roque Espinosa: Un intelectual multifacético
0
Sus observaciones críticas eran agudas, cargadas de ironía y acompañadas de algún adjetivo de grueso calibre. Era, sin lugar a dudas, un erudito irreverente, el más irreverente de los que he conocido. Creo, sin embargo, que su verdadera pasión fue la literatura.

Roque Espinosa murió. La última vez que lo vi fue hace un año. Nos encontramos por casualidad en un restaurante en aquel lugar tan especial que es Pululahua, el cráter del volcán extinguido. Nos dimos un abrazo que borró las distancias, los desencuentros y reafirmó la comunicación sin palabras de una larga amistad. Lucía muy deteriorado. Lo que quedada del enérgico y activo Roque era su mirada incisiva. Charlamos un rato, intercambiamos las preguntas de rigor y evitamos referirnos a sus evidentes problemas de salud.

Lo conocí en 1975 cuando él hacía su maestría en Economía en la Católica de Perú, luego de lo cual se incorporó como profesor el departamento de Ciencias Políticas de la PUCE, donde iniciamos nuestra vida académica. Nunca dejó de sorprenderme. Era un lector voraz, sistemático y con una memoria insuperable. En aquellos años, el marxismo era la corriente dominante en los estudios sociales y creo que Roque fue uno de los únicos profesores que recorrió la obra de Marx de comienzo a fin, especialmente El capital. Su afán de conocimiento no tenía límites y cuando descubrió Max Weber, también lo agotó. Sosteníamos largas discusiones sobre libros como La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Así fue con Nietzsche y luego con Foucault, Derrida, Levi Strauss, Barthes y la sociología latinoamericana. Sus observaciones críticas eran agudas, cargadas de ironía y acompañadas de algún adjetivo de grueso calibre. Era, sin lugar a dudas, un erudito irreverente, el más irreverente de los que he conocido. Creo, sin embargo, que su verdadera pasión fue la literatura. Era imposible referirse a un novelista o poeta sin que él lo hubiera ya leído y admirado o destruido. No había medias tintas en sus juicios. Sabía que escribía, aunque solo conocí sus textos cuando los publicó en los años noventa. Eran los límites impuestos por la amistad en un terreno difícil, por lo menos para mí, que mantenía oculta mi vocación literaria. Por último, Roque era un investigador incansable y minucioso.

En los ochenta, los temas sobre campesinos y haciendas eran centrales en la reflexión de las ciencias sociales. A partir de las discusiones, diálogos, lecturas y búsqueda en archivos, publicamos de manera independiente un par artículos sobre el mundo rural andino, acerca de una institución que marcó las relaciones sociales en Ecuador: el concertaje de indios. En su momento fueron muy leídos luego de su publicación en la revista Cultura, del Banco Central, dirigida por Irving Zapater.

Todo este diálogo intelectual no solo ocurría en medio o como parte de nuestra actividad académica, sino también fuera de la misma. En 1980, junto con Walter Sartoretto y su esposa Laura, Eulalia Flor, María Stella y algunos estudiantes de Antropología de la PUCE, apoyamos el último gran movimiento en el país de lucha por la tierra, en torno a la hacienda Talahua. Allí Roque cumplió un papel central gracias a su primigenia formación de abogado, al determinar la estrategia jurídica que debían seguir los huasipungueros y trabajadores de la hacienda, prácticamente abandonada por sus propietarios.

La vida finalmente llevó a que tomáramos rumbos profesionales distintos. El diálogo se interrumpió y dejamos de vernos, aunque no por eso mermó mi interés por lo que escribía. Leí sus cuentos publicados bajo el título Imágenes en un espejo ciego (1990), la obra de teatro Hacia un mismo anhelado comienzo (2000) y el libro de cuentos me descambias la vida (2006). Este último lo leí en un largo viaje a Madrid. Entonces me llamó la atención el cuento la giralda. En estos días, luego de enterarme de su muerte, volví a leer me descambias la vida. Fue la forma de retomar el diálogo que la vida silenció. Son cuentos en dos registros distintos: unos desoladoramente íntimos y otros más afines al realismo social, todos con su particular estilo y sin mayúsculas. El cuento que abre el libro, un hermoso cadáver, tiene como trasfondo la intrascendencia del trabajo del historiador, del investigador de archivos. ¿Cuánto de su propio desencanto con respecto a su vocación de historiador en aquel momento de su vida se desliza en el texto? La lozanía del cadáver del profesor de Historia, cada vez más evidente mientras trascurren los días, atrae a una multitud. La viuda reflexiona:

«nadie más que esas gentes compasivas y buenas parecía que hubiesen entendido ese esfuerzo espiritual, el trabajo creador, la modesta labor que se hace en los archivos en donde se traga polvo, para terminar escribiendo un mísero artículo que nadie comprende, entiende y acepta, y que, en algún libro olvidado, regalado apresuradamente a una biblioteca, va a volver a acumular polvo […] hasta que venga otro investigador […] que lo desempolve y reinicie ese largo y difícil proceso de desempolvar archivos y papeles, para escribir otros papeles que servirán para aumentar los anaqueles y el polvo de los estantes».          

Lo que sobrevivirá serán las recetas de cocina que permitieron que el profesor de Historia se transformase en un hermoso y lozano cadáver y que la empleada de la casa se hiciera rica. A pesar de la desencantada experiencia del personaje del cuento, Roque hizo de la investigación histórica el eje de su actividad académica, aunque sus trabajos también abarcaron otros campos. Su libro Desmemoria y olvido: la producción arrocera en Ecuador, 1900-1950 (2014) fue su último y más significativo aporte a la historia económica del Ecuador. Tuve la buena fortuna de hacer una breve reseña del libro en cuanto fue publicado. Reproduzco la frase final:

«El voluminoso y complejo estudio es, en los hechos y en estricto sentido, una Nueva Historia, pues replantea la forma en que se ha construido la historia económico-social del Ecuador del siglo XX. Concluye con un homenaje a una literatura que en el pasado dio cuenta de la realidad. Recuerda Espinosa que nadie pensó sobre la producción arrocera, exceptuando el gran escritor Enrique Gil Gilbert en la novela Nuestro pan».

La vida está llena de paradojas, una de ellas es que ni Roque —uno de los intelectuales más destacados de mi generación— ni yo nos dimos oportunidad para conversar sobre sus cuentos ni mis novelas; tampoco sobre la desmemoria y el olvido. El tiempo y todo lo vivido, inevitablemente, se desvanecen.

[PANAL DE IDEAS]

Mariana Neira
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
María Amelia Espinosa Cordero
Aldo Lorenzzi Bolaños
Milagros Aguirre
Juan Carlos Calderón
Giovanni Carrión Cevallos
Alexis Oviedo
Alfredo Espinosa Rodríguez

[RELA CIONA DAS]

Un movimiento sale al rescate de los tesoros ocultos de Guayllabamba
Redacción Plan V
Feria del Libro de Quito: libros, agresiones verbales y 60 mil asistentes
Eduardo Varas C.
FIL de Quito: la vitrina correísta
Fernando López Milán
La reinvención de Paul Auster
Marlo Brito Fuentes
Informe para el lector kafkiano
Carlos Vásconez
GALERÍA
Roque Espinosa: Un intelectual multifacético
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Carlos Pólit dice que no huyó de Ecuador en 2017 e insiste a la Corte que lo libere hasta su sentencia
Redacción Plan V
Atentado a Trump: el camino a la Casa Blanca está allanado
Ugo Stornaiolo
Crimen organizado, delincuencia común e invasores asechan las áreas protegidas
Redacción Plan V
Agencia minera propone a la UAFE firmar un convenio tras la investigación sobre las exportadoras fantasmas de oro
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Una red de empresas fantasmas en Ecuador exportó 500 millones de dólares en oro
Por Plan V y medios aliados
Feria del Libro de Quito: el chasco del periodismo cultural
Miguel Molina Díaz - Escritor
El correísmo no pierde tiempo en su intento de hacerse de la Judicatura
Redacción Plan V
José Serrano habla de narcotráfico y relaciona a Ministro de Agricultura
Redacción Plan V