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28 de Enero del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
28 de Enero del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¡Salvar a Venezuela!
Venezuela se ha convertido en el representante de las crisis éticas, políticas y económicas de América Latina: desde la Patagonia hasta la frontera norte mexicana. Por doquier el maléfico y atávico signo de la corrupción y de la deshonra política disfrazada de revolución.

¿Qué pasará con Venezuela luego de que Guaidó se proclamase su presidente para dejar de lado al corrupto e inepto Maduro? ¿Qué pasará luego de que Guaidó ha recibido el respaldo de casi todos los países latinoamericanos, incluido Ecuador, de Estados Unidos y de Europa? 

Venezuela se ha convertido en el representante de las crisis éticas, políticas y económicas de América Latina: desde la Patagonia hasta la frontera norte mexicana. Por doquier el maléfico y atávico signo de la corrupción y de la deshonra política disfrazada de revolución. Por todas partes el hambre, ese pérfido caldo de cultivo que da lugar a que en él aparezcan y se reproduzcan los supuestos redentores cuando, en verdad, no se trata más que de perversos oportunistas que más pronto que tarde se levantan con el santo y la limosna. Estafadores y ladrones.

Un día apareció el primer redentor, un militar hambriento de poder y de dinero. Chávez supo engañar lo suficientemente bien como para apropiarse no solo del poder sino también y sobre todo de las esperanzas de un pueblo agobiado por la corrupción social y política. Chávez, se declaró redentor y con su vozarrón de viejo militar anunció a Venezuela y a América que él provocaría la nueva independencia de América. Y como su poder no fuese lo suficientemente grande para detener al fantasma de la muerte, dejó a Venezuela en herencia a un astuto, ambicioso e ignorante chofer de camión.

¿Tan sencillamente simplones en el campo socio-político serán nuestros pueblos que se dejan fácilmente embaucar con el cuento de la revolución y de la redención? ¿Ha sido y es tan grande y grave el mal manejo político y económico de la democracia que basta que alguien se declarase redentor para que el pueblo lo siga ciega y ovejunamente? Rediles de Chávez, de Morales, de Correa, de Ortega: políticos esencialmente corruptos y corruptores.

Les bastó repetir incansablemente la palabra revolución para convertirse en redentores. Pocos sabían que se trataba de lobos vestidos de oveja. Así rápidamente se apropiaron de sus países y los convirtieron en la mejor empresa para producir millones de millones de dólares que se repartieron entre sí. Y todos siguen con las manos limpias y sus corazones ardientes por el dinero corrupto. 

Chávez se convierte en revolucionario porque él lo dice, porque se va en contra de los ordenamientos democráticos estatuidos. Es revolucionario, no por sus acciones sino por calificación personal. La revolución consiste en el apoderamiento del poder y en la persecución  a la democracia tratada como el peor de los enemigos. ¡Maduro elegido democráticamente! 

Muere Chávez y deja en herencia el país a Maduro, un auténtico minus habens pero infinitamente hinchado de ambición. En muy poco tiempo, el que conversaba con el espíritu de Chávez encarnado en un pajarito, se adueña de Venezuela, la rica y poderosa, y la conduce al abismo de la miseria y de la desolación social y económica.

¡Pobre Venezuela! Un numeroso grupo de sus ciudadanos, para no morir de hambre, se ha visto obligado a migrar heroica y peligrosamente al resto de países latinoamericanos. Pobre Venezuela en manos de un Maduro que perversamente ha sabido rodearse de una cohorte de aduladores que lo protegen y que no cesan de alabarlo al tiempo que disfrutan lo que sobra de la mesa del amo. Pobre Venezuela empobrecida hasta el extremo de la mendicidad. Pobre Venezuela con un ejército de aduladores que veneran a Maduro como al nuevo dios. 

En la Venezuela de Maduro, todo es ilegal e ilegítimo. Todo huele a cloaca política, incluidas las fatuas alabanzas de otros presidentes latinoamericanos que han seguido su libreto. Maduro, Morales y Ortega: ¿cómo va a querer dejar el poder que a dos manos les provee de aquello que jamás tuvieron? Pero sobre todo que les da la sumisión reverente de sus pueblos. Como Morales adueñado de Bolivia, como Ortega vil asesino de su pueblo. Como Correa que, con sus ministros y sus manos limpias, se alzó con el santo y la limosna. Como la Kirchner que, con sus acólitos, no sabe en dónde más esconder los millones robados a los argentinos. Como Ortega que baña de sangre la tierra de Rubén Darío (del que a lo mejor no tenga noticia alguna). Y pese a ella, inocentes.

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea nacional, se proclama presidente legítimo de Venezuela como respuesta a la reelección ilegal e ilegítima de Maduro. Y la parte libre del país lo acepta y lo defiende. Y primero los Estados Unidos y luego la inmensa mayoría de países latinoamericanos lo reconoce, incluido Moreno, incluidos los Organismos Internacionales. Nadie en Occidente quiere a Maduro, nadie que políticamente valga la pena deja de sentir vergüenza de que ese señor sea presidente de la patria de Bolívar a la que ha conducido al borde del despeñadero definitivo. 

Por fin Moreno toma abiertamente partido por la libertad y la democracia. Por fin dice NO a los extremismos políticos latinoamericanos que se disfrazan de redentores, de revolucionarios, de mesías. Todos sabemos que lo único que buscan es el poder y su propia salvación económica. Si no, pregúntenle a la señora Kirchner y sus adláteres. Maduro come y viste muy bien y ronca toda la noche. Su pueblo se muere de hambre y de enfermedad. Ni qué decir de las manos limpias y los corazones ardientes de Correa y los suyos. Todos perversamente corruptos por profesión.

Pero ha llegado el comienzo del fin del chavismo asesino. Guaidó no está solo, los venezolanos no están solos. La salvación les  llegará más pronto de lo imaginado.

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