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14 de Octubre del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
14 de Octubre del 2020
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Salvoconducto 11 (¿Cuándo se jodió Quito?)
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Las élites y las antiélites políticas, económicas y culturales no encontraron un punto de coincidencia para imaginar algo así como un ciudad posible. Las dos últimas administraciones municipales y la actual (Barrera, Rodas y Yunda) son historias sin rumbo. Algo más de dieciséis años perdidos. Mucho tiempo para una ciudad colgada en el vacío: una ciudad sin ángel que ni siquiera vive del cuento.

En octubre del año anterior, Quito capital era el centro de una protesta sin precedentes contra las medidas económicas del gobierno, mientras tanto Quito ciudad ¡ardía! No es una metáfora, literalmente ardía. Quito, ciudad estaba jodida, mucho más que Quito capital.

¿Qué significa jodido, -a? Acudo a esa magnífica invención, el Diccionario de español ecuatoriano, de Fernando Miño-Garcés. Primera sorpresa: jodido es un término polisémico. Referido a las personas, tiene varias acepciones: «persona exigente (un tipo fregado), persona astuta, terca y de carácter difícil; persona que suele molestar o fastidiar a los demás continuamente. Referida a una situación, la palabra se vincula con un momento o circunstancia problemática y de difícil solución; situación apremiante o angustiosa y estar jodido, -a, es sinónimo de: «(Ec: estar cagado, -a, estar cagando en el arbolito, estar a dos cuarenta, estar caldo, estar frito, -a.). Reviso el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española. No encuentro la jodida palabra; ergo, no hay dudas sobre su uso.

¿Cuándo se jodió Quito? En la distancia  es para mí una pregunta crucial. He ido un par de veces a Quito postcuarentena. El tiempo la ha convertido en una ciudad extraña. No solo por la «nueva normalidad» de mascarillas y desinfección, sino debido a la sensación de que los hitos urbanos que hacen posible la memoria y el recuerdo han desaparecido o se han metamorfoseado al punto de que son irreconocibles. Una hostilidad soterrada circula en la ciudad, una hostilidad fortalecida por la pandemia, pero que ya antes existía y que se expresa en cada semáforo, en cada paso de cebra cuando se atraviesa una calle y se vive al momento en que los conductores aceleran con ánimos de cazar al transeúnte y cobrar una pieza. El auto en Quito es arma, prestigio, poder. ¿Ciudad amigable? Intente dar una vuelta a cualquier manzana y correrá el riesgo de terminar en el piso con un tobillo lastimado, en el mejor de los casos. No es una ciudad amigable. ¿Cuándo se jodió Quito?

Primera respuesta: Siempre estuvo jodido, así que la pregunta es improcedente. Estuvo jodido desde que el dúo Almagro-Belalcázar liquidara la resistencia inca, o más tarde luego de los sucesivos actos de fundación que se iniciaron en agosto de 1534 y concluyeron en diciembre de ese mismo año. O más tarde, cuando Pedro Diego de Harana liquidó a los que resistían a las alcabalas, unos pocos, pues la mayoría cambió de bando, o desde 1809, o de 1810. Quién sabe desde cuándo pero no cabe duda de que estuvo jodido. De ser así, pregunta y respuesta son innecesarias o no aportan nada.

Las dos últimas administraciones municipales y la actual (Barrera, Rodas y Yunda) son historias sin rumbo. Algo más de dieciséis años perdidos. Mucho tiempo para una ciudad colgada en el vacío: una ciudad sin ángel que ni siquiera vive del cuento

Segunda respuesta: Quito vive un sino complejo: capital de un Estado y a la vez, ciudad; sede del poder central y a la vez urbe con todas las complejidades propias de su condición. Quito fue la capital de un Estado que luego de casi dos siglos de penurias, descubrió el petróleo y adquirió un gran poder en términos de nuestra historia. Quito se convirtió en una urbe moderna, de una modernidad tardía y petrolera y con un notable mal gusto arquitectónico. Surgió una ciudad burocrática ligada al empleo público. La autonomía que toda ciudad demanda fue sacrificada a su función política. Quito ató su destino al efecto multiplicador del gasto público. El declive del Estado central, la crisis del modelo basado en la exportación del petróleo, arrastró a la ciudad a un callejón sin salida. La revuelta de octubre del año pasado extremó esta situación. ¿Qué separa a Quito ciudad de Quito capital?

Tercera respuesta: Quito no es una ciudad, es una suma de microciudades. Nada tiene que ver el centro histórico con el pujante sur; tampoco el nuevo centro o el centro norte, con los territorios del extremo norte como Carapungo, Carcelén o la Lucha de los Pobres, con el viejo centro o con el lejano sur: menos relación guardan las microciudades del altiplano, al pie del volcán, con los recientes asentamientos de los dos valles en que aflora un nuevo modo de vida que rodea y asfixia a las antiguas comunidades. Microciudades, microsociedades, con su microcultura, con su microeconomía, con sus micropoderes, con sus grandes desigualdades, sus macroproblemas y con la ausencia de una visión, si no común, por lo menos compartida sobre el futuro de la ciudad.

Cuarta respuesta: Las élites y las antiélites (tan élites como las primeras solo que contestatarias en diversos aspectos) políticas, económicas y culturales no encontraron un punto de coincidencia para imaginar algo así como un ciudad posible. Las dos últimas administraciones municipales y la que actualmente está en curso (Barrera, Rodas y Yunda) son historias sin rumbo. Algo más de dieciséis años perdidos. Mucho tiempo para una ciudad colgada en el vacío: una ciudad sin ángel que ni siquiera vive del cuento. ¿Cómo explicarse el silencio del Cabildo metropolitano sobre la minería, cuando es evidente que el noroccidente, su zona de reserva ambiental, la única que tiene, ha sido concesionada, hasta el último metro, a empresas mineras? Los futuros quiteños ya no irán a Mindo sino a un territorio devastado.

Quinta respuesta: No busco comparar, pues es un ejercicio inútil, pero es imposible no reconocer que, pese a todos los problemas que enfrenta, Guayaquil ha dado un salto astronómico en muchos aspectos: transporte urbano, vialidad, espacios públicos y también en el ámbito cultural. Con su exitosa Feria Internacional del Libro se convirtió en una referencia para el mundo del libro y de la literatura. En este aspecto, Quito se quedó atrás. Nuevamente el poder central se impuso a la autonomía de la vida cultural de la ciudad. Cuenca lleva años luz a Quito en el manejo de la ciudad y Loja también. ¿Tienen la ciudades algo parecido a autoestima? Si lo tienen, las microciudades que forman Quito y Quito, en tanto suma de las microciudades que la conforman, exhiben una autoestima que está por los suelos.

Sexta respuesta: Sí, lo cierto es que Quito pre y postcuarentena está jodido.

Séptima respuesta: Quito no puede dejar de ser Capital de una República, algo que paradójicamente le dio lustre y que a la vez la jodió. Aún puede luchar por una forma de administración que le permita reconocerse como una ciudad con autonomía, más allá de su condición política, una ciudad que desde su complejo pasado se reinvente. ¿Es posible?

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Salvoconducto 11 (¿Cuándo se jodió Quito?)
 
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