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28 de Febrero del 2021
Ideas
Lectura: 7 minutos
28 de Febrero del 2021
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Salvoconducto 15: ¡Patria o muerte! / ¡Patria y vida!
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Después de sesenta años en el poder, los jóvenes héroes, barbudos y revolucionarios, devinieron en una gerontocracia autoritaria, atrapada en el pasado que poco puede ofrecer a las nuevas generaciones de cubanos, tanto en la isla como fuera de ella. Los sueños de los de Sierra Maestra se convirtieron en la pesadilla de los jóvenes de San Isidro

La música, más que otras formas de arte, ha tenido la extraordinaria capacidad de expresar momentos históricos únicos. La nueva canción latinoamericana condensó el sentir de miles de jóvenes latinoamericanos en los años sesenta y setenta. Las voces de Mercedes Soza, de los Inti Illimani, de los Quilapayún, Víctor Jara, Zitarrosa, Atahualpa Yupanqui, Carlos Puebla entre tantos otros, los acompañaron en sus luchas, en sus contadas victorias y en sus sonadas derrotas. Años después, cuando la Revolución Sandinista intentó, fallidamente, cambiar la historia de Nicaragua fueron Carlos Mejía Godoy y Los de Palancagüína, quienes con sus canciones acompañaron las gestas de aquel proceso. Y cuando Ortega se entronizó en el poder, convirtiéndose en un nuevo Somoza, ellos fueron quienes lo enfrentaron.

Las voces de la nueva canción latinoamericana se escuchan cada vez con menos frecuencia, con inevitable carga de nostalgia; una nostalgia que no nos redime ni cambia la historia. Algunas de esas canciones fueron recicladas por el populismo «progre» y coreadas con la evidente intención de buscar en el pasado una legitimidad de la que carecen.

Sobrevinieron las dictaduras del Cono Sur y se desenmascaró el Estado mejicano con Tlatelolco. El rock ocupó la escena. Desde México hasta Argentina convocó a millares de jóvenes como una expresión de libertad corporal y cultural. El rock latino, rock en tu idioma, sobrevivía al margen y en contraposición al poder. Era una expresión condenada y doblemente excluida: por las élites conservadoras, católicas y liberales, representantes de la moral tradicional, y propietarias de los mass media,  y por los «progres de izquierda» (ser progre y ser de izquierda eran sinónimos).

Para los primeros era la representación de la disolución moral: inadmisible ver cuerpos desnudos, menos aún, tolerar el llamado a la libertad sexual y a la búsqueda de una dimensión distinta de la realidad. No fue la literatura del llamado Boom, sino Carlos Castaneda y Las enseñanzas de Don Juan la referencia literaria de aquella búsqueda.

Para los «progres», el rock, era la avanzada cultural del imperialismo, la enajenación de la juventud en una música que nada tenía que ver con los viejos himnos de la insurrección armada o de la lucha de masas y, además, la revolución no pasaba por los cuerpos ni por las relaciones interpersonales: el sexo no era bien visto por una izquierda pacata. Tenía igual de terror que los «reaccionarios» a esa tríada que marcó una época: sexo, drogas y rock&roll. En una estrategia que no dudo en llamarla barroca, los músicos y compositores latinoamericanos se apropiaron de los instrumentos y de los acordes, especialmente, del rock inglés, del blues y del jazz y le dieron una característica propia. No hicieron otra cosa que seguir el camino del sincretismo cultural que ha marcado la historia de la América Latina.

Después de sesenta años en el poder, los jóvenes héroes, barbudos y revolucionarios, devinieron en una gerontocracia autoritaria, atrapada en el pasado que poco puede ofrecer a las nuevas generaciones de cubanos, tanto en la isla como fuera de ella. Los sueños de los de Sierra Maestra se convirtieron en la pesadilla de los jóvenes de San Isidro

El rock en tu idioma fue la crítica radical a los valores que detentaban las élites políticas (de izquierda y de derecha) con poder y sin poder, económicas y religiosas, y más que la política y otras expresiones culturales, como la literatura, fue resistencia y búsqueda de libertad. La moral dominante trastabilló frente a esa eclosión de los cuerpos, del deseo, del vuelo hacia una liberación que iba más allá de los discursos, de las formas, de las «buenas costumbres».

El rock en tu idioma recuperó la voz de adolescentes y jóvenes que no se sentían necesariamente herederos de las antiguas luchas sociales: su confrontación con el poder era de una naturaleza distinta.  Sus audaces puestas en escena eran en sí mismas una transgresión. Con una irreverencia extraordinaria se apropiaron, en el caso de México, de la misma tradición musical y de íconos culturales. Grupos como, Molotov, Maldita vecindad, Café Tacuba, Caifanes, Maná, Santa Sabina, El tri y tantos otros, nacieron y crecieron al margen del sistema y en abierta oposición al mismo. En Chile, la canción  ¿Por qué no se van?, de la joven (casi adolescente) banda Los prisioneros se convirtió en el himno de resistencia contra la dictadura de Pinochet. ¿Qué decir del rock argentino donde esta música y movimiento alcanzó su cumbre?  El documental de Netflix, Rompan todo, recrea muy bien esta historia.  

El rock en tu idioma envejeció al mismo ritmo con que los jóvenes de entonces se hicieron adultos y sin duda escuchan con nostalgia De música ligera. El mercado musical y los nuevos gustos musicales hicieron el resto.

Hoy somos testigo de cómo una canción ¡Patria y vida!, con letra sencilla y a la vez explosiva, enfrenta toda una historia en la que la frase ¡Patria o muerte!, fue LA CONSIGNA. En un ritmo que no me gusta, interpretada por jóvenes vinculados al movimiento cultural San Isidro, reprimido por las autoridades cubanas, pone en jaque la ideología dominante sobre la Revolución Cubana.  Tengo la impresión de que no solo se opone a la historia y al discurso oficial, sino que trastoca lo que conocimos como la Nueva Troba Cubana, con Milanés y Silvio Rodríguez, más allá de su talento musical. El «país libre» al que cantó Silvio Rodríguez, es visto en otra perspectiva:

Una estrofa dice mucho:

¿Qué celebramos si la gente anda deprisa
cambiando al Che Guevara y a Martí por la divisa?
Todo ha cambiado, ya no es lo mismo.
Entre tú y yo hay un abismo.
Publicidad de un paraíso en Varadero,
mientras las madres lloran por sus hijos que se fueron.

Después de sesenta años en el poder, los jóvenes héroes, barbudos y revolucionarios, devinieron en una gerontocracia autoritaria, atrapada en el pasado que poco puede ofrecer a las nuevas generaciones de cubanos, tanto en la isla como fuera de ella. Los sueños de los de Sierra Maestra se convirtieron en la pesadilla de los jóvenes de San Isidro.

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