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13 de Abril del 2021
Ideas
Lectura: 7 minutos
13 de Abril del 2021
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Salvoconducto 20: De elecciones, lecciones y futuro
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En una primera impresión, el escenario se vuelve inhóspito para el correísmo. Sin embargo, esta corriente populista tiene un capital político importante en la Asamblea, que lo podrá usar para la negociación y/o el chantaje.

1.

El electo presidente Lasso y el país deben tomar la victoria electoral con el espíritu latino sintetizado en la frase Cum grano salis. Tomarlo como es, con precaución. En un texto anterior señalaba que revertir la distancia que lo separaba de Arauz y apuntar a la victoria implicaba un verdadero acto de magia. Lasso lo consiguió, con el apoyo de Correa. En la campaña de la primera vuelta, la imagen del expresidente dominaba toda publicidad, haciendo de Arauz una figura secundaria, patética. El verdadero candidato era Correa. Tardíamente, Arauz intentó establecer distancia con su mentor y en la publicidad comenzó a aparecer solo: fracasó.

En el balotaje, el mensaje central de la campaña de Lasso fue impedir la vuelta de Correa, pues significaba el retorno de la corrupción y el autoritarismo: era el retorno al pasado. Las consignas contra el voto nulo —muy importantes en los último días— se orientaron en ese sentido: votar por Lasso era votar por el futuro, era un voto positivo. Lasso y sus estrategas de campaña lograron captar el voto de rechazo a Correa. La diferencia entre el magro 20% de los votos de la primera vuelta y el 52.48% alcanzado en la segunda se explica por la opción del mal menor y, en un porcentaje no despreciable, por el temor que despertó en un sector importante del electorado una posible retorno de Correa. Es significativo que Lasso se haya impuesto en todas las provincias de la Sierra y en la Amazonía —a excepción de Sucumbíos—, donde el movimiento indígena tiene sus bases, donde posiblemente existó un voto vergonzante por Lasso. Son las paradojas de la historia política. En consecuencia, no se puede afirmar que es un voto militante de derecha; es, ante todo, un voto contra Correa y su movimiento.

Lasso enfrentará un panorama complejo: una economía quebrada, una pandemia descontrolada con olas sucesivas y un Estado que tiene en la corrupción su mayor incentivo. Además, y es lo más significativo, se encontrará con las demandas acumuladas y no resueltas de ecologistas y antimineros, fortalecidos por el triunfo de la consulta realizada en Cuenca; del movimiento indígena, también consolidado y en crecimiento con el liderazgo de Yaku Pérez —la segunda mayoría parlamentaria—, del feminismo y sus demandas y de un correísmo que, aunque golpeado, tiene sus intereses específicos y una considerable fuerza legislativa. No se debe dejar de lado a los ultraconservadores del entorno político de Lasso, que no querrán desaprovechar el triunfo electoral para imponer su agenda en la que no es marginal la naturaleza laica del Estado y de la educación. Son asuntos que el presidente electo no podrá ignorar, que marcarán su agenda y los conflictos en este nuevo ciclo político. Es altamente probable un escenario de conflictos políticos. Un punto adicional es la resistencia social a los programas económicos de orientación liberal.

En el balotaje, el mensaje central de la campaña de Lasso fue impedir la vuelta de Correa, pues significaba el retorno de la corrupción y el autoritarismo: era el retorno al pasado

Desmantelar el Estado populista —una tesis dominante en los 80 y 90— ha dejado de ser políticamente viable en aspectos claves como la salud, la educación y la seguridad social. La pandemia trastocó los fundamentos de ese discurso, que en los países del primer mundo era el fundamento del Estado de Bienestar. En nuestros países, la pandemia ha significado una acumulación de demandas en todos los campos,  y si bien ha dado a los gobiernos poderosas herramientas de control social, en cualquier momento estas serán insuficientes para contenerlas o posponer su atención. El riesgo de opciones autoritarias estará siempre presente.

2.

Para el correísmo, la del domingo fue una derrota en un momento crucial de su historia: su máximo líder está condenado en firme por cohecho y, en consecuencia, prófugo, al igual que algunos de sus adláteres; la plana mayor cumple condena y existen más juicios en proceso. Un triunfo de Arauz garantizaba el indulto, la impunidad y su reincorporación a la vida política. La historia no fue así y la cárcel de Latacunga debe haber sido lo más cercano a un funeral la noche del domingo 11.

En una primera impresión, el escenario se vuelve inhóspito para el correísmo. Sin embargo, esta corriente populista tiene un capital político importante en la Asamblea, que lo podrá usar para la negociación y/o el chantaje. A pesar del hiperpresidencialismo que caracteriza a Ecuador, las leyes que impulse Lasso deberán llegar a la Asamblea. Allí el correísmo hará valer sus votos. Esa ha sido la práctica de la mayoría de gobiernos electos durante la democracia y del persistente bloqueo político que la ha caracterizado, que entre otros hechos sustentó la presencia del «hombre del maletín» y la entrega como pago de áreas enteras de la administración pública para beneficio de caciques políticos: aduanas, hospitales y hasta el mismísimo IESS. El populismo correísta puede estar golpeado, pero no ha muerto.

3.

¿Qué papel podrá jugar Pachakutik en el nuevo escenario? Es, sin duda, una fuerza en ascenso y ha logrado aglutinar a un conjunto de movimientos en abierta contradicción con el correísmo y con Lasso, especialmente —como ya se señaló— ecologistas y antiextractivistas. Más que su llamado al voto nulo, su fortaleza política reside en ser la segunda bancada en la Asamblea, en haber logrado un sonado éxito en la consulta realizada en Cuenca para detener la explotación minera que amenaza las fuentes de agua y que hoy se intenta replicar en Quito y, en la capacidad histórica del movimiento indígena, su principal sostén, para combinar la movilización social con el uso de los mecanismos propios de la democracia. Sin embargo, sus bases y sus organizaciones viven tensiones originadas en la experiencia correísta y en los acontecimientos de octubre de 2019. Líderes como Vargas y Ulcuango, entre otros, decidieron apoyar a Arauz, distanciándose del llamado a anular el voto. ¿Son discrepancias coyunturales? ¿Podrá desplegar una agenda política que lo convierta en la fuerza alternativa a lo que Lasso y por otro lado, el correísmo, representan?

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