Back to top
19 de Mayo del 2021
Ideas
Lectura: 10 minutos
19 de Mayo del 2021
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Salvoconducto 23: Vivir loco, morir cuerdo en Cervantes (I)
0
Cervantes renunció a dejar que el Quijote muriera en la ley de su delirio caballeresco y optó por llevarlo al lecho de muerte plenamente cuerdo. Al hacerlo, inauguró la modernidad: el imperio de la razón, de la cordura, de la conciencia culposa, de una conciencia trágica.

Entre el 12 y el 16 de mayo, el Club de Lectura El Quijote, de Manabí, organizó las III Jornadas Cervantinas. Fue un evento de alta factura con la participación de destacados especialistas en la obra de Cervantes. Yo no soy uno de ellos, tan solo un lector de Cervantes. La invitación a participar en las Jornadas Cervantinas fue oportunidad única para reflexionar sobre un tema para mí inquietante: Locura, cordura y muerte en El Quijote y en El licenciado Vidriera, una de las novelas ejemplares.

El Quijote derrotado en las playas de Barcelona por el caballero de la Blanca Luna, el bachiller Sansón Carrasco, regresa a su aldea. La historia se aproxima a su final y una tensión punzante, que se convierte en desazón, me embarga. Se intuye la muerte. El inmortal personaje literario tiene los días contados, al igual que la novela. La inmortalidad de la obra y del personaje no lo protegen de la muerte, igual que al lector no lo preservan del inevitable final del libro. Cervantes nos pone sobre aviso, pero deja abierto el desenlace. En el capítulo LXXII De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea, Sancho, luego de coronar la última cuesta, ve el lugar que dejaron para iniciar la gran aventura. Sancho cae de rodillas y dice: «Abre los ojos, deseada patria, y recibe también a tu hijo don Quijote, que si bien viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede».

El Quijote responde: «Déjate de esas sandeces […] y vamos con pie derecho a nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en nuestra pastoral vida pensamos ejercitar».

Tanto la reflexión de Sancho como la respuesta del Quijote son mensajes en clave no solo sobre la muerte, ya presente tanto en la derrota como en el retorno a la aldea e intuida en aquel mirar, desde la altura, la patria que se dejó tiempo atrás: vuelta al origen, a la tierra natal, en una clara reminiscencia a Homero y a La odisea; sino sobre la transfiguración del Quijote. ¿Cómo entender la afirmación de Sancho de que don Quijote se ha vencido a sí mismo? ¿Venció a la locura y recobró la cordura? En su respuesta, don Quijote confirmaría esta interpretación. Analicémosla. La tarea que se impone en su pueblo es descrita en los siguientes términos: «Daremos vado a nuestras imaginaciones y la traza que en nuestra pastoral vida pensamos ejercitar». «Dar vado» es aquietar, tranquilizar las aguas turbulentas de la demencia, de las «imaginaciones» que lo sacaron de su vida cuerda, de su vida como Alonso Quijano. No se trata tan solo de aquietar las imaginaciones. Cervantes cierra el diálogo con una frase enigmática: se trata de hacer vado de aquello que «pensamos ejercitar», pero podría ciertamente concluir: «pero que no lo hicimos». Toda la «traza», las aventuras del Quijote desde La Mancha hasta la derrota en Barcelona y el retorno a la patria únicamente acontecieron en la mente calenturienta de Alonso Quijano, el bueno: un sueño, una quimera. El lector ha sido engañado, ha vivido el sueño enajenado de Quijano, se ha dejado arrastrar por la locura de aquel. 

El último diálogo con Sancho es revelador del cambio radical del personaje: «Perdóname, amigo —dice el Quijote a Sancho—, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en el que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo».

Es inevitable pensar que Cervantes aún se resiste a abandonar a su personaje principal, pues es evidente que quien dice lo que dice ya no es el Quijote, sino Alonso Quijano, cuerdo ya y consciente de su locura.

Cervantes renunció a dejar que el Quijote muriera en la ley de su delirio caballeresco y optó por llevarlo al lecho de muerte plenamente cuerdo. Al hacerlo, inauguró la modernidad: el imperio de la razón, de la cordura, de la conciencia culposa, de una conciencia trágica

Pocas líneas después dice:

—Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.  Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y agora, como he dicho,  Alonso Quijano, el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad  volverme a la estimación que de mí se tenía.

Un diálogo cargado de símbolos que contiene, a mi juicio, una de las tantas claves de El Quijote. La súbita cordura es la irrupción de la razón, de la modernidad con el fin del mundo medioeval e ilusorio de los caballeros andantes. También es la apertura de una brecha en la que Cervantes desplegó el juego de la ficción literaria y de su expresión: la novela. Contiene a la vez un acertijo que contradice la relación entre locura y muerte: en El Quijote, la locura es vida, en tanto que la cordura nos conduce inevitablemente a enfrentar la irracionalidad de la muerte y el profundo sinsentido de la vida. Solo gracias a la demencial conducta del Quijote, la vida entera, con sus normas sociales y con su principio de realidad es descubierta en su irracionalidad, en su mentira, en su hipocresía, en su fatuidad, pero solo así es vivible. Por el contrario, la cordura de Alonso Quijano lo enfrenta a la realidad de la muerte. 

En el mundo ilusorio de los caballeros andantes en que transcurre la obra, a pesar de ser aporreado y zaherido, a pesar de perder los dientes y tener las costillas rotas, un halo de inmortalidad rodea al Quijote: vive una interioridad sin culpa, una conciencia más allá del bien y del mal. Al recuperar la razón ese halo desaparece: la cordura se presenta junto a la muerte y al nacimiento de una conciencia culpable que lo lleva a pedir perdón a través de Sancho a la sociedad que lo rodea para ser aceptado nuevamente, como Alonso Quijano, El Bueno, un hombre de carne y hueso, un moribundo cuerdo.

Cervantes renunció a dejar que el Quijote muriera en la ley de su delirio caballeresco y optó por llevarlo al lecho de muerte plenamente cuerdo. Al hacerlo, inauguró la modernidad: el imperio de la razón, de la cordura, de la conciencia culposa, de una conciencia trágica. Paradójicamente, en ese momento Cervantes sentó las raíces de la ficción novelesca, la creación humana en la que es posible la ausencia de culpa y a la vez, la vivencia de todas las culpas.

Cervantes nos sorprende al final: el retorno de la razón y la cordura. Se podría pensar en el Quijote como un Odiseo, en el cual la Ítaca es el territorio de la razón. En tal sentido Cervantes vislumbró un aspecto medular de la modernidad.

Una reflexión final. Cervantes publica la segunda parte de El Quijote en 1615, un poco más de un siglo después de que Erasmo publicara Elogio de la locura (1511). M. Foucault, en Historia de la locura en la época clásica (FCE, México, 1976), entre otros hechos señala que hacia fines de la Edad Media, la locura desplazó a la lepra como el territorio de la exclusión. Entre aquella circunstancia y el encierro al que la época clásica someterá a los locos, estos serán los tripulantes de la Stultifera navis, «la nave de los locos», que incentivó a poetas, a la imaginación popular y a pintores. De allí el cuadro con este nombre del Bosco, pintado entre 1490 y 1500. «Los locos de entonces —escribe Foucault— vivían una existencia errante». Tan errante como la del Quijote. Después, los locos serán encerrados. Fue el triunfo de la razón. Más allá de estos hechos, El Quijote es la culminación de esta transición de la Edad Media a la época clásica, el surgimiento de la modernidad a secas. Cito una reflexión de Foucault sobre el «vencimiento» de la razón como un aspecto sustantivo de El Quijote:

Y es que ahora la verdad de la locura no es más que una y sola cosa con la victoria de la  razón, y su definitivo vencimiento: pues la verdad de la locura es ser interior a la razón,  ser una figura suya, una fuerza y […] una necesidad momentánea para asegurarse mejor  de sí mismo. (62)

GALERÍA
Salvoconducto 23: Vivir loco, morir cuerdo en Cervantes (I)
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Yunda y las obras públicas en Quito: ¿corrupción e ineficiencia?
Redacción Plan V
De la independencia ...a la dependencia
Julio Oleas-Montalvo
Crónica de una nueva masacre en las cárceles de Ecuador
Redacción Plan V
Furukawa: Las respuestas ‘a medias’ del ministro Donoso
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El destino de una polémica empresa de criptomonedas, de Ambato, mantiene en vilo a miles
Redacción Plan V
Para Rafael Cuesta, de TC, las críticas a los desbordes de Vivanco y Boscán vienen de "minorías diminutas"
Redacción Plan V
El informe del CPCCS que pone en apuros a la defensora Zaida Rovira
Redacción Plan V
Los impuestos mineros aún son migajas para Ecuador
Redacción Plan V