Back to top
1 de Octubre del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
1 de Octubre del 2020
Carlos Arcos Cabrera

Escritor

Salvoconducto 9 (Ruta E35 hacia el sur)
0
El sol está en el zenit. Otro país se abre en la ruta: el país de Cuenca. ¡Aún no piden visa! Afortunados. Sí, es otra realidad: desde la entrada a la ciudad hasta cuando se ingresa a sus amplias avenidas con jardines bien cuidados, los puentes, los ríos y sus riberas, las estrechas calles del centro. ¿Por qué cautiva Cuenca?

Viajar hacia el sur —el sur de este abigarrado y contradictorio territorio—, sucesión de países, en el sentido literal del término; sucesión de historias. País era ante todo una región. A los vinos, especialmente en Europa, se los conocía como «vinos del país», vinos de una región específica. Viajar al sur y descubrir o descubrir que detrás de los nombres se encuentran recuerdos, historias, realidades.

La Ruta E35 debería ser tan o más legendaria que la Ruta 66 en EE.UU. Tiene más historia: es parte (no toda, por cierto) del Qhapaq Ñan o camino del Inca, que comunicaba Quito con Cuzco; por allí los conquistadores llegaron hasta la ciudad de Atahualpa y las tropas independentistas fueron hasta Ayacucho. No es cualquier ruta, es un Palimpsesto vial. Viajar hacia el sur: la pandemia continúa, la vida también.

Primera estación:

Riobamba y su arquitectura republicana oculta bajo cien mil letreros. Ciudad refundada por el mundo puruhá luego de la huida de quienes la dominaron durante más de cuatrocientos años. El hombre que atiende en el hotel se llama Francisco Pasa, habla el espa-quichua del país. Le pregunto de dónde es, responde que de La Primavera, la hacienda de Flavio y Fanny León, cerca de Columbe. Le cuento que alguna vez cuando era niño pasé allí unos carnavales sobrecogedores. «Nada eso existe», me dice, «todos se han hecho evangélicos». En la mañana, largas filas de hombres y mujeres puruhaes, todos viejos, hacen una larga cola para cobrar la jubilación o el bono. Llevan mascarillas y respetan la distancia social. Son las nuevas reglas de urbanidad. Riobamba: vientos de agosto, frío de septiembre. Fachadas ocultas bajo persianas metálicas, recuerdos infantiles ocultos bajo las arrugas de los años. La casa de la Michita Montalvo, que después fue de la abuela María Emilia. La casa de la calle Veloz frente a la zapatería del señor… —he olvidado su nombre— y de la casa del doctor Tomás Cordero, a cuya hija Julia escuché hablar en un quichua que sonaba como una música suave y alegre. El doctor Cordero era dueño de la hacienda El Troje, cerca de la estación del ferrocarril donde el tren se detenía para llenar los tanques de agua y cargar leña. No hay añoranza: el tiempo la ha consumido. Recuerdos sin añoranza sobre un fondo de desaliento. En secreto trato de recordar el poema de Vicente Huidobro Balada de lo que no vuelve. A duras penas un fragmento viene a mi memoria:

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

La ciudad queda atrás. El país puruhá se extiende al sur y los campos verdes dan paso a la sequedad, a las tierras erosionadas, al escabroso territorio de Alausí y Chunchi. ¿Qué sucederá con Alausí sin tren? El gran Lenín dilapida por miles y ahorra por centavos.

La Ruta E35 debería ser tan o más legendaria que la Ruta 66 en EE.UU. Tiene más historia: es parte (no toda, por cierto) del Qhapaq Ñan o camino del Inca que comunicaba Quito con Cuzco

Segunda estación:

Paisaje telúrico: abismos, inclementes montañas. Me sorprenden esos templos monumentales enclavados entre elevaciones verde claro y verde oscuro: Biblián, Azogues. Tal vez son la respuesta a la herética intuición de César Dávila Andrade expresada en el poema Espacio, me has vencido:

Amo tu infinita soledad simultánea,
tu presencia invisible que huye su propio límite,
tu memoria en esferas de gaseosa constancia,
tu vacío colmado por la ausencia de Dios.

El sol está en el zenit. Otro país se abre en la ruta: el país de Cuenca. ¡Aún no piden visa! Afortunados. Sí, es otra realidad: desde la entrada a la ciudad hasta cuando se ingresa a sus amplias avenidas con jardines bien cuidados, los puentes, los ríos y sus riberas, las estrechas calles del centro. ¿Por qué cautiva Cuenca? Almuerzo en Los Tiestos. Dialogo con el chef, anfitrión y propietario. Nos recomienda langostinos y sopa de mariscos. Optamos por un locro de granos tiernos y un lomo a la mostaza, cocido en tiesto de barro. No oculta un cierto desencanto. Prometemos volver por los langostinos. (Para comida de mar, Martinica de Manta; si eres de huecas, Omega 3 de Crucita o El pelícano, a la entrada de San Vicente, hay muchas en la extensa costa manabita). Acertamos con el pedido, aunque resulta un almuerzo pantagruélico: debemos continuar hasta Loja.

Tercera estación:

La ruta es sinuosa: hundimientos provocados por fallas geológicas y el hormigón cuarteado hacen difícil la conducción. Dejamos atrás Saraguro. El sol se oculta tras voluptuosas nubes. Loja nos recibe con un curioso monumento: tres novelas: El éxodo de Yangana, de Ángel Felicísimo Rojas; La emancipada, de Miguel Riofrío; y Un hombre muerto a puntapiés, de Pablo Palacio. Loja literaria, Loja creativa. Debe ser un monumento único, tal como la desconocida Virgen de los Buenos Libros, en la calle Cardenal Cisneros, en Sevilla. El homenaje de una ciudad a escritores y a la novela: ese género literario que marcó dos siglos de creatividad y que hoy da su última batalla frente a las series, las sucesoras de las telenovelas. ¿Rendirá sus armas frente a otras formar de crear mundos ficticios? Una leve llovizna moja las aceras y la calle que adquieren un aspecto ilusorio.

Cuarta estación:

Vía Catamayo. El paisaje cambia. La ruta se interna en densos pinares que poco a poco dan paso a los restos de la antigua vegetación andina —menos sombría— en la que destaca algún solitario guayacán o un ceibo, manchas de eucaliptos y algarrobos. Catamayo queda atrás. Catacocha, territorio de los antiguos paltas, nos espera. ¡Sorprendente! Aún domina la antigua arquitectura de casas con balcones y portales, aunque ya se ven los desastrosos efectos de la disruptiva arquitectura moderna con vidrios tornasolados y hormigón. ¿Qué hicieron las universidades con aquellos jóvenes que estudiaron y se graduaron de arquitectos? ¿Resistirá el antiguo pueblo a esta modernidad tardía y destructora? La pequeña ciudad bulle de actividad. La pandemia continúa, al igual que la vida.

Finalmente, Macará. El extremo sur de la sucesión de países. El cierre de la frontera la ha paralizado. El sopor agobia. ¿Una cerveza? La pérgola de una pequeña plaza es el mejor lugar para beberla. ¿Vamos a la frontera? Nos recibe un elefante blanco con bodegas, oficinas de migración y amplios estacionamientos. No hay nadie. Una jauría cruza cerca: van detrás de una perra en celo. El viento levanta pequeñas nubes de polvo. Al pie de una colina, el mismo viento hace flamear una bandera de Perú. ¡Es la frontera!

Comienza el largo regreso a casa. La carretera hacia el norte. Antes, un café en San Pedro de la Bendita. ¡Bendito regalo!

GALERÍA
Salvoconducto 9 (Ruta E35 hacia el sur)
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Salvoconducto 8 (El fin del humanismo)
Carlos Arcos Cabrera
Salvoconducto 7 (Benjamín Carrión: A vuelo de Pájaro)
Carlos Arcos Cabrera
Salvoconducto 6 (Para el presente)
Carlos Arcos Cabrera
Salvoconducto 5 (Marchán Romero: historiador)
Carlos Arcos Cabrera

[MÁS LEÍ DAS]

Juego de tronos en el Hospital Carlos Andrade Marín
Redacción Plan V
30S: militares al rescate; y diez años después, al rescate de los militares
Redacción Plan V
César Montúfar: "enfrentaremos la crisis desde cuatro andariveles articulados"
Fermín Vaca Santacruz
Repsol Ecuador vende todos sus activos por USD 5 millones
Redacción Plan V