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19 de Marzo del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
19 de Marzo del 2019
Guillermo Rovayo

Abogado, experto en derecho humanos y movilidad humana. 

¡Se acabó el baratillo!
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Poquísimos postulantes (diría que contados con los dedos de una sola mano) quisieron esbozar algo de lo que significaría su plan de acción en caso de ser electos.

Llegamos a la semana final de la campaña electoral en Ecuador. Es el momento adecuado - entre la serie de gritos que se escucharán antes que impere el denominado “silencio electoral” – para realizar una serie de reflexiones que ojalá permitan reflexionar el voto; pero que además debieran abrir un debate en torno a cambios estructurales posteriores a nuestro sistema electoral.

Cerramos una campaña electoral carente de propuestas y contenidos. La publicidad de casi la totalidad de candidatos y candidatas en los medios de comunicación y en las redes sociales se dedicó a mostrarnos sus hojas de vida maquilladas, escondiendo aquello que pudiera considerarse negativo y exacerbando cualidades que en muchos de los casos ni les pertenecía.

Poquísimos postulantes (diría que contados con los dedos de una sola mano) quisieron esbozar algo de lo que significaría su plan de acción en caso de ser electos. La gran mayoría – y de acuerdo a la conveniencia – se dedicó a atacar o a relevar lo hecho por quienes ostentan actualmente la dignidad a la que quieren llegar.

No faltaron los “vendedores de humo”. Aquellas candidaturas que en sus mensajes quisieron traducir las grandes demandas de la ciudadanía (empleo, seguridad, vialidad, movilidad, entre otros) pero que nunca dijeron como lograrían convertir esas necesidades en soluciones prácticas. Como es de esperarse, si estas personas llegaran a ganar las elecciones pues simplemente no podrán cumplir con sus promesas. O en el mejor de los casos entregaran obras a medio hacer (como en su momento sucedió con el Aeropuerto de Quito) o realizarán actos meramente simbólicos (como el funcionamiento de prueba del Metro de Quito a inicios de esta semana).

Poquísimos postulantes (diría que contados con los dedos de una sola mano) quisieron esbozar algo de lo que significaría su plan de acción en caso de ser electos. La gran mayoría – y de acuerdo a la conveniencia – se dedicó a atacar o a relevar lo hecho por quienes ostentan actualmente la dignidad a la que quieren llegar.

Esto ha sido uno de los problemas más graves de la vida democrática en el Ecuador, puesto que no solamente dejan sus promesas en el limbo, sino que en la mayoría de casos empeoran los problemas para “el que venga después”.

Otra de las características de esta campaña ha sido la mayor presencia de los “líderes” de los partidos y movimientos políticos, que pese a no estar de candidatos si han sido parte de la campaña. Muchos de ellos y ellas nos han dejado ver la capacidad de convertirse en “titiriteros” de sus respectivos candidatos y quienes lejos de aportar con ideas frescas, la han embarrado de mayor demagogia a esta elección.

A esto se suma que todas las ciudades (sin importar su tamaño) terminan empapeladas con afiches que no aportan en nada al debate. Solo nos muestran rostros sonrientes y algún slogan que intenta ser pegajoso para quedarse en la retina de los electores. Muchos de estos papeles terminarán durante mucho tiempo, pegados en postes y paredes, puesto que pese a que existen normas que obligan a su retiro, no conozco ningún caso de anteriores candidatos que hayan sido sancionados por dejar su publicidad en nuestras ciudades.

Con este panorama, el domingo 24 de marzo iremos a las urnas (ya que el voto es obligatorio), muchas veces sin mucho ánimo, sino tan solo para evitar la multa por no asistir. Para muchos, este “bache de propuestas”, hará que el voto lo emitan sin conocimiento: tal vez se dejaran llevar por el rostro que más vieron, tal vez lo harán por algún rostro conocido, tal vez lo harán por músicos o deportistas que están en las papeletas, o simplemente lo harán pensando en resentimientos y rencores contra actuales y anteriores dirigentes políticos. Cualquiera de estas razones debilita nuestra llamada “democracia”.

Sin lugar a dudas, aunque no haya voluntad política en quienes ostentan el poder en el Ecuador, al día siguiente de las elecciones debiéramos discutir reformas profundas y estructurales que permitan que las próximas elecciones sean menos tediosas que las actuales.

Considero que es importante abrir el debate sobre la obligatoriedad del voto. Probablemente si el voto fuera un acto voluntario, los partidos y movimientos políticos se preocuparían un poco más de satisfacer las necesidades de escuchar propuestas e invertirían menos tiempo en plagiar propagandas, hacer bailes, buscar candidatos y candidatas de fama, entre otros elementos.

A esto debería sumarse la necesaria eliminación del denominado “fondo de promoción electoral” pues son recursos (para este año calculados en 35 millones de dólares) que no aportan en lo absoluto al país y su desarrollo. Más bien podremos utilizar estos recursos para comprar medicamentos e insumos que no se encuentran en nuestros hospitales, dotar de material didáctico a algunas escuelas o convertirlas en pequeños créditos para emprendedores y emprendedoras. En fin, cualquier otra utilización, sería más productiva sin lugar a dudas.

También, deben darse reglas claras sobre temas sensibles, como por ejemplo darle una utilidad práctica al voto nulo, reformular el método de asignación de escaños, poner condicionamientos adecuados a la presentación de candidatos y a la creación de movimientos políticos; entre otras medidas que nos reforzarían en nuestra vida democrática.

Pero no soy muy optimista de que estos últimos puntos señalados sean parte de la agenda de discusión, ya que al parecer los partidos y movimientos políticos y sus dirigentes están muy cómodos con las actuales formas de hacer política electoral.

Entonces, lo que nos queda es seguir fortaleciendo las acciones políticas desde los ciudadanos. Un buen comienzo será razonar por quien dar el voto en estas elecciones (recordando que la anulación del voto es una opción). Y posteriormente tener en claro el programa de las y los ganadores para recordarles sus ofertas de campaña y en caso de ser necesario generar acciones para la revocatoria de sus mandatos en el menor tiempo posible. Pues como dice el refrán “árbol que nace doblado jamás su tronco endereza”.

[PANAL DE IDEAS]

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