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10 de Noviembre del 2014
Ideas
Lectura: 12 minutos
10 de Noviembre del 2014
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Se busca sociedad civil extraviada, magnífica recompensa
La situación de la sociedad civil ecuatoriana está en una condición tan lamentable que ha sido incapaz de tener el dinamismo para generar una propuesta de consulta popular que nazca de la autonomía ciudadana, y que no busque favorecer a un actor de la sociedad política.

Un conflictivo (y predecible) pronunciamiento de la Corte Constitucional del Ecuador ha permitido que  varios cambios importantes en el texto constitucional, (bautizados como reformas gracias un coqueto baile semiótico), tengan carta blanca para efectuarse. Frente a estas circunstancias, el paso lógico que debería seguir una ciudadanía crítica sería la organización de un proceso de recolección de firmas para exigir una consulta popular sobre algunos temas polémicos (principalmente aquel relacionado con la reelección indefinida). Sin embargo, quienes han tomado la iniciativa con respecto a ese asunto han sido ciertos líderes de movimientos políticos y ex candidatos presidenciales. Eso es decepcionante.

La situación de la sociedad civil ecuatoriana está en una condición tan lamentable que ha sido incapaz de tener el dinamismo para generar una propuesta de consulta popular que nazca de la autonomía ciudadana, y que no busque favorecer a un actor de la sociedad política. Incluso las críticas al proyecto de recolección de firmas propuesto por Guillermo Lasso han tenido que venir de otro ex candidato presidencial, Alberto Acosta, demostrando que el poder crítico de la sociedad civil ecuatoriana está en estado de coma.

Al parecer se ha perdido la oportunidad de contar con una propuesta de consulta popular nacida de las organizaciones civiles autónomas, y se ha posicionado un escenario liderado por un potencial candidato presidencial, deslegitimando de esa manera la validez y la autonomía de la iniciativa. Lamentable. Sin embargo, la poca eficacia de la sociedad civil ecuatoriana para influenciar de manera definitiva en la vida democrática nacional no es un fenómeno reciente. Un acercamiento superficial al contexto político actual nos podría hacer creer que las organizaciones sociales gozaban de plena vitalidad y que fueron  contrarrestadas durante el actual régimen, sin embargo esta es una verdad a medias. Así pues, varios factores han intervenido para en el desvanecimiento gradual del poder crítico de la sociedad civil en el país, por ejemplo:

a. Los discursos de izquierda no han contado con una base social trascendental, desde el retorno a la democracia. Las organizaciones sociales que mantendrían una afinidad más cercana a los  discursos del  marxismo vendrían a ser las asociaciones obreras. Sin embargo el Ecuador no es una sociedad industrial y por lo tanto no ha contado con una base social que respalde los lineamientos de la izquierda tradicional. Si bien, en el caso ecuatoriano, el FUT lideró las protestas sociales durante los ochentas, lo hizo sujetándose a las reglas del juego de la democracia elitista y bajo demandas coyunturales y específicas que no ofrecían grandes desafíos a la estructura socio política del país. Es por eso que varios movimientos de izquierda se terminaron atrincherando bajo sindicatos de trabajadores estatales, y desde uniones de educadores públicos, que reprodujeron propuestas basadas en temas gremiales, y donde se constituyeron nichos de poder para algunas dirigencias cuyos intereses no pudieron trascender fuera de sus círculos de influencia. Por otro lado, el discurso marxista no tuvo una acogida importante en el campo (desde el período de retorno a la democracia) que para la década de los noventas fue plenamente deslumbrado por el auge del movimiento indígena.

b. Los movimientos sociales han sido usados como ¨factorías de significantes¨. Cuando se habla de los movimientos sociales en el Ecuador el referente obligado es el movimiento indígena. La trascendencia de este actor, sin embargo, es susceptible de crítica. Es totalmente cierto que el desborde de  1990, conocido como el intiraimi, fracturó las dinámicas de acción de la sociedad civil, desde el retorno a la democracia, esgrimiendo la primera propuesta crítica al sistema de democracia elitista-partidista instaurado en la Constitución del 78. Los indígenas negaron, por lo menos a nivel discursivo, la efectividad de la democracia formal, y exigieron la creación de un Estado plurinacional. Este poderoso impulso, sumado a una serie de discursos novedosos que articulaban problemas reivindicativos y demandas étnicas, lograron articular propuestas de otros movimientos sociales y actores civiles, e hicieron del movimiento indígena  el líder social indiscutible de la década de los noventas.

Pero el movimiento jamás logró complejizar sus demandas hasta generar una propuesta estructurada y consolidada, fuera de una serie de consignas fácilmente identificables. Por esta razón su discurso fue aprovechado en varias ocasiones por actores con agendas diferentes a las de la organización. Por ejemplo:

1. La Constitución de 1998 se legitimó desde varias de las demandas étnicas y culturales del movimiento indígena, recogiendo algunos de sus enunciados generales, pero a cambio instauró una carta política que promovía un sistema favorable para políticas neoliberales.

2. Líderes populistas como Lucio Gutiérrez se valieron de varios de los enunciados, y de la presencia simbólica del movimiento indígena, para legitimar su propia campaña, con los resultados que bien se conocen.

3. Finalmente, el proyecto político de la Revolución ciudadana convirtió varias demandas históricas del movimiento indígena en slogans que le permitieron no solo posicionarse en el poder sino legitimar cambios profundos en la estructura institucional nacional a favor de su propia agenda. En efecto, los movimientos sociales más fuertes de la historia del Ecuador, fueron utilizados como ¨factoría de significantes¨ una especia de bodega discursiva para tomar enunciados que legitimen agendas no siempre afines a las de la organización.

c. Las agendas particulares de las dirigencias sociales. La Constitución de 1998 abrió la puerta para que varias  instituciones mixtas permitan que algunas organizaciones sociales accedan a recursos estatales y administren instancias importantes como la salud, la educación, o la administración de proyectos de desarrollo. El caso más notorio fueron  aquellas instancias vinculadas a un sector del movimiento indígena, aunque hay otros ejemplos. Esta circunstancia permitió generar una dirigencia que se benefició de estas oportunidades y que generó una separación paulatina entre líderes y base. Este fenómeno causó un deterioro lento en la dinámica interna de las organizaciones.

d. La relación incestuosa entre las dirigencias de las organizaciones civiles y el poder político. Con la fundación de Pachakutik en 1996, la demanda de un quiebre en el sistema de democracia elitista exigido por el movimiento indígena se volvió ambigua. Si bien en un inicio los cuadros de este partido político fueron actores distintos a la organización civil, en poco tiempo fueron los mismos dirigentes de la organización quienes fueron postulándose en las contiendas electorales en las que tuvieron un muy limitado éxito. Además, con  la destitución de Jamil Mahuad en el 2000, y la creación de un triunvirato efímero del que formó parte el dirigente indígena Antonio Vargas, quedó claro que el movimiento se veía a si mismo como un actor político y que aprovecharía cualquier oportunidad, incluyendo el derrocamiento de un presidente para acceder al poder. La participación de varios dirigentes en el posterior Gobierno de Gutiérrez, y la fragmentación paulatina del movimiento ayudaron a mermar la credibilidad de estas organizaciones como actores civiles.

En cuanto a otras formas de sociedad civil, las ONGs también tuvieron un importante auge tras la Constitución de 1998, básicamente por la enorme cantidad de proyectos de desarrollo que se generaron, y las iniciativas de participación (a nivel local) que se pudieron consolidar gracias a la Carta política. Las ONGs fueron fuertes y muy influyentes en el Ecuador de la primera década del 2000. Nótese (por ejemplo)  que las protestas en contra de Lucio Gutiérrez, en el 2005, fueron lideradas en gran medida por directivos de este tipo de organizaciones. Tres nombres de líderes civiles fueron protagónicos durante esta etapa: María Paula Romo, Norman Wray, y César Montufar los dos primeros líderes de la agrupación civil “Ruptura de los 25″ y el último directivo de la corporación “Participación Ciudadana”. Los tres reclamaban la necesidad de construir un contundente espacio “ciudadano ” que pueda interactuar de manera decisiva sobre la sociedad política. Los tres fueron resueltos líderes de la sociedad civil en su momento. Pero a los pocos meses los tres se embarcarían en sus propios proyectos políticos. En efecto, en el Ecuador la sociedad civil padece de un terrible trastorno de personalidad, sus líderes anhelan con todo el corazón ser presidentes, diputados, ministros, concejales, etc. Sociedad civil y sociedad política mantienen un bizarro romance incestuoso en el Ecuador, y esto es indiscutible.

e. La erosión paulatina de la esfera pública. El proyecto político hegemónico de la actualidad, autodefinido como ¨Revolución ciudadana¨, ha significado el golpe de gracia para la sociedad civil. En efecto, el  Gobierno ha creado instituciones que han burocratizado la participación ciudadana, y se han generado contextos disciplinarios enfocados en lesionar su autonomía (como por ejemplo el decreto dieciséis). Otras áreas de la esfera pública han sido igualmente afectadas, especialmente aquellas vinculadas a la libertad de expresión y el ejercicio autónomo de la prensa.  Esto es innegable. Sin embargo debe decirse que una sociedad civil robusta, autónoma y bien consolidada hubiera podido ofrecer bastante más resistencia. Lamentablemente esto no ha pasado.

f. La ausencia de un plan alternativo coherente y bien logrado, desde la sociedad civil. El Ecuador se encuentra en un momento crítico, donde un movimiento político hegemónico ha establecido una nueva élite constituida por funcionarios públicos bien posicionados y actores que se benefician de su interacción con el Estado. Bajo estas circunstancias hay demasiados intereses pujando por la permanencia de un sistema de cosas que garantiza la continuidad del nuevo status quo. Hoy, es especialmente importante la presencia de organizaciones de  sociedad civil, plurales, autónomas y críticas que puedan ofrecer alternativas coherentes al sistema político hegemónico.

Sin embargo los grupos que intentan ofrecer posiciones contestatarias lo hacen repitiendo consignas que pierden significado rápidamente (como el caso de las dirigencias congregadas desde discursos de izquierda) o desde agendas coyunturales aisladas (como el caso de los yasunidos). Por lo tanto es trascendental la presencia (y la agencia) de organizaciones voluntarias, con una agenda distinta al posicionamiento partidista, que puedan acumular legitimidad a ojos de la ciudadanía y que logren reconstituir el tejido de la esfera pública.

Se busca sociedad civil, la recompensa será la supervivencia democrática del país.

[PANAL DE IDEAS]

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