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6 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
6 de Abril del 2020
Jaime Breilh Paz y Miño

PhD, médico ecuatoriano, académico e investigador. Ex rector de la Universidad Andina Simón Bolivar.

¿Se está dando un brote del virus de la “Pax Americana”?
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Si es que es verdad lo que dicen notas de prensa, mensajes y videos que circulan en las redes, se estaría consumando un nuevo asalto a la democracia y justicia, que no solo afectará a la América Latina sino a todo el Mundo: una invasión estadounidense a Venezuela

Una sospecha que interrumpe nuestras actividades en defensa de la vida frente al COV2,  es la aparición de indicios significativos de que se esté consumando una invasión a Venezuela.  De ser ciertas  las informaciones que circulan en las redes y desde varios medios de comunicación, pareciera que está en marcha una operación militar que amenaza al pueblo venezolano.

Muy al margen de cuál pueda ser nuestra posición frente al gobierno de Venezuela -cuya legitimidad por otra parte ha sido ampliamente cuestionada por diversos sectores de la opinión-, el pensar siquiera en una invasión a un pueblo soberano es por sí y ante sí un aspecto execrable, desde cualquier posición ideológica o ética.

Los falsos principios del destino manifiesto, de las guerras santas o de las invasiones por parte interesada -para supuestamente defender a otros pueblos-,  no han sido en la historia más que estratagemas de las potencias imperiales para tomar posesión del mundo por motivaciones de asalto económico, o posicionamiento geo-estratégico o por los dos motivos a la vez.

Sólo en la estrecha conciencia colonial y miopía ética de una cúpula político-fundamentalista que no representa al noble pueblo norteamericano, puede caber la calenturienta idea de que es justificable y peor aún necesaria la invasión de una sociedad, a cuenta de que un gobierno contradiga intereses que un grupo de poderosos definan como válidos. Es una argumentación tan deleznable cuya falsedad la confirma  hasta el propio hecho de que ese mismo bloque de poder jamás invadió sociedades cuyos gobiernos dictatoriales sanguinarios y corruptos fueron amigables con su dominio imperial.

Una invasión imperial a Venezuela para nosotros los americanos del Sur -al margen de cuál sea nuestra posición frente al cuestionado gobierno de Maduro-, no sería otra cosa que un golpe al pueblo hermano de Venezuela, un nuevo asalto a los recursos de ese pueblo, sino una afrenta sanguinaria a la dignidad y soberanía de nuestra región.

Es doblemente doloroso que esa maquinaria  montada por los piratas de cuello blanco de una civilización sometida a la codicia, pretendan dar lecciones de preocupación por la vida y la justicia, mientras traicionan a su propio pueblo con su indolente incompetencia. Incoherencia que se ha mostrado de cuerpo entero en esta época de una pandemia que está alcanzando los mayores niveles en sus propias narices. Sera por eso que, como muchos analistas ya lo han dicho, han decidido inventar una nueva guerra que distraiga al pueblo norteamericano, encubriendo sus ineptitudes y graves errores.

Si es que es verdad lo que dicen notas de prensa, mensajes y videos que circulan en las redes, se estaría consumando un nuevo asalto a la democracia y justicia, que no solo afectará  a la América Latina sino a todo el Mundo.  De ser así, estaría claro el doble esquema de una estrategia perversa: por una parte esconder el desastre epidemiológico generado alrededor del manejo tardío, desinformado y discriminativo de la pandemia que está azotando al pueblo norteamericano –hecho hiriente en un escenario paradójico donde existen los mejores recursos para enfrentarla-, pero a la vez la indolencia e incapacidad de una cúpula político/fundamentalista que con su despiste codicioso ha propiciado la expansión epidémica -según lo  analizan valioso articulistas y científicos de dicho país- ,  y por otra parte el aprovechar que el mundo está enfocado en una respuesta humanitaria ante la emergencia, para reactivar los apetitos imperiales de dicha cúpula, para clavar su garras en nuestra región y contra el futuro de su democracia. 

No nos toca a nosotros defender aquí y en este momento a ese pueblo norteamericano y su vulnerabilidad estructural frente a la pandemia. Son los estadounidenses los que deberán resolver soberanamente que les toca hacer para enfrentar a quienes los engañan y vulneran. Lo que nos debe hacer pensar y forma parte de nuestra responsabilidad como pueblos del Sur, es que la maniobra imperial no solo busca distraer al pueblo norteamericano, sino que, de ser ciertas las noticias, imágenes y videos que hablan de una inminente invasión militar a Venezuela. se estaría consumando una gran traición a la humanidad. Una estrategia que buscaría además escalar posiciones geoestratégicas en momentos en que la Pax Americana se ha debilitado. Tal como lo hizo en Irak y otros lugares del mundo, esta afrenta de lesa humanidad no tendría otra razón que tomarse el petróleo venezolano, e implantar una base imperial en su propio “patio trasero” que se le ha estado “desordenando”.

Y claro, para semejante maniobra no puede prescindir de los Caínes nativos del Sur, que estarán prestos a resolver sus propios apetitos brindando al invasor sus contingentes o, por lo menos, la comedia mediática, en resonancia con los argumentos del invasor. El intento de vestir de santidad un acto de execrable dominación militar, no sólo constituye un insulto a nuestra inteligencia, sino una traición a Latinoamérica y al mundo y un ataque a los fundamentos éticos y sociales del derecho internacional.

Una invasión imperial a Venezuela para nosotros los americanos del Sur -al margen de cuál sea nuestra posición frente al cuestionado gobierno de Maduro-, no sería otra cosa que un golpe al pueblo hermano de Venezuela, un nuevo asalto a los recursos de ese pueblo, sino una afrenta sanguinaria a la dignidad y soberanía de nuestra región. No sería más que una retomada colonial y racista de las bases truculentas del llamado “destino manifiesto”, por parte de quienes se han auto erigido como los dueños del mundo y, en esta caso, de su “patio trasero”. Ojalá estos testimonios y noticias que hemos mencionado sean solo los de un globo de ensayo geopolítico. Ojalá no se esté consumando a espaldas del mundo y aprovechando nuestra vulnerabilidad un nuevo zarpazo de los bucaneros de la globalización.

Se podría acompañar este texto de algunos preocupantes testimonios que circulan y que, de ser ciertos, implicarían la operación que hemos comentado. Si los hechos comprueban que, en efecto se ha urdido una invasión a un pueblo hermano, tendremos que enfrentar simultáneamente una segunda y más peligrosa pandemia que nos amenaza a todos, y que en este caso es la del virus de la “Pax Americana”.

 

[PANAL DE IDEAS]

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