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19 de Febrero del 2020
Ideas
Lectura: 4 minutos
19 de Febrero del 2020
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Segundo presidente
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Los acompaña una camada de los intolerantes esnobistas posmodernos, algunos titulares de la novísima nobiliaria académica, que hoy se sienten en derecho de justificar los arrebatos violentos y las ínfulas antidemocráticas de Vargas. Y lo hacen con sus peculiares resoplidos de superioridad moral e intelectual. No extrañaría que estos genios fueran los mismos que encumbraron a Rafael Correa al poder.

Jaime Vargas es otro populista autoritario de nuestra larga lista. Y es hoy el tentado a ocupar ese espacio dejado en acefalía que sigue siendo persistentemente destinado para los redentores y otros mesías políticos. Pero mientras en el pasado hubo electrizantes oradores, hoy nos saciamos con rudos charlatanes que ni siquiera pueden expresarse con precisión. ¿Cuándo nos sucedió esto?

Jaime Vargas dijo hace poco tras su expulsión de Guatemala que él es el “segundo mandatario” del país. Muchos solo se habrán reído y otros hasta habrán creído que se equivocó. Pero luego, a su regreso, en Cuenca, aseguró que él es el segundo presidente del Ecuador. Entonces aquí cambian las cosas.   

En Ecuador hay una plaza reservada en la política para el griterío. El sensacionalismo, el amarillismo o el escándalo acrecientan cada vez más su influencia en la cotidianidad pública. Con el tiempo es más amplio el lugar que ocupan los demagogos que se sienten dueños del petróleo, de la tierra, de los pueblos y de la libertad de las personas. Cada vez es más amplio el espacio que ocupa un minúsculo grupo de déspotas con ínfulas de posesión de la verdad, la constitución, la democracia, los derechos o las ideologías. 

A estos los acompaña una camada de los intolerantes esnobistas posmodernos, algunos titulares de la novísima nobiliaria académica, que hoy se sienten en derecho de justificar los arrebatos violentos y las ínfulas antidemocráticas de Vargas. Y lo hacen con sus peculiares resoplidos de superioridad moral e intelectual. No extrañaría que estos genios fueran los mismos que encumbraron a Rafael Correa al poder.

Pero este fenómeno oportunista no es reciente. Es el correspondiente histórico de quienes elevaron a los altares de la política a otros populistas que embanderaron el enfrentamiento y la lucha de clases entre los ecuatorianos. Nunca nos curaremos del populismo autoritario si confiamos nuestro devenir público en fogosos buscapleitos.

Los acompaña una camada de los intolerantes esnobistas posmodernos, algunos titulares de la novísima nobiliaria académica, que hoy se sienten en derecho de justificar los arrebatos violentos y las ínfulas antidemocráticas de Vargas. Y lo hacen con sus peculiares resoplidos de superioridad moral e intelectual. 

Las declaraciones de Vargas son racistas y hay que decirlo con todas sus letras. El Ecuador es plurinacional pero no tiene distintos Estados dentro del mismo territorio. El Ecuador es un Estado unitario, con una sola democracia representativa y un solo gobierno nacional. El Ecuador no tiene varios presidentes porque no hay distintas repúblicas dentro del mismo Estado. Lo dicho por Vargas insinúa que en el mismo Ecuador existen distintos países enfrentados: uno, el de los indígenas gobernados por él, y otro, el de los mestizos gobernados por Lenín Moreno. 

Vargas se desnuda de cuerpo entero. Es el mismo que aparece en las encuestas por el aciago octubre negro tras amenazar con conformar un ejército paramilitar, ordenar al ejército regular a desconocer la autoridad política de la Constitución y de los poderes constituidos, el que condescendió el secuestro a un grupo de policías y periodistas; es el mismo que ordenó sabotear la explotación del petróleo como de otros bienes públicos, el que protagonizó el ajusticiamiento popular a la capital del país y el líder de la protesta que produjo el más atroz enfrentamiento fratricida jamás visto desde la Guerra de los Cuatro Días de 1932.

Como antes se fracturó al país entre pelucones y marginados, ahora intentan enfrentarnos entre indígenas y mestizos. 

Ese es Vargas, uno más entre tantos charlatanes violentos con ínfulas mesiánicas, un Correa cualquiera igualmente cegado por la vanidad del poder. 

@ghidalgoandrade

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