Back to top
29 de Septiembre del 2014
Ideas
Lectura: 7 minutos
29 de Septiembre del 2014
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Siempre seremos los guambras del Mejía
Es que las fuerzas disciplinarias saben que no es lo mismo darle un puñetazo a un joven de una de las universidades más caras de Quito, cuya padres seguramente contarán con los recursos para defenderse, que a un muchacho del Mejía, que viene de un estrato social diferente y al que la inercia de los sistemas sociales hacendatarios como el ecuatoriano, permiten maltratar de manera inercial.

No se necesita regresar a la Sudáfrica de los ochentas, o viajar a los campos de refugiados palestinos en Jordania o Israel para entender lo que es un sistema de Apartheid, de hecho si usted quiere conocer este fenómeno no tiene más  que recorrer la ciudad de Quito de sur a norte y darse cuenta que la sociedad ecuatoriana sostiene un sistema de segregación  que ha sido heredado desde la Colonia y que se mantiene vigente a través de la administración privada de poblaciones, que por lo general se traduce en estrategias de división social (estoy manipulando algunos conceptos de Andres Guerrero y Ranciére).

En ninguna etapa de la vida esta división es más notoria que durante la época colegial. Mientras un estudiante del algún prestigioso colegio privado cuyo nombre hace alusión a algún  país europeo, o norteamericano (por ejemplo Alemania, Francia o Estados Unidos, usted me entiende) va a clases manejando su propio auto, o en el peor de los casos en el de su papá, los chicos y chicas de colegios fiscales tendrán que tomar uno o varios  buses para llegar justo a tiempo, antes que el inspector tome lista. Por supuesto, la sociedad y sus sistemas de administración privada de segregación se han encargado que haya diferencias notorias entre estos chicos. En efecto ellos no usan el mismo tipo de ropa, no comen lo mismo, no van a los mismos lugares, no reciben el mismo tipo de atención médica, pero sobre todo, las instituciones disciplinarias siempre les darán tratos diferentes.

El Colegio Mejía de Quito, que es donde yo me gradué, mantiene dos condiciones que lo hacen especial: es una institución que recibe estudiantes  de estratos populares, y al mismo tiempo es un centro de estudio de alto nivel académico. Estas dos características han permitido que sus estudiantes hayan desarrollado una suerte de "conciencia para si" (tomo prestado una idea del marxismo), es decir, están conscientes de las causas y los efectos que las estructuras de dominación social tienen para sus vidas. Por eso el Colegio Mejía mantiene una condición histórica de rebeldía y protesta social, la cual tiene características bastante particulares.  Por supuesto, a los sistemas de dominación hacendataria que han persistido en el Ecuador, este tipo de rebeldía siempre les ha sido incómoda. Por esta misma razón, la fuerza pública ha sido tradicionalmente violenta con los muchachos del Mejía.

Hace algunos meses un grupo de jóvenes identificados con causas ambientalistas  mantuvieron una tensa interacción con policías en los exteriores del Consejo Nacional Electoral por causa de los polémicos procedimientos en el conteo de firmas para la consulta popular que estos proponían. La manifestación fue intensa y sus exigencias fueron finalmente contrarrestadas por medios institucionales criticables. Sin embargo  no hubieron gases lacrimógenos, ni caballos, ni toletes, ninguno de esos muchachos fue arrestado, y no se registraron actos de violencia sobre ellos. Es que las fuerzas disciplinarias saben que no es lo mismo darle un puñetazo  a un joven  de una de las universidades más caras de Quito, cuya padres seguramente contarán con los recursos para defenderse, que a un muchacho del Mejía, que viene de un estrato social diferente y al que la inercia de los sistemas sociales  hacendatarios como el ecuatoriano, permiten maltratar de manera inercial.

Entiendo que lo que digo puede sonar polémico, pero hay cosas que todos sabemos muy bien y de las que generalmente nadie quiere hablar. La desmedida violencia que sufrieron los jóvenes del colegio Mejía de parte de las fuerzas policiales tiene un poco disimulado contenido de violencia estructural. Esta situación se agrava con las feroces amenazas del señor Ministro de educación de expulsar a los chicos de su centro de estudios, lo cual sería un golpe aún más humillante y violento que la cárcel y las contusiones que han sufrido a manos de la policía. En efecto, quienes hemos pasado por las aulas del colegio Mejía aprendimos que  lo único que teníamos para tratar de tener una vida mejor en el futuro era la educación que podríamos recibir de una institución como esa. Por supuesto, incluso eso se quiere arrebatar de las manos de esos muchachos.

Autores como Andrés Guerrero y Ranciére, han reflexionado sobre las diversas estrategias que las sociedades disciplinarias han empleado para segregar y controlar a las poblaciones. La violencia focalizada es una de ellas. El socialismo del siglo xxi es una doctrina de aniñados. Esto es tan obvio que probablemente ni siquiera debería redactarlo pues las cosas evidentes no se deben explicar. Revise ahora mismo en las redes sociales las páginas de algunos de los bien conocidos intelectuales oficiales incondicionales al régimen. Notará que no mencionarán ni siquiera de casualidad a los estudiantes que han sido apresados, y no lo harán. El socialismo del buen vivir, que defienden, es demasiado exquisito como para molestarse en tratar temas tan poco elegantes como las protestas de  los guambras del Mejía. Los intelectuales afines a la revolución ciudadana  seguramente tratarán de desviar la atención de lo que pasa en sus narices con alguna sofisticada discusión sobre política exterior,  o con las mieles de la teoría gramsciana.

Pero el peso del maltrato y la violencia (física, estructural, e institucional)  que han recibido estos  estudiantes del Mejía no los va a desmoronar. Ellos han aprendido desde el primer día de clases lo que significa la leyenda en latín en el escudo que llevan en el uniforme ¨per aspera ad astra¨:   a fin de llegar a la estrella se debe atravesar la áspera pendiente.

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Rivera
Mariana Neira
Carlos Arcos Cabrera
Adrian Bonilla
Gonzalo Ordóñez
Natalia Sierra

[RELA CIONA DAS]

El dilema de Salvador Quishpe
Redacción Plan V
Los "Mejías" en el laberinto de las demandas
Redacción Plan V
La abuela de los "torturados"
Nina Osorio
El 18 y el 26. Contra la naturalización de la violencia
Cristina Burneo Salazar
Francisco Rojas: "soy otro perseguido político"
Marlon Aguilar
GALERÍA
Siempre seremos los guambras del Mejía
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Cuidar las semillas es un modo de vida
Susana Morán
Cuidar las semillas es un modo de vida
Susana Morán
Andrés Michelena: tenemos un retraso de 15 años en lo digital
Redacción Plan V
"Hay un discurso guerrerista-templario en el Gobierno": Nelson Reascos
Fermín Vaca Santacruz

[MÁS LEÍ DAS]

El estudio que revela cómo el minero Proyecto Mirador afecta a la salud de los moradores
Redacción Plan V
Sobornos: Pugna entre la Fiscal y los abogados por el cohecho
Redacción Plan V
La crisis de los puertos ecuatorianos: pérdidas por USD 184 millones
Redacción Plan V
La OEA y su elección de Secretaría General
Adrian Bonilla