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22 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
22 de Septiembre del 2020
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Siete años de Plan V... y mañana nos vemos
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Hace siete años nos levantábamos de una derrota con el cierre de Vanguardia. Plan V se fundó en el momento en que la mayoría del periodismo de investigación calló ante la arremetida de la Ley de Comunicación.

Siete años pueden ser pocos o muchos. Depende de las piedras del camino. Recuerdo esos días difíciles cuando empezamos este nuevo proyecto. La revista Vanguardia había cerrado sus puertas pero su redacción no arreó las banderas. Así que nos quedamos desempleados un 30 de junio del 2013, y de inmediato acudieron a nosotros amigos y colegas, para impedir, sobre todo, que ese rutilante equipo, que había denunciado entre otros el caso Duzac o el secuestro de Fernando Balda, se dispersara. Ahí estuvieron César Ricaurte, Mauricio Alarcón, Verónica Manosalvas, entre quienes con plata y persona ayudaron a arrendar una oficina en el cuarto piso del viejo edificio de la UNP y compramos, con los pocos recursos emergentes que se pudieron conseguir, dos Mac de diseño, mesas de reuniones, varias sillas y una cuenta de hosting.

Y con eso empezamos. Éramos 13, un montón, porque huérfanos de medio de comunicación, nos juntamos todos a ver cómo lo enfrentábamos. Ahí estamos todos los que habíamos hecho la redacción de Vanguardia, salvo un par de notorias ausencias. Fundamos Plan V en una cuenta de Facebook, mientras un informático probono nos hacía el portal. Tres meses de diseño, debates, con el entusiasmo y fuerza de Jean Cano, de Gianna Benalcázar, de Fermín Vaca; con la incombustible solidaridad y empuje de Luis Argüello, Jazz Ojeda, Desireé Yépez, Diego Yépez, Santiago Preckler de Trías, Leonardo Velasco... Recuerdo esos días. Por entonces estuvo en esa fundación Fernando Villavicencio (que duró con nosotros un par de años) y mientras la gente asimilaba el cierre de Vanguardia nosotros ya habíamos publicado que el Plan B de la explotación del Yasuní era el Plan A y que el gobierno había mentido, y habíamos revelado la compra del segundo avión presidencial por USD 48 millones y la estafa de los reaseguros de las pólizas de los bienes estatales, y ya teníamos nuestra primera amenaza de muerte.

En medio de esa bronca por el Yasuní nació nuestro nombre: si nos habían cerrado, si todos se iban a callar por la Ley de Comunicación, si el plan A era silenciarnos, pues el periodismo también tenía su plan V. Con V de Vanguardia. Fue pura terquedad.

Así fue nuestro arranque: con un montón de gente, jugándonos en publicar las investigaciones, sin recursos a la vista y gritando en medio del silencio que se habían autoimpuesto muchos medios de comunicación por la Ley aprobada en ese mismo junio en que cerró Vanguardia. Dijimos entonces que no íbamos a callar, menos cuando ya estuvimos on line el 20 de septiembre con el nuevo portal. A los seis meses el equipo se había desgranado, para marzo del año siguiente llevábamos tres meses sin tener un solo ingreso y a fines de marzo del 2014 resolvimos cerrar Plan V. 

Estábamos en las mismas que en junio, pero súper endeudados. Nos quedamos en la oficina Luis Argüello, Jazz y yo. Y nos quedamos, como recuerda Jazz, viéndonos la cara de tristeza. Cuando me fui a casa a dormir luego de esa decisión, mi esposa me vio derrotado y me dijo que le parecía una soberana tontería que tirara la toalla. Que morir luego de tanta lucha era darle el gusto a quienes nos habían perseguido y que tras una presión enorme habían logrado cerrar Vanguardia... y ahora Plan V.

En eso estaba cuando me llamó Luis Argüello. El jefe Lucho me dijo al teléfono: Juanca, yo no quiero cerrar. Te pido que no cerremos. Yo le respondí: Luchito, pero no tenemos plata. Él me dijo: pues sigamos haciendo las cosas hasta que conseguimos algo y ya mañana veremos. Y Jazz pensaba lo mismo. Y la verdad es que ni ellos ni yo, ni nadie, teníamos a dónde ir. Esa era nuestra única opción de seguir haciendo el periodismo en el que creíamos, aunque sea a pan y agua. Miré a mi esposa y le agradecí en el fondo de mi corazón que siempre fuera la palanca que empuja cuando me quedo atascado. Bueno Luchito, le respondí. Entonces, nos vemos mañana. Y al otro día se asomaron Luis y Jazz Ojeda y Fermín Vaca se juntó semanas después y luego Susana Morán y decenas de colaboradores que no han dejado de alimentar esa redacción ampliada que ahora tenemos.

Y esa es la lección de estos siete años. Que mañana veremos y que nos vemos mañana. Gracias a todos quienes han hecho posible la certeza de que luego de la negra noche, siempre exista un mañana. 

 

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Siete años de Plan V... y mañana nos vemos
 
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