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7 de Marzo del 2019
Ideas
Lectura: 10 minutos
7 de Marzo del 2019
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Sobre los grupos de wasap
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Se preguntarán ustedes, si tiene tantos grupos, ¿por qué no limpia, por qué no se sale? ¿Han intentado salirse de un grupo? ¿Se han salido de uno?

Pertenezco a 45 grupos de wasap y a 20 sub grupos. ¿Qué son los subgrupos? Se arman entre gente del grupo original que tiene mayores afinidades. Por ejemplo, les habrá pasado, soy parte del grupo de un lado de la familia. Me encanta ese grupo, pero, siempre hay un pero, aparece gente con afinidades o desafinidades políticas. Los anticorreístas formaron un grupo, y los correístas se quedaron en el original, porque el precio de no dividir a la familia con discusiones políticas es el silencio. Pero entre el grupo de políticos apareció un sub-subgrupo, que es el de unas primas que viven en la misma ciudad y que se llevan mejor que con todos los tíos y primos del grupo original, y les sirve, el sub-subgrupo, para conspirar, generar una fiesta, proponer algo al grupo original y, por supuesto, chismosear.

De esos, que llamo grupos estructurales, tengo varios. Por ejemplo, los de la familia V. y por otro lado los de la familia C. En ambos hay unos sub-sub-subgrupos: el grupo solo de primos y primas, el grupo solo de tíos y tías —políticos o no—, el grupo de solo hermanos y el grupo de solo hermanas. También hay grupos que se arman al calor de los acontecimientos. Léase, una boda, el cumpleaños 80 del abuelito, el paseo a Guaranda, la parrillada, el del fallido intento de escalar al Cotopaxi… Sirven para ese propósito exclusivamente, pero se terminan quedando, no sé por qué, en la memoria del celular y en nuestro olvido. Se reactivan solo cuando una prima o un tío anciano empieza a enviar los memes a tooooodos los grupos y sub-sub-subgrupos familiares. Y así como llegan los mismos memes para todos, llegan las larguísimas oraciones, los rosarios de la aurora, los deseos de buenos días, buenas noches, feliz semana, fotos del recuerdo…

Otro grupo estructural es el de las compañeras o compañeros del colegio. En mi caso, tengo dos subgrupos de compañeros del colegio. Llegamos a tener cuatro cuando la bronca política arreciaba, porque si bien luego de 40 años de graduados las diferencias entre los paralelos se disipaban, siempre quedan afinidades. Una es de los revoltosos del paralelo B de toda la vida, y así se queda no por identidad, sino porque uno será revoltoso hasta morirse. Pero en los cuatro grupos había sutiles diferencias que justificaron los subgrupos. El grupo original apareció con el nombre del colegio. Digamos que era el institucional. Empezó para poder reunirnos a chupar, y a contarnos vía virtual qué fue de nuestras vidas. Una vez vueltos a reconocer empezaron de una a poner memes malcriados y luego cortos tres equis. Ahora es el Netflix del porno, porque uno no tiene que andar seleccionando siquiera: tenemos dos que tres integrantes que envían porquerías que no se sabe de dónde las sacarán …ni a qué tiempo. Pero como por algo siempre hay alguna bronca, otro pana del grupo armó un sub grupo: panas del colegio. Para integrar solo a los panas-panas; pero como en el camino aparecieron otros contactos del mismo colegio pero de otras generaciones, entonces se hizo un grupo más grande; en realidad aparecieron dos grupos más grandes, y el consabido grupo político que se armaba para putear a Correa y que no se resientan los panas de los otros grupos.

Otro grupo de cajón es el de los futbolistas. Ese sirve puntualmente para organizar el partido de la semana o el campeonato. En mi caso, todos somos de Conocoto, y aunque nunca voy a jugar porque me lesionaron una vez, sigo en el grupo y me entero cómo para los partidos del jueves el grupo se reactiva los miércoles al grito de: bueno niñas, numerarse.

A veces me pregunto ¿de qué me estoy perdiendo si dejo de pertenecer a tanto grupo? Creo que, salvo en el tema de trabajo y familia, no me pierdo de nada.

Finalmente, en lo que al trabajo respecta, la cosa se pone dramática. Trabajo o grupos de acción, o como se llamen, engruesan la cada vez más gorda cartera de grupos en mi cuenta. Sobre periodismo, pertenezco a varios: Prensa, Prensa ecuador, Prensa Quito, Prensa Corte Constitucional, Prensa Consejo de Participación, Comunicadores Sociales, Secom Medios Nacionales, Directores Secom, Comunicación Inredh, Prensa Yasunidos, medios digitales, digitalesec, digitales a secas… en fin, no quiero cansar. Solo con los nombrados son 13 grupos, y faltan otros más, y serían decenas sino me salgo de una de esos grupos que algún director de comunicación se le ocurre formar sin consentimiento. ¿Es posible que en la próxima constitución que tengamos —porque vamos a tener otra, sin duda— se pueda agregar la consulta previa para integrar un grupo de wasap?

Esto de los grupos ha superado toda mi capacidad de atención. Encima de estar pendiente del Twitter y sus debates inútiles y sus muchos envenenados integrantes, además de los mensajes de Facebook y los correos electrónicos, tengo que trabajar. Es decir, estar atento a las noticias, a los hechos, armar investigaciones, seguir historias y conseguir proyectos y financiamientos… Como muchos otros que deben dedicarse a cualquier otra cosa que les permita llevar la comida a la casa, porque pasar pendiente del celular, les aseguro, no genera un centavo más a nadie salvo a las grandes plataformas que construyen millonarias fortunas con nuestros datos.

Se preguntarán ustedes, si tiene tantos grupos, ¿por qué no limpia, por qué no se sale? ¿Han intentado salirse de un grupo? ¿Se han salido de uno? Tuve una pelea con un gran amigo en un grupo de buenos y viejos amigos de Conocoto. Se sintió ofendido por lo que dije, y viceversa. Me salí del grupo ofreciendo disculpas a los demás miembros, lo hice en puntillas. A los dos minutos me llamó el administrador y me pidió explicaciones, con toda la autoridad que puede tener un administrador de wasap y/o mi esposa. Que cómo así, que no sea chancho, que no haga eso, que destruyo la amistad, que… en fin. Y me anunció: este rato te devuelvo. ¿Podía decir no gracias sin parecer un atorrante? No pude. Ahí sigo leyendo las mismas barbaridades que me hicieron salir, pero que ahora me toca aguantar callado.

Salirse de un grupo puede ser el mayor pecado en estos tiempos de amistad virtual. Porque esos cortos o largos textos que mensajeamos, esas fotos que ponemos y compartimos (porque ahora si no compartimos fotos hasta del plato de comida, no vale como experiencia), esos saludos de cumpleaños que resolvemos con un emoticón (qué buenos tiempos cuando llamabas por teléfono y usabas la voz humana, y qué linda esa prehistoria en que visitábamos al cumpleañero y lo abrazábamos mirándolo a los ojos); esos mensajes de wasap, se han convertido para muchos en toda la vida social que tienen. Porque hasta cuando nos reunimos en familia o entre amigos vivimos con los ojos prendidos en la pantalla, compartiendo el frío de la luz led en lugar del calor humano del que tenemos al lado. Para muchos, wasap es el único lugar donde pueden tener una relación verdadera. Así que no me puedo salir de los grupos. Volviendo a la constitución, ¿será posible que entre los derechos y libertades humanas esenciales de nuestra nueva constitución se incluya el salirse de un grupo de wasap sin tener que dar explicaciones y sin ser convertido en un paria digital?

A veces me pregunto ¿de qué me estoy perdiendo si dejo de pertenecer a tanto grupo? Creo que, salvo en el tema de trabajo y familia, no me pierdo de nada. Y ni eso: si alguien me necesita me llamará al teléfono, y si no me encuentra en el celular me llamará al fijo de la casa o de la oficina, lo cual de hecho ocurre cuando no paro balón a los mensajes; o cuando no contesto las horribles llamadas de wasap (noticia para los digitales: ahora las operadoras te dan un montón de minutos gratis en su red telefónica)

Desde hace una semana hice el ensayo de retirar la aplicación de Twitter de mi celular. Realmente me hartó tanta pendejada. Como dice Shakira: nadie puede vivir con tanto veneno. Twitter es tóxico, es infame, uno tiene que asistir a demasiadas peleas, polémicas insustanciales, egos compartidos por miles de seguidores, estupideces políticas y económicas, criterios que no respeto ni comparto pero me toca leerlos así no quiera. ¿Tiene sentido todo esto? Me pregunté. Decidí que no. Así que ahora no tengo motivo para estar prendido de mi celular, me siento más despejado y hasta he podido volver a escribir algo como esto. Es más, en cuanto a mi cruzada para estar más fuera de línea (o en la realidad objetiva, que es lo mismo) que en línea, estoy pensando en armar un grupo de wasap entre todos los que esté en contra de los grupos de wasap. ¡Eso!

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