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7 de Julio del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
7 de Julio del 2015
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Socializar al Papa?
Me refiero al hecho de que quien predica la igualdad, la lucha contra la pobreza y de la perversa utilización de la riqueza casi siempre se halla en los espacios del poder, de la riqueza e incluso de la arbitrariedad. Es fácil que un Papa, un presidente de la República, por ejemplo, hablen de la pobreza cuando vive en los lugares excepcionales de la riqueza y del boato e incluso de la suntuosidad.

El gobierno central ha llenado Quito de pancartas con frases del Papa Francisco que hacen referencia a la riqueza y la pobreza, a la moral e inmoralidad de la riqueza y también de la pobreza.

Unas frases que parecerían salidas de un pensador socialista y más todavía de aquellos llamados socialistas del siglo XXI. Y es que, solapadamente, se pretendería equiparar el pensamiento del Papa con este socialismo que en estos días han pretendido explicar y hasta enseñar algunas personalidades del poder, incluida la Asamblea Nacional, por ejemplo. Por supuesto, qué horrorosas explicaciones realizadas por quienes probablemente en su vida no han leído al apuro más allá de cuatro libros para redactar una tesis de grado. ¿Qué convencimiento de un proyecto político cuando en ello va el cargo que se ejerce?

La búsqueda de la justicia social no equivale a ningún socialismo, del tiempo que fuese. Es solo justicia. Unos pocos no pueden equiparar la mayor parte de la riqueza. En justicia y en derecho, hay que reconocer que una inmensa población apenas si sobrevive en medio de una pobreza absolutamente inhumana. Millones de niños que nacen para alimentarse del seno seco de políticas infames, muchas de ellas, sostenidas en pensamientos políticos de la llamada izquierda y también de religiones extremistas.

Es muy fácil hablar de la justicia social desde los dorados asientos del poder social, político, económico e incluso religioso. Quienes hoy ostentan el poder ya no conocen la necesidad, el hambre, la pobreza. Si alguna vez la tuvieron, ya la olvidaron gracias a la orgía de las bienaventuranzas que produce la realidad fáctica del poder. Suponiendo que alguna vez lo hizo, ninguno de ellos se acuesta sin saber de qué manera resolvería el problema de la enfermedad de uno de los suyos, o con qué dinero irá a mercado o ¿cómo podrá obtener dinero nuevo si ya está endeudado con todos? ¿Hasta qué punto es ético que hablen de la pobreza los que siempre tienen la barriga llena?

Es difícil que los cambios sociales importantes y hasta casi radicales de largo muy largo alcance lleguen desde el poder en la medida en que el poder es un menos uno, es decir, es un alguien que se halla en el espacio de la excepción, es decir, es un menos uno. Me refiero al hecho de que quien predica la igualdad, la lucha contra la pobreza y de la perversa utilización de la riqueza casi siempre se halla en los espacios del poder, de la riqueza e incluso de la arbitrariedad. Es fácil que un Papa, un presidente de la República, por ejemplo, hablen de la pobreza cuando vive en los lugares excepcionales de la riqueza y del boato e incluso de la suntuosidad.

Se sabe de qué manera se viven el día a día los presidentes predicadores y profetas del socialismo el siglo XXI. Los papas son elegidos de por vida y los presidentes predicadores del socialismo del siglo XXI han modificado todas las reglas del juego democrático para quedarse en el poder de por vida bajo. El pretexto de la necesidad ineludible de su presencia para sostener la revolución, es solo eso, pretexto. Por ello diariamente ruegan por su propia inmortalidad. El Vaticano forma parte de la lista de los grandes palacios imperiales de Europa y los Papas son elegidos de por vida.

Los grandes predicadores del cambio no solo que se han sentido sino que se han vivido a sí mismos como indispensables e insustituibles. Los hermanos Castro todavía siguen convencidos de que ellos y tan solo ellos pueden hacer realidad la revolución socialista que en cincuenta años deambula en hilachas y vestida con harapos por las calles de La Habana. Esto no importa. Los Castro no han dejado de pontificar porque ni siquiera existe la más mínima posibilidad de que haya lugar para la palabra del otro, para la palabra otra.

Un periódico en el que se hable a diario de los éxitos de la revolución socialista es más que suficiente, y lo mismo se repetirá una y mil veces en las emisoras todas ellas pertenecientes a la revolución. La heredera del socialismo del siglo XXI de Argentina pretendió modificar las leyes para ir tras su reelección indefinida para sostener sostenidamente su revolución familiar enmarcada en la corrupción.

Parecería que el Papa Francisco pretende ser auténtico consigo mismo. Tal vez querría lanzar el boato al tacho de la basura. Quizás juzgue que ha llegado el tiempo para comenzar la gran revolución que modifique esencialmente el Vaticano, no solo en el aspecto físico sino también en el filosófico, moral y vivencial. No se puede predicar la pobreza desde los oros de un palacio en el que la inmoralidad se ha paseado por sus pasillos y capillas. Gandhi era realmente pobre. Pero la pobreza no puede ser el modelo de vida de nadie tal como proponen algunos que, ahítos de poder, suelen encaramarse en su propia imagen para predicar lo que ni creen ni practican, estos predicadores que a los pobres les ofrecieron la infinita riqueza del cielo. Los mayores predicadores de la pobreza han vivido en la inconmensurable opulencia que da el poder. Comúnmente fueron crueles asesinos, absolutamente intolerantes e inmorales predicadores.

Por eso molesta que el gobierno del país haya colocado aquí y allá pancartas con la imagen del Papa Francisco seguida de afirmaciones posiblemente salidas de su contexto o que, por lo menos, necesitan más de una explicación. El Papa no se halla en el chueco camino de ese socialismo con el que se han conseguido poderes absolutos y con el que se persigue a la diferencia. He visto y leído frases sobre el aspecto económico, pero no he visto ni una sola sobre el medio ambiente, sobre la no explotación petrolera en la selva amazónica, pulmón de la humanidad.

Si no se respetan las diferencias, ya no hay democracia sino totalitarismo. En esto han sido especialistas los grandes revolucionarios socialistas.

[PANAL DE IDEAS]

Julian Estrella López
Fernando López Milán
Alexis Oviedo
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Patricio Moncayo
Alfredo Espinosa Rodríguez
Francisco Carrión Mena
Giovanni Carrión Cevallos

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