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17 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
17 de Octubre del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Soy irascible
Todavía quedan algunos que celebran la actitud del presidente Correa. ¿Cómo se puede celebrar la prepotencia y la agresividad? ¿Cómo nos vemos como sociedad si justificamos estos actos en lugar de proscribirlos? ¿Así se pone el presidente Correa al adoptar sus decisiones de Estado?

El presidente Rafael Correa volvió ayer a los medios de comunicación privados. Lo hizo en una accidentada entrevista con Andrés Carrión en Teleamazonas, el medio que fue calificado en el pasado por el mismo Correa como una ”cloacas con antenas”.

El encuentro se resumió en un poco de lo mismo de siempre. El presidente llegó alterado y agresivo. Quiso convertir la reunión en una sabatina, pidiendo cuentas a sus subalternos, así como convertirse en entrevistado y entrevistador al mismo tiempo.

La entrevista se resume en una pregunta que Carrión le formuló a Correa. ¿Cuál es su principal defecto? Yo no soy intolerante, le dijo. “Yo soy irascible”. La RAE define como irascible a la persona que es propensa a la ira, y a la ira como el deseo de venganza. El presidente Correa confesó, tal vez sin quererlo, que es una persona propensa a vengarse.

Es insignificante que haya querido confesar su debilidad por el desquite, pero durante la entrevista se vio una persona que disfrutaba de responder con agravios para intentar defenderse e irritada porque no quería contestar a ninguna pregunta. Todo resultó en un poco de lo mismo de siempre, en contestar a las críticas con interpelaciones de descrédito sobre la persona que las formula. Es decir, en el uso del argumento ad hominem o del ataque personal dirigido en contra del periodista. Por supuesto, en todo ataque personal las ideas carecen de valor alguno.

Satisfecho de desagraviarse por el supuesto daño recibido, el presidente Correa acusó a Carrión de manipular la información, de mentir y de agitar a las personas. Lo amedrentó exhibiendo un informe de vigilancia sobre su correspondencia en las redes sociales y sobre sus trabajos durante su temprano ejercicio profesional.

El presidente Correa no pudo mantener el control. Temblaba. Vociferaba amenazas. Repitió su cantaleta revolucionaria. Dijo que hasta construyó un teatro bautizado con el nombre del abuelo del entrevistador. Advirtió que Carrión y su familia le debían agradecimiento por eso. Clientelismo puro y duro. Pero más duro que puro. Clientelismo duro y autoritarismo puro se esconden detrás de estas insinuaciones.

Carrión golpeó levemente el escritorio de la entrevista intentando contener la diarrea verbal del presidente Correa. Consiguió solamente enfurecerlo aun más. El presidente levantó la voz. Calificó como majadero y mentiroso a Carrión después de que éste le sugiriera disculparse por agredir con machismo a Cinthya Viteri, la presidenciable socialcristiana.

En seguida el presidente Correa defendió con infantil necedad su tesis de que Viteri es hábil para el maquillaje, como no para la economía, porque representa lo superficial, lo frívolo o lo banal y que hacer esa comparación no es insultar a nadie. Y así, otra vez el mandatario recurrió al descrédito de las personas, en lugar de confrontar sus ideas con otras ideas.

Luego, bruscamente, pareció invadido por una crisis de pánico. El mandatario intentaba agredir como mecanismo de defensa mientras hizo algunos gestos que parecían preparar su salida del plató de televisión. Entonces amenazó con irse. Tiritaba de rabia al organizar sus apuntes. Parecía una víctima acorralada.

Esto no se merece un presidente ni su pueblo. Un alto representante político como él debe guardar la compostura siempre, y mostrar la mayor serenidad en momentos de crisis. Este, por supuesto, no era un momento que pueda calificarse como crítico. El presidente Correa fue maltratado por las circunstancias y por su propia irascibilidad, embotellada en un alma rencorosa.    

Pero todavía quedan algunos que celebran la actitud del presidente Correa. ¿Cómo se puede celebrar la prepotencia y la agresividad? ¿Cómo nos vemos como sociedad si justificamos estos actos en lugar de proscribirlos? ¿Así se pone el presidente Correa al adoptar sus decisiones de Estado?

Correa también llevó cifras, documentos y argumentos. Se acompañó de las aclaraciones de un ministro que intervino y de otros que esperaban su turno, como en una sabatina. Pero todo quedó postergado por el feo espectáculo de la necedad. La complejidad de la entrevista se simplificó en una persona que es propensa a apetecer vengarse de todo aquel que le formule preguntas incomodas o le exprese alguna crítica.

@ghidalgoandrade
 

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