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29 de Diciembre del 2014
Ideas
Lectura: 6 minutos
29 de Diciembre del 2014
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Tenemos todas nuestras esperanzas puestas en usted
El fenómeno correísta solo puede entenderse desde la interrelación dialéctica entre un populismo tecnocrático y una oposición política absolutamente incapaz de realizar una propuesta bien desarrollada más allá de críticas fofas, en la mayoría de casos, basadas en la personalidad del líder de turno.

Escoger entre el proyecto correista y cualquiera de los discursos de la oposición política ecuatoriana es como elegir entre recibir una patada en el glúteo izquierdo o un puntapié en el glúteo derecho.

En efecto, los desaciertos de la Revolución ciudadana (principalmente relacionados con la extensión, abusiva, de las atribuciones del Ejecutivo) no constituyen en si mismo virtudes de ninguno de los discursos de oposición de la -erosionada- sociedad política.

Al contrario. El fenómeno correísta solo puede entenderse desde la interrelación dialéctica entre un populismo tecnocrático (tomo prestada la idea de Carlos de la Torre) y una oposición política absolutamente incapaz de realizar una propuesta bien desarrollada más allá de críticas fofas, en la mayoría de casos, basadas en la personalidad del líder de turno. Es más, una buena parte de las estrategias de legitimación que el correísmo ha empleado para justificarse a si mismo, se basan en marcos de confrontación con un pasado político lamentable.

Por un lado, los líderes políticos de la derecha están encabezados por personajes que tuvieron activa participación en el catastrófico feriado bancario del 2000, y algunos inclusive fueron directivos de instituciones financieras que recibieron beneficios de la mencionada crisis.

Por otro lado, los líderes políticos de la izquierda formaron parte activa y protagónica del modelo de autoritarismo consensuado del correismo, cuya ingeniería básica se creó en el 2008, y se consolidó en el régimen de transición del 2009. En lo que concierne a algunas manifestaciones antagónicas frente a temas puntuales (principalmente vinculados a asuntos ambientales), es obvio que este tipo de demandas se hallan más relacionadas con los intereses de algunas ONGs que con un compromiso tangible con el sistema socio político nacional. Además, varios líderes de estas organizaciones fueron amables participantes o asesores del correismo, y no hay ninguna razón para creer que no volverían a respaldar al régimen, como hicieron alegremente hace un par de años, si el viento de los intereses cambia de dirección.

Pero frente a un escenario tan escéptico, ¿dónde se puede buscar la tan necesitada fuerza emancipatoria que el país requiere? Yo tengo todas mis esperanzas puestas en usted. Sí estimado lector. Son los individuos, y las inteligencias libres quienes a través de su acción conjunta con los otros, constituyen el verdadero motor de cambio de las sociedades. Son las personas cotidianas y comunes, y no los constructos colectivistas o las masas sin autonomía, las que a lo largo de la historia han generado escenarios liberadores.

El gran Jorge Luis Borges dijo que si de repente  los suizos cambiaran su sistema de gobierno (republicano)  por una monarquía y los suecos cambiaran sus sistema monárquico por una república, nadie se daría cuenta en la calle. ¿Porque? Porque sus modelos de sociedad no tienen nada que ver con sus sistemas de liderazgo político, sino con el patrón de convivencia entre individuos que al final de cuentas es lo que le da forma a su modelo de sociedad. Los líderes políticos son menos importantes de lo que nos quieren hacer pensar. Son los ciudadanos, o mejor, las personas, quienes constituyen el verdadero motor de cambio cualquier sociedad. ¿Quiere ejemplos?

Un sencillo pastor evangélico de Atlanta, decidió un buen día  que el modelo de opresión que sufrían los afroamericanos, en los cincuentas, era intolerable y lideró el movimiento civil más importante de los Estados Unidos.  El doctor Martin Luther King, era un individuo, encabezando un movimiento de individuos que celebraban su libertad. Él jamás se vio a si mismo como un líder mesiánico que apacentaba un rebaño sin identidad sometiéndolo a su propia voluntad. La "revolución del terciopelo" de Checoslovaquia en 1989, fue otro levantamiento ciudadano, en el que cientos de miles de personas reaccionaron de manera pacífica contra el colectivismo autoritario que los había obligado, durante años, a ser una simple masa anónima controlada de manera opresiva por un partido único. Cosa parecida aconteció con el movimiento "Solidaridad" en Polonia, en el que los sindicatos obreros se cansaron ser manejados como marionetas de un poder dictatorial opresivo y abrieron las puertas al sistema democrático. El Chile de 1988 se cansó de vivir en una dictadura y le dijo que "no" a Pinochet dándole fin a un odioso sistema autoritario. Es que los tiranuelos nada pueden hacer si los individuos les pierden el miedo y actúan en pro de su propia libertad.

En efecto, son las personas actuando individualmente o en colectivos autónomos, quienes de manera racional, y libre son  responsables de sus propios destinos. Es la gente común: los trabajadores, las mujeres, las minorías sexuales, los miembros de grupos étnicos y culturas ancestrales, los funcionarios que defienden su derecho de opinar, los comunicadores que no se callan, y los rostros anónimos que vemos en la calle tratando de resolver su día a día, quienes tienen el poder de detener el autoritarismo, y ofrecer alternativas democráticas al sistema social en el que viven.

Es en usted, no en los demagogos o las ONGs con agendas particulares, en quien tenemos puestas todas nuestras esperanzas. Usted es el cambio que todos estamos esperando.

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