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10 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
10 de Octubre del 2019
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Tengo un sueño
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Un problema de fondo, que dificulta la negociación, es la ideología de izquierda extrema construida a partir de la existencia de un enemigo que se debe vencer y de un sistema que se debe destruir. En el otro extremo, neoliberal, el enemigo es el Estado.

En los extremos de las posiciones ideológicas reinan las pasiones ciegas, la violencia y la muerte. Esto ocurre porque las emociones son las que conducen a las acciones; las ideas de cualquier tipo desde la imaginación hasta los argumentos no mueven a las personas, eso se ilustra en las redes sociales, la solidaridad y el apoyo digital no siempre termina en las calles.

Si la ideología mueve a las personas es porque se incrusta en las vísceras, es decir, en las reacciones más instintivas: ira, miedo, repugnancia, son las emociones primarias que convocan de forma simple, y ubican a la opinión pública en argumentos polarizados.

Fuera el FMI. Fuera Moreno. Abajo las medidas. Todas estas consignas no permiten ejercer la razón, ubican a las personas en bandos opuestos a favor de las medidas o en contra, a favor de Moreno o en contra, a favor del capitalismo o en contra, en la izquierda o en la derecha.

Los extremos no permiten puntos medios y es la clave de la manipulación social: no piense en el día siguiente o en el futuro. Por ejemplo, más allá de las históricas y certeras críticas al FMI ¿cuáles son las medidas concretas que se requieren para evitar que pague la gente común y corriente? ¿Sin el FMI, cómo obtener créditos a bajas tasas de interés?

Lo mismo con Fuera Moreno: si deja el poder, la calma social seguramente será substituida por un nuevo gobernante con subsidios a la gasolina, pero con nuevas medidas. ¿Subida del IVA, del gas, nuevos impuestos?

El problema de las ideas extremas es que produce victorias falsas que conducen a que una de las opciones domine y que no se discutan las posibilidades en el medio; finalmente, los que pierden son los mismos grupos en contienda.

Por ejemplo, frente a la derogación, caben varias posibilidades: focalización de los subsidios, una política nacional de transporte público eléctrico, uso de tranvías y trenes elevados, para la ciudad y el campo. Un nuevo modelo productivo que mire las potencialidades empresariales de los productores en el campo.

La derogación de subsidio a los combustibles, por sí misma, no impedirá que las personas, con cada vez menos empleo, paguen el grueso de las medidas, con el agravante de no mirar otras opciones en función de próximos ajustes.

Un problema de fondo, que dificulta la negociación, es la ideología de izquierda extrema construida a partir de la existencia de un enemigo que se debe vencer y de un sistema que se debe destruir. En el otro extremo, neoliberal, el enemigo es el Estado.

En la negociación surgen nuevas y mejores ideas, porque suponen puntos medios entre los extremos: la condonación de deudas para los pequeños productores urbanos y rurales; para los deudores del IECE -estudiantes y padres sin trabajo no pueden pagar las deudas por estudios-, incluso impuestos absurdos como la patente en Quito o impuestos similares para los estratos medios y populares pueden entrar en discusión.

La negociación tiene la virtud de vaciar el poder de líderes populistas que se ven obligados a conversar con el enemigo y dejar la retórica contra la ineptitud, irresponsabilidad o la maldad a cambio de la corresponsabilidad y el compromiso por ganar-ganar de las partes. Y es que a todo líder populista le conviene que los contendores pierdan.

Un problema de fondo, que dificulta la negociación, es la ideología de izquierda extrema construida a partir de la existencia de un enemigo que se debe vencer y de un sistema que se debe destruir. En el otro extremo, neoliberal, el enemigo es el Estado. En los dos casos, la democracia aparece como inútil, pero hasta que logren el soñado socialismo o la libertad absoluta del mercado, lo que tenemos es la democracia, un lugar en el medio donde podemos discutir y acordar.

Tengo un sueño, que líderes de oposición como Laso, Nebot y Viteri se sienten junto a los líderes indígenas y sindicales; a los representantes de los sectores productivos, a los economistas de izquierda y derecha, con el presidente y no salgan de la reunión hasta llegar acuerdos con acciones concretas e inmediatas.

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