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5 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 10 minutos
5 de Marzo del 2020
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Teoría crítica, levantamiento indígena y los académicos
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La respuesta de la CONAIE luego del “éxito” del levantamiento fue un proyecto “crítico” que quiso imponer una visión, desde el extremo, para una sociedad fracturada, cuando la única opción es acordar todos por el país.

La palabra crítica está en los planes nacionales, se repite en las universidades y en las instituciones educativas. Formar personas críticas es como una cábala que nos protegerá de la mediocridad, la opresión y la falta de desarrollo.

Pero no. No hemos superado la mediocridad que tiene parte de su explicación en el trabajo hecho desde la academia tanto en las universidades como en los movimientos sociales.

Es una columna un poco extensa, pero les invito a llegar al final, la escena 4, como toda conclusión no se explica sola. Se agradece el esfuerzo.
 
Introducción

La teoría crítica nace en un sitio cuyo nombre recuerda a una fábrica de embutidos alemanes: Frankfurt, y asociada a nombres como Max Horkheimer, Therodor Adorno, Erich From, Herbert Marcuse y el muy querido Walter Benjamin, grandes teóricos, cuya escuela fue trasladada a Ginebra en 1933 por la llegada del nazismo y, luego, a Nueva York en 1935.

Un aspecto importante de la teoría crítica es su revisión de la dialéctica Hegeliana, un método por el cual se piensa a la historia social como una dinámica que se mueve entre la identidad y lo distinto en constante cambio y contradicción.

Para entenderlo mejor, pensemos en el levantamiento indígena de octubre: ¿qué es lo distinto y lo contradictorio? Lo distinto y contradictorio al gobierno y a las élites económicas son los indígenas. ¿Qué es lo positivo? El resultado de esta dinámica, y esta también es la conclusión, es una síntesis de la contradicción entre el movimiento indígena y las élites.
 
Escena 1, oponerse al sistema
 
Adorno renegaba del positivismo en la dialéctica, porque finalmente reconocía y justificaba el poder. La dialéctica tendría que ser negativa, es decir romperse cuando algo no se acomoda a ella. Aplicado al levantamiento: la identidad del movimiento indígena es contradictoria a las élites y, por tanto, lo negativo.

Pero el movimiento indígena no es la realidad sino un concepto que representa la multiplicidad de condiciones humanas que lo abarcan.

El método tiene la intención de destruir racionalmente el concepto que no acepta lo difuso (y lo indígena es algo difuso) y esto lo hace el movimiento indígena, porque es la negación del sistema capitalista, que intenta asimilarlo a una identidad conceptual: todos somos ecuatorianos. Pero la medida conceptual de lo ecuatoriano está lejos de ser lo indígena.

Las consecuencias de esta dialéctica es la plena oposición al sistema de dominio —léase o entendiéndase correistas, morenistas, nebotsistas y lassistas— que se amparan, a través de la ley, para conservar al movimiento bajo su dominio.

Finalizado el levantamiento indígena, el derecho cumple la función de confiscar la conciencia, como cuando se prioriza poner en cintura a Vargas, pero se deja a un lado a las comunidades indígenas que siguen en la pobreza.

La dialéctica negativa para Adorno es rebelde y resiste a la coacción del poder, aunque deja pendiente un problema: ¿cómo hacer un movimiento revolucionario con las mismas personas contaminadas por el sistema capitalista?

Actualizada la idea es como confiar en que el levantamiento indígena cambie las cosas cuando su líder se presenta como candidato presidencial en un sistema que cuestiona.

Lo que fue una escuela de pensamiento ahora es una ideología académica que se reduce a luchar de forma ciega contra el sistema: fuera el FMI, fuera el Imperio, no al alza de los combustibles, no a los empresarios y si al estado

Escena 2, Vargas presidente

Marcuse pensaba que la dialéctica negativa de su colega Adorno conduce al sujeto a rendirse a la irracionalidad del sistema, por ejemplo, la estrategia de suprimir el decreto que subía el precio de los combustibles: pura negatividad que absorbe la lucha social, mientras las élites se reconfiguran y obligan al movimiento a una nueva negatividad, pero sin posibilidad de resultados reales.

Marcuse, clarividente, no distinguía el capitalismo occidental del socialismo soviético. Ambos sistemas convertían a los sujetos en unidimensionales integrados a la razón tecnológica que se presenta como un beneficio para todos, pero es el medio para capturar la conciencia.

El hombre unidimensional de Marcuse es un engranaje más del sistema industrial, en el que los medios de comunicación masiva aplanan la mente que pierde su capacidad de crítica social. Es un ser dominado que llega a reconciliarse con el sistema y, como en la película de Matrix, la crítica al sistema —que efectúa el personaje principal Neo—, es una necesidad del mismo sistema para equilibrar lo que no puede ser perfecto, como el capitalismo, ni tampoco el socialismo. Vargas, al estilo de Neo, se declara el segundo mandatario, una dialéctica positiva que restablece el sistema.

Marcuse pensaba que la salida es una racionalidad comunicativa, que es la acción sobre las experiencias de socialización concreta de las personas, donde se interpreta el mundo, digamos, en las comunidades indígenas, lugar en que los resultados del movimiento se asimilan en la cotidianidad. 
 
Escena 3, traducir los movimientos
 
Un señor llamado Boaventura Sousa de Santos escribió un librito alucinante: Crítica de la razón indolente, en el que afirma, que la Teoría Crítica fracasó y que se necesita elaborar una crítica a la teoría crítica para reinventar la emancipación social: “¿Cómo es posible articular, por ejemplo, el movimiento feminista con el indígena, el campesino, o los urbanos? No se puede reducir toda la heterogeneidad del mundo a una homogeneidad que sería de nuevo una totalidad que dejaría afuera a muchas otras cosas. Entonces no es posible la teoría general.” Pero, de todos modos, se necesita algo que genere sentido a la diversidad de movimientos sociales.

Sousa propone “un procedimiento de traducción” que consiste en traducir conocimientos, saberes y prácticas y sujetos de unos a otros, justamente lo contrario a lo que hacen los líderes indígenas: la FENOCIN —que dice que la CONAIE no representa al movimiento indígena— y la CONAIE deberían traducirse mutuamente para comprenderse, también  deberían traducirse los movimientos feministas, ecológicos, sindicalistas y todas aquellas fuerzas que padecen el capitalismo pero quieren democracia.

Traducción, diálogo y acuerdos es lo posible en una democracia en la que la crítica tenga algún efecto práctico.

La respuesta de la CONAIE luego del “éxito” del levantamiento fue un proyecto “crítico” que quiso imponer una visión, desde el extremo, para una sociedad fracturada, cuando la única opción es acordar todos por el país. 
 
Escena 4, los académicos
 
El movimiento indígena se ha nutrido de la ideología crítica en muchos de sus aspectos y, en consecuencia, son sus portadores autorizados. Algunos de esos académicos ejercen influencia también en las universidades, en particular las áreas políticas y sociales, con criterios análogos: falta o negación a establecer convenios de investigación o programas de cooperación con empresas, peor si son transnacionales, porque significaría justificar el sistema capitalista o mercantilizar el conocimiento.

Lo que fue una escuela de pensamiento ahora es una ideología académica que se reduce a luchar de forma ciega contra el sistema: fuera el FMI, fuera el Imperio, no al alza de los combustibles, no a los empresarios y si al estado.

Lo que ocurre con el movimiento indígena ocurre con la academia: pura negatividad a todo lo que suene a mercado, pero ninguna traducción de la teoría a la práctica social.

Como resultado el país tiene un atraso de una década en investigación en campos tecnológicos, por ejemplo, en Big Data, protección de datos personales, infotecnología, infobiología, etc., por que algunos académicos críticos consideran que se debe “luchar” contra el Big Data y los algoritmos que son la nueva forma de dominio del capitalismo. Es cierto, estamos hablando del capitalismo de los datos, una nueva forma de economía, que genera nuevos sistemas de dominación y también nuevas posibilidades para hacer más eficiente la salud, la educación, el transporte entre miles de aspectos sociales más.

Es evidente que trabajar para las empresas tiene sus riesgos, por lo que es mejor trabajar con las empresas. Varias universidades en España por ejemplo tienen convenios con operadoras telefónicas para formar a sus docentes, proporcionar la arquitectura tecnológica que requieren soportar grandes volúmenes de datos y la experiencia, mientras, que las universidades investigan y reflexionan 
Eso en otros países, nosotros llegaremos tarde y obligados, porque somos críticos.

GALERÍA
Teoría crítica, levantamiento indígena y los académicos
 
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