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4 de Abril del 2022
Ideas
Lectura: 4 minutos
4 de Abril del 2022
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Terminar con la Asamblea?
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El país requiere, de manera urgente, una seria renovación de las leyes y reglamentos que determinan la conformación y el funcionamiento de la Asamblea. Posiblemente sea urgente el retorno a la idea y a la dinámica de un Congreso Nacional.

Cada vez nuestra Asamblea da muestras de una inmensa ineptitud tanto ética como intelectual. Ya no da para más. Su incapacidad ha llegado a los límites de toda la tolerancia intelectual y moral. En esa Asamblea todo es posible, incluso los círculos cuadrados porque no está hecha para legislar y evaluar al país y sus autoridades. Está hecha para perdonar y olvidar. 

Originalmente, fue hecha para ser el muñeco del ventrílocuo de Correa. Y nada más. Desde su inauguración se ha caracterizado por su pobreza moral, social y, a veces, como ahora, incluso intelectual. 

Antes existía el Congreso Nacional, como en cualquier país decente del mundo. Pero Correa quería para sí una Asamblea que, en su propia definición, no lleva el legislar y el evaluar las actividades de los diferentes poderes del Estado. Correa quería una Asamblea, una reunión de amigos y compinches siempre dispuestos a actuar de conformidad a los deseos y caprichos del jefe de Carondelet. Los tiranos son la ley y la justicia. También se apropian de la verdad y del derecho. 

Para ser legislador, miembro de un congreso, se requieren muchas condiciones en el orden del saber y del actuar. No pueden ser improvisados. Deben poseer una suficiente formación académica y tener una hoja moralmente limpia. Por cierto, los estudios académicos no necesariamente aseguran saber y menos todavía honorabilidad. Sin embargo, no dejan de ser un referente necesario porque de una u otra manera aseguran una formación indispensable en quienes van a legislar, valorar y también a juzgar a quienes ejercen funciones públicas.

Los recientes acontecimientos en la Asamblea dan cuenta de que la misma ya no da para más, de que ha tocado fondo y de que es indispensable colocarla en el banquillo de los acusados para que sea analizada a profundidad y también juzgada con propiedad.

Nada de esto interesaba a Correa ni a sus adláteres. Correa quería un conjunto de ciudadanos sumisos a su poder y a sus caprichos. Para ello, borró el Congreso y lo sustituyó por una Asamblea en la que abundan los ineptos y sobran los incondicionales que carecen no solo de formación académica sino también ética y formación política.

Zapatero a tus zapatos. Duro, pero absolutamente cierto. Los recientes acontecimientos en la Asamblea dan cuenta de que la misma ya no da para más, de que ha tocado fondo y de que es indispensable colocarla en el banquillo de los acusados para que sea analizada a profundidad y también juzgada con propiedad. 

El país requiere, de manera urgente, una seria renovación de las leyes y reglamentos que determinan la conformación y el funcionamiento de la Asamblea. Posiblemente sea urgente el retorno a la idea y a la dinámica de un Congreso Nacional que se constituya con normas y principios éticos, sociales y políticos que aseguren que sus miembros se hallen realmente capacitados para legislar. 

Es urgente terminar con ese correísmo perverso que dio lugar a la Asamblea. Nos urge, para salvarnos, volver a una nueva ética que realmente se sostenga en los principios universales del bien y no en los perversos propósitos de un falso caudillo. 

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