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13 de Noviembre del 2023
Ideas
Lectura: 5 minutos
13 de Noviembre del 2023
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Tiempo de asesinatos
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Los antiguos romanos arreglaban cuentas asesinando al adversario. Para ello utilizaban a los sicarios: asesinos profesionales que llevaban la cica (puñal) disimulado en la túnica y que velozmente era hundida en el cuerpo de la víctima en el mismo instante en el que se daban el beso de saludo.

Hasta escribir resulta difícil porque, hacerlo, implica reconocer que desde un par de años atrás se ha ido perdiendo nuestra antigua sensación de seguridad, que parecía mucho más consistente y segura que ahora. Como si los asesinatos se hubiesen convertido en el pan de todos los días. Como si ya no pudiésemos prescindir de esta realidad horriblemente macabra y absolutamente inhumana y que es constantemente expuesta por los medios.

¿Por qué el asesinato nos acompaña desde siempre, desde el primer día de nuestra mítica historia de origen? El Caín mitológico asesinando a su hermano para no compartir la existencia. Desde siempre, esas míticas muertes mantenían un sólido e infame parentesco con la confianza y hasta con una fingida amistad entre la víctima y su asesino.

Los antiguos romanos arreglaban cuentas asesinando al adversario. Para ello utilizaban a los sicarios: asesinos profesionales que llevaban la cica (puñal) disimulado en la túnica y que velozmente era hundida en el cuerpo de la víctima en el mismo instante en el que se daban el beso de saludo. 

Se trata de un signo más de la decadencia que da cuenta de las debilidades éticas y políticas de los pueblos. Una demostración del imperio de esa elemental justicia deteriorada que ha dejado de hacer referencia a la ley y al bien que ha cedido su lugar a la venganza en sus más crueles aspectos. Y no solamente en las cárceles. Posiblemente en ellas se exprese también lo que acontece, de otra manera y con otros ritos, en la cotidianidad de nuestras ciudades y pueblos.

Los asesinatos dan cuenta de un serio deterioro de la libertad, de la justicia y de la misma convivencia social. no solo se trata de dar muerte a alguien sino de demostrar públicamente que existe y que se halla vigente otro sistema de aplicar la ley y la justicia y través de la venganza, la crueldad y el poder de dar la muerte al otro casi como si se tratase de un don.

Y también en las familias. En muchas de ellas, se viven violencias extremas. Esposas e hijos golpeados, lastimados e incluso asesinados.

¿Acaso es absolutamente imposible que el hombre deje de ser un lobo para otro hombre?

Los asesinatos dan cuenta de un serio deterioro de la libertad, de la justicia y de la misma convivencia social. En efecto, no solo se trata de dar muerte a alguien sino de demostrar públicamente que existe y que se halla vigente otro sistema de aplicar la ley y la justicia y través de la venganza, la crueldad y el poder de dar la muerte al otro casi como si se tratase de un don. Justo allá pertenecen todos los asesinatos llamados políticos.

La ley del talión ha invadido no pocos espacios nuestra endeble sociedad. Y no solo aquellos asesinatos que hacen que nuestras cárceles se hayan constituido en uno de los lugares más espantosos e infames de esa justicia elemental significada en la ley de talión. Allí no hay espacio alguno para el análisis y la comprensión. Allí tan solo se actúa. Allí tanto la vida como la muerte han perdido todo valor de significación humana.

Los asesinatos carcelarios dan cuenta de que nuestra sociedad se halla sostenida por normas y principios débiles y equívocos. La cárcel se habría convertido en una suerte de escenario en el que se escenifican la insostenibilidad de ciertas normas del convivir social, la insostenibilidad de las diferencias que hacen al bien, al mal y a las acciones sociales que sostienen la convivencia social.

Por ende, no necesariamente hacen falta más cárceles sino quizás una mejor distribución de los bienes y servicios y, sobre todo, la creación de un nuevo discurso en el que la verdad y la honorabilidad deje de ser meros enunciados del poder para convertirse en auténticos estilos de vida.

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