Back to top
21 de Noviembre del 2022
Ideas
Lectura: 11 minutos
21 de Noviembre del 2022
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Los títeres de la mafia
0
En el estado mafioso el funcionario no es un ciudadano al servicio de su nación sino un vasallo al servicio de la mafia. Aquí jugaron un papel fundamental intelectuales alienados, académicos enajenados y hasta universidades. Los casos de Ecuador ya son conocidos.

El Consejo Nacional Electoral ordenó retirar vallas de propaganda de campaña en Manabí. Se trata de centenares de rótulos gigantescos que se emplazan por todas partes de la provincia anunciando distintos candidatos, todos acompañados por el expresidente Rafael Correa, prófugo de la justicia ecuatoriana. En el hecho concurren algunas infracciones: promover a un convicto es cometer apología del delito, anticiparse a la competencia es contender con ventajosa deslealtad, y cometer esta falta dolosa da a entender que los infractores están dispuestos a pagar las elevadas multas por los centenares de casos de transgresiones. Y ya se registran otros casos en todo el país ¿Cuánto dinero tienen los seguidores de Rafael Correa para desplegar esta monumental campaña sucia?

Las respuestas se encuentran en la naturaleza del estado mafioso y que parece calcado del modelo de organización gansteril de la Hungría de Viktor Orbán. En un libro publicado por el historiador húngaro Bálint Magyar, titulado en inglés como “Post-communist mafia state: the case of Hungary” y que se encuentra disponible para la descarga libre en el repositorio de la Universidad de Europa Central, se describe con todo lujo de detalles los procedimientos genéricos que todavía se aplican en la Hungría de Orbán y que hoy coinciden con el estado paralelo delincuencial del correísmo que se prepara para competir en las próximas elecciones seccionales.

El estado mafioso es un proyecto patriarcal elevado al nivel de un proyecto de protectorado nacional personal. Por tanto, el patriarca debe actuar como custodio de un legado mistificado y como legitimador de sus candidatos, que en la simbología preelectoral aparecen como niños obedientes de la autoridad patriarcal. Los militantes, adherentes, candidatos, mecenas, seguidores son como hijos, y el patriarca es el jefe único e insustituible que concentra todo el poder y la atención, incluso a nivel gráfico.

La concentración del poder político es también un fenómeno de acumulación de riqueza en la mafia personal del líder. Esto podría explicar cómo se desarrolla esta campaña multimillonaria para blanquear la imagen del líder prófugo. De lo contrario, ¿por qué gastar tanto dinero en mítines, alimentación de miles de asistentes, camisetas, chaquetas, banderas, pancartas, vallas publicitarias, autobuses, conferencias, conferencistas, hoteles de lujo, y más, en una campaña multimillonaria sin precedentes?

En el estado mafioso el funcionario no es un ciudadano al servicio de su nación sino un vasallo al servicio de la mafia. Aquí jugaron un papel fundamental intelectuales alienados, académicos enajenados y hasta universidades. Los casos de Ecuador ya son conocidos.

Al igual que en Hungría, los antiguos clientes del patriarca en Ecuador ahora son custodios de los cientos de cuentas bancarias y bóvedas que debe haber para resguardar los miles de millones de dólares que sufragan los gastos de campaña. El historiador húngaro Balint Magyar llama a estos clientes como “poligarcas” que son un ejército de magnates que controlan el suficiente flujo de recursos para levantar cualquier tipo de movilización.

Balint Magyar dice que tras permanecer ocho años sin poder la Fidesz-Unión Cívica Húngara, la organización política de Viktor Orban, desde 2002 se dotaron de los recursos económicos necesarios para la supervivencia del partido, para mantener la cobertura mediática y para recuperar el poder. Entonces los contratos estatales y los recursos siguieron fluyendo a través de sus megacorporaciones, como la constructora Közgép y la agencia de publicidad Mahír. Lo mismo ocurre con el correísmo, que tiene suficientes recursos para dominar algunas instituciones estatales, que goza de presencia constante en varios medios afiliados, que tiene periodistas que fungen de propagandistas, y que disponen de innumerables granjas digitales de acosadores e “influencers” en las redes sociales del internet.

En un estado mafioso, los círculos de confianza del patriarca son sagrados. Como es el caso de la Hungría de hoy, el fanatismo patriarcal se expresa en acciones realizadas no solo en términos de ideología o relaciones partidistas, sino también en términos de identidad. La comunidad de intereses creada por Fidesz tiene sesgos más fuertes que en las democracias liberales, de la misma forma que la agresividad correísta. Esto puede explicar por qué el expresidente de Correa tuvo que humillar públicamente a Vicko Villacís, el candidato de su organización a la alcaldía de Esmeraldas, quien tuvo que suplicar para postularse con el apoyo de la mafia. En este entendimiento político, presente tanto en el Fidesz de Orbán como en la revolución ciudadana de Correa, el gran líder no es la expresión de la unidad de la nación, sino de la unidad de la familia mafiosa que sustituye al partido y luego, con poder, al estado.

Esta anomalía antidemocrática trajo un nuevo tipo de confrontación con el pensamiento crítico que apareció en nuevas instituciones de respaldo político-ideológico con apariencia académica y bajo la supervisión directa del patriarca. Como enumera Bálint Magyar en Hungría, el Instituto del Siglo XXI, del Instituto de Estrategia de la Lengua Húngara, el Instituto de Investigación Histórica Veritas, el Instituto de Investigación y Archivos para la Historia del Cambio de Régimen Húngaro, el Instituto Nacional de Investigación de Estrategia fueron creados como órganos de propaganda para la alienación de la sociedad. Lo mismo sucedió en Ecuador cuando se creó una Red de Maestros para sustituir a la Unión Nacional de Educadores, el Instituto de Pensamiento Eloy Alfaro del Ministerio de la Política para torcer el pensamiento del liberal manabita. Y ahora todavía funcionan con tanques de pensamiento como el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica o el Instituto para la Democracia Eloy Alfaro cuyo despliegue consiste en desdeñar permanentemente las libertades y derechos de la democracia occidental.

Al dominar las esferas de la democracia liberal, incluso de la creación de pensamiento crítico, el estado debe demoler la autonomía de los funcionarios públicos y de los intelectuales anteriormente independientes que tienen alguna influencia en la opinión pública. Luego comienzan a reclutarlos bajo las órdenes del partido, y si esto no es posible los marginan y estigmatizan. Es bochornoso el caso de Jaime Guevara, un artista ecuatoriano vilipendiado de forma canallesca por Rafael Correa en septiembre de 2013 durante una cadena nacional sabatina. Guevara es un activista por los Derechos Humanos sin vicios de ningún tipo y su falta fue afretar al patriarca por su despotismo. Pero la intención era acuchillar el buen nombre del artista y Correa lo consiguió como con muchos otros en el mismo espacio televisado, semana tras semana.

Así se comenzó a reclasificar a los intelectuales profesionales y a los funcionarios en el sector público. En la Hungría de Orbán y en el Ecuador de Correa se instaló una intensa campaña de limpieza política integral, a menudo acompañada de abundantes propagandas con mensajes de desprestigio, estigmatización y criminalización. Los funcionarios, entre jueces, fiscales, policías, militares, médicos o profesores, que profirieran algún pensamiento crítico sobre el patriarca debían irse inmediatamente de la administración bajo señalamientos públicos y persecución. Así se impuso un código de lealtad gansteril para la capa intermedia burocrática que debía recitarse como un manual de catequesis.

En el estado mafioso el funcionario no es un ciudadano al servicio de su nación sino un vasallo al servicio de la mafia. Aquí jugaron un papel fundamental intelectuales alienados, académicos enajenados y hasta universidades. Los casos de Ecuador ya son conocidos. Bálint Magyar enumera los casos de Hungría e incluye el tristemente célebre papel de la Universidad Católica Pázmány Péter, la Universidad Nacional de Servicio Público, la Universidad Corvinus de Budapest, la Universidad de Defensa Nacional Miklós y la Universidad Nacional de la Función Pública que tuvieron el monopolio en la enseñanza de ciertas disciplinas impartidas como dogmas y que estaban prohibidas para otros centros de enseñanza. Estudiantes y profesores que discreparon de estos procedimientos fueron despedidos bajo acusaciones falsas o falsificadas y eso todavía sucede en algunas de las universidades controladas por el correísmo en Ecuador.

Fidesz también puso bajo su control a los medios públicos estatales. El primer presidente del Consejo de Medios y Autoridad Nacional de Infocomunicaciones establecida por la nueva Ley de medios de 2011 era uno de los favoritos de Orbán, y el segundo era el abogado de Fidesz. En Ecuador sucedió lo mismo cuando se posesionó en un cargo idéntico, el de superintendente de Información y Comunicación, al impresentable de Carlos Ochoa, hoy exiliado en Bolivia tras falsificar la ley de comunicación del Ecuador.

En ambos países, en Ecuador como en Hungría, se nacionalizaron varios medios luego convertidos en públicos y no solo en términos de propiedad, sino también en términos de contenido, una transformación que convirtió al servicio público de información en servicio de propaganda del gobierno.

El escándalo de la aparición de la cara del patriarca en centenares de vallas no es un problema solamente propagandístico. A nadie beneficia más que al mismo Rafael Correa el aparecer en cada una de las piezas publicitarias de la próxima campaña seccional. Correa está atormentado porque cada vez es menos mencionado y quiere, por la fuerza, que su deteriorado semblante acompañe los millones de banderas, camisetas, pancartas, afiches y fosforeras que se están imprimiendo por todo el país. Pero este es un proceso irreversible: Correa se está extinguiendo y es capaz de hacer de sí mismo un títere en la escena del más patético teatro.

@ghidalgoandrade


 

[PANAL DE IDEAS]

Alexis Oviedo
Luis Córdova-Alarcón
Alfredo Espinosa Rodríguez
Consuelo Albornoz Tinajero
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Iván Flores Poveda
Carlos Rivera
Andrés Jaramillo C.

[RELA CIONA DAS]

Lucha contra la corrupción
Alfredo Espinosa Rodríguez
El indio ecuatoriano: reflexiones sobre un texto fundamental
Wladimir Sierra
La corrupción produce crisis políticas
Mariana Neira
Indigencia cultural
Fernando López Milán
Cuatro senadores de EE.UU. piden más ayuda en seguridad para Ecuador
Redacción Plan V
GALERÍA
Los títeres de la mafia
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

La fiebre del oro consume al Napo
Redacción Plan V
En Pomasqui, Pedro José Freile compitió con una boda y un pase del Niño
Redacción Plan V
El Gobierno cree que señalamientos de Zurita responden a agenda mediática
Redacción Plan V
¿Qué pasó con el millón de dólares que Ecuador depositó en la ONU?
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Caso Encuentro: el informe de Anticorrupción señala al entorno de Hernán Luque
Redacción Plan V
Esta es la historia del candidato ‘Faracho’, asesinado en medio de la creciente violencia en la campaña
Redacción Plan V
Jorge Yunda: un concierto cantando una campaña
Fermín Vaca Santacruz
Alcaldía de Quito 2023: estos son los postulantes y sus propuestas
Redacción Plan V