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19 de Septiembre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
19 de Septiembre del 2019
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Tlaloc y el aborto
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La Inquisición y los sacrificios Aztecas tienen en común la relación entre fe y política. Y es que son los hombres los que interpretan a Dios, por eso en democracia se duda de los que hablan en su nombre.

Se invita a toda la población al sacrificio que se efectuará a primera hora de la mañana en el Templo Mayor. Nuestras autoridades como representantes –“vivos”- de los dioses asistirán a la ceremonia que en esta época de calor y sequía se ofrecerá a Tlaloc, para que nos bendiga con mucha lluvia y ojalá pocos relámpagos. La víctima sacrificial se eligió entre los prisioneros de la guerrilla que tanto daño han causado al país. 

Esta imaginaria invitación a un sacrificio, puede resultar incómoda, sin embargo, es perfectamente normal en un Estado religioso o convencional como Tenochtitlan, la ciudad sagrada del pueblo mexica fundada en 1325 y que para 1519 contaba entre 60.000 y 300.000 habitantes, educación gratuita y obligatoria, servicio postal, baños públicos y miles de artesanos. Sí, también, sacrificaban personas.

Las mayores religiones del mundo, como en su momento las del México antiguo, son el cristianismo con 2.300 millones de fieles, el islamismo con 1.800 millones, el hinduismo con 1.000 millones. Cada una con reglas que establecen lo permitido y lo prohibido, y cada una afirmando que sus preceptos provienen de Dios.

El nacimiento del monoteísmo fue una mala noticia para el planeta, los sistemas politeístas aceptaban sin problema creencias y ritos diferentes. ¡A nadie se le hubiera ocurrido marchar donde el gobernante para imponer la moral de su grupo al resto!

Por eso el Estado laico es un sistema avanzado de gobierno, porque discusiones complicadas y profundas como el aborto no pasan por juicios religiosos y morales, sino por el análisis científico, las políticas de salud y, por supuesto, la valoración por la vida.

La Inquisición y los sacrificios Aztecas tienen en común la relación entre fe y política. Y es que son los hombres los que interpretan a Dios, por eso en democracia se duda de los que hablan en su nombre.

¿Por qué la Conferencia Episcopal Ecuatoriana puede tener más verdad que Ahmed el Tayyeb, el líder religioso de 1.300 millones de sunníes? De hecho, el Gran Imán reconoció interpretaciones desviadas de los textos del Islam, por quienes los usan para imponer sus ideas por la violencia.

¿Por qué no sacrificamos a Tlaloc los migrantes, los homosexuales, las mujeres que abortan o los ateos? En términos prácticos, porque resulta contraproducente, esto haría imposible el comercio, que depende de la confianza. Tampoco podríamos trabajar libremente, pues alguien podría matarnos para quedarse con el negocio o nuestro empleo. En una sociedad con un mercado, leyes y respeto por la libertad individual es posible la convivencia y el crecimiento. 

Si las disputas son religiosas puede que un poder superior justifique imponer a otros ciertas formas de pensamiento o vida, porque “Dios lo dispone así”. La Inquisición y los sacrificios Aztecas tienen en común la relación entre fe y política. Y es que son los hombres los que interpretan a Dios, por eso en democracia se duda de los que hablan en su nombre.

El problema de fondo es que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y la Iglesia católica, en general, confunden la moral con la ética. La ética es un asunto público que atañe a la convivencia y bienestar social. Problemas como si el aborto es un “asesinato” no corresponden a la Asamblea o al Estado, porque son discusiones morales que deben discutirse entre los creyentes y sus familias. Si una mujer decide no abortar, es una decisión moral y personal, no un hecho público. 

Pero si miles de mujeres violadas corren riesgos emocionales, peligra su salud o su vida o son criminalizadas por una decisión que compete a sus cuerpos, entonces es un asunto público. 

Negar el derecho al aborto por violación, incesto, malformación e inseminación no consentida, puede sonar tan normal y aceptable como los sacrificios para alimentar a los dioses, en los dos casos prima el fanatismo religioso y no la democracia.

[PANAL DE IDEAS]

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