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14 de Marzo del 2016
Ideas
Lectura: 7 minutos
14 de Marzo del 2016
Ana Minga

Periodista de Investigación, escritora de poesía y narrativa corta, especialista en perfilación criminal.

¿Todos somos su enemigo público?
Amigos que me han visto crecer, me indicaron que estaban conmigo en estos momentos pero que no dirían nada si es que se los pido porque trabajan para el Gobierno. Yo debía entender que por la "papa" se tiene que aguantar cosas que antes no. Personas que antes eran valientes y ahora son “prudentes”, me aclararon que hay que callar.

Las redes sociales dan el derecho de hablar a legiones de idiotas, según el filósofo Umberto Eco. Puede ser que sí y también que esto se deba a que tengamos una mente mágica que quiere que de la nada se solucionen cosas de la vida real a través de lo virtual. En redes sociales se encuentran trivialidades pero también se ha convertido en una zona para emitir información sobre el Gobierno. Un ciudadano común lo puede hacer. Pero si es detectado por el poder, tendrá una respuesta de sus emisarios, aunque el mismo presidente de la República, Rafael Correa, se pone de tu a tu en el twitter.

Dentro de las redes se arman confrontaciones parecidas a las peleas de barrio. He visto funcionarios gubernamentales que incluso le dicen a quien los “pica”, frases como: cuándo quiera me demuestras lo que dices, en dónde nos vemos… me avisa nomás que yo no le tengo miedo, su comentario pasa pero su cara no… Estas afrentas las viven quienes se atreven a escribir, ¿pero qué pasa con el resto que solo lee y guarda silencio? Las personas que solo espían el facebook les importa la realidad del país, pero no hablan por miedo. Algunos ecuatorianos se sumergieron en el pánico y la paranoia. Incluso prefieren un suicidio virtual, para no meterse en líos. (O leer un libro antes que estar en el chisme).

Quienes utilizan las redes sociales para emitir comentarios sobre la política del país, ¿hasta qué punto están comprometidos con sus criterios? Por ejemplo, se lee a través de facebook y twitter convocatorias para marchas en contra de las medidas del Gobierno, varias personas aseguran que asistirán al punto de concentración, llegado el momento, los 2.000 likes de un comentario, terminan en 100 personas concentradas. ¿Esto se debe a que el oficialismo es mayor que la llamada oposición? Creo que no. Es miedo.

La inconformidad con el Gobierno existe, pero está en silencio, remordiéndose por los rincones de las redes sociales. Aumentando, no sabemos en qué momento va a reventar, o tal vez nunca, la masa como siempre quiere un Mesías.

Pero el Gobierno ha logrado algo que no lo han hecho otros regímenes: dividir amigos y familias, imponiendo el miedo. El 3 de marzo del presente año Fundamedios dio una alerta por los mensajes que el director de El Telégrafo envió a mi whatsapp reclamándome por un comentario emitido por Facebook. Toda la información del caso se puede leer en la web. Lo sucedido recorrió las redes sociales, los comentarios de solidaridad fueron evidentes. El Colegio de Periodistas también mostró su respaldo.

El apoyo de algunos amigos fue frontal en redes sociales y a nivel personal. Este hecho también me llevó a conocer a otras personas que anteriormente habían pasado algo similar.

Pero hubo quienes me aclararon la paranoia social que existe actualmente. Amigos que me han visto crecer, me indicaron que estaban conmigo en estos momentos pero que no dirían nada si es que se los pido porque trabajan para el Gobierno. Yo debía entender que por la "papa" se tiene que aguantar cosas que antes no. Personas que antes eran valientes y ahora son “prudentes”, me aclararon que hay que callar.

No puedo decir que ellos están contentos con el régimen, porque se quejan. Por un momento serví de sacerdote confesor, a mí me contaron cosas que no se dicen en público. Esto me dejó un sabor amargo, porque es una doble moral. Como país, ¿qué pedimos? Tal vez tenemos los gobernantes que merecemos.

Entre conversaciones saltó el tema que dentro de las redes sociales hay espías, que se hacen pasar por opositores pero que en realidad trabajan para el Gobierno. Sus comentarios son confrontativos contra el poder de turno pero en realidad captan la atención de los verdaderos opositores para hacerles un seguimiento. 

La persona que comentó de los contactos que trabajan como espías  me aclaró que tampoco dirá nada si yo revelo su nombre, es más, negará hasta que me conoce. Este régimen logró que amigos se dieran la espalda, o tal vez, dejó al descubierto que hay amistades frágiles o que nunca fueron amigos. Y ¡Viva la paranoia social, nos movemos entre espías pagados que supuestamente hacen capturas de pantalla de nuestras publicaciones!

Si dices algo mal del Gobierno te bajan las páginas, eran algunos comentarios que me llegaron. Y es verdad, páginas de periodistas fueron sacadas de la web con pretextos absurdos.

Era 3 de marzo y mi comentario de facebook parecía que me introdujo en una película de espionaje y contraespionaje. Consejos como que vea a todos los lados, que ya no hable, que mis líneas telefónicas deben estar interferidas, que cuide el whatsapp, etcétera. ¡Me lo decían todos! Obvio que puse atención a quien sabe de estos temas, porque lo vivió. ¿Pero el resto? El miedo va ganando a los ecuatorianos.

Aunque no están muy lejos de la verdad, si revisan sus contactos de facebook ¿Cuántos son de confianza? ¿Cuántos no tienen perfiles falsos? ¿Cuántos se hacen los locos cuando a alguien cercano lo ataca el poder?

Pasaron cinco días luego de la alerta y Facebook canceló mi página y no dijo por qué. Y la solidaridad de las personas quedó en lo virtual, nadie sabía nada de mí, otros ni cuenta se dieron. La vida continuó como cuando hay una muerte física. Algunos dijeron que habían eliminado al “enemigo público”. Todos estaban en esa película protagonizada por Will Smith. Otros amigos me aclararon que ya ni llamarían a mi teléfono porque seguramente está intervenido. Hasta ahora no sé nada de ellos.

No sé en qué momento el ciudadano cayó en pánico hasta volverlo conformista e inmóvil. Es cierto, para el poder es tan fácil hacer click. En la actualidad (o tal vez siempre) la verdad siempre será mentira para el poder y los oficialistas se empecinarán en utilizar todo lo que se diga en nuestra contra. Pero ¿cuál es el resultado de una sociedad con miedo? Entre tantas respuestas: la esclavitud.

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Rivera
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