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7 de Mayo del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
7 de Mayo del 2018
Toronto y La Manada: las mujeres salimos perdiendo
En los dos casos, además de los responsables, es la sociedad patriarcal aquella que debe ser criticada. Por un lado, los miembros de Incel buscan destruirla porque, según ellos, fomenta un patrón de discriminación en su contra ya que supuestamente protege a las mujeres y sus derechos. Por otro lado, el segundo caso demuestra que esa sociedad no permite que las mujeres decidamos libremente, sino que premia con impunidad o condenas insultantes comportamientos que reafirman el estatus de objeto de las mujeres.

Esta semana varias noticias evidencian que la situación de las mujeres en el siglo XXI sigue siendo precaria. Pero son dos las que definitivamente nos han dejado un mal sabor de boca.

La primera de ellas corresponde al ataque terrorista en Canadá. ¿Un ataque terrorista? Seguramente la primera imagen que se les viene a la mente es la de un hombre de origen árabe. No traten de engañarme/se. No es culpa suya sino de esa guerra mediática que nos ha grabado en la cabeza el estereotipo del terrorista como aquel actor árabe que sale en la peor película de Hollywood. En Canadá, el terrorista Alek Minassian (que no es de origen árabe, vale la pena señalarlo) atropelló a diez personas en Toronto. El es miembro del grupo Incel, el mismo al que pertenecía Eliot Rodger quien, en 2014, mató a seis personas en California.

Los “incel” (abreviación de “célibes involuntarios” en inglés) son un grupo de hombres que, en la plataforma Reddit, discuten sobre, entre otras cosas, las causas de su falta de relaciones sexuales y su supuesta falta de atractivo sexual. Ellos consideran que el mundo está dominado por “Chads” que pueden acceder a “Stacys” (entiéndase como mujeres atractivas que estarían fuera del alcance de los Incel al preferir a los llamados “Chads”) que crean, para el resto, un celibato involuntario. Este grupo no ataca a las mujeres en sí, sino que su “revolución” que busca destruir a la sociedad occidental actual ya que permite a las mujeres elegir libremente con quien tener sexo. Si bien es cierto, no todos los miembros de la comunidad Incel aprueban el uso de la violencia; también es cierto que al menos diez personas han muerto por las conductas de dos miembros de esta organización que buscan llevar a cabo su “revolución”.

Admito que suena a una trama salida de una película basura, pero es real, tan real que ha cobrado la vida de varias personas. Y, esto nos lleva a la siguiente noticia de esta semana.

El 26 de abril, tras 6 meses de juicio, la Audiencia de Navarra ha fallado en el caso conocido como el de “La Manada”. Para quienes no sepan los hechos, en 2016, según la propia sentencia del tribunal, cinco hombres metieron a la víctima en un portal donde la penetraron hasta seis veces, “sin su aquiescencia”, vía bucal, anal y vaginal. Estos hechos fueron grabados en varios videos que los violadores compartieron por las redes sociales. La mujer de 18 años los acusó de violación, pero, para los jueces, no existió tal agresión sexual sino un abuso sexual continuado.  El argumento, plasmado en la misma sentencia, es que la víctima asumió una actitud de sometimiento y pasividad que no demuestra que haya “mediado violencia o intimidación”. Claro, es lógico, que si te violan cinco tipos y no luchas (por el susto, la impotencia, el asco…) no es violación. La decisión ha sido recibida con protestas en España, así como en las redes sociales.

Un ataque terrorista, por un lado; y un delito “común”, por otro. ¿Qué tienen en común estas dos noticias? La posición de subordinación de la mujer en la sociedad actual. Los miembros de Incel buscan una revolución que termine con esta sociedad que acepta su situación de opresión al permitir que las mujeres decidamos con quien tenemos relaciones sexuales y con quienes no. Los cinco violadores (porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre) del caso de “La manada” consideraron que esa chica era un objeto del cual podían disfrutar y luego desechar sin que haya consecuencias. La mujer-objeto que debe someterse al deseo masculino está presente en esos dos escenarios. En el segundo, la justicia se vuelve cómplice al requerir a la víctima de una violación en grupo que luche, incluso hasta la muerte, por su integridad. ¿Es necesario que nos maten para que nos crean? ¿Es necesario que nos maten para que la justicia intervenga?

En los dos casos, además de los responsables, es la sociedad patriarcal aquella que debe ser criticada. Por un lado, los miembros de Incel buscan destruirla porque, según ellos, fomenta un patrón de discriminación en su contra ya que supuestamente protege a las mujeres y sus derechos. Por otro lado, el segundo caso demuestra que esa sociedad no permite que las mujeres decidamos libremente, sino que premia con impunidad o condenas insultantes comportamientos que reafirman el estatus de objeto de las mujeres. El Estado, supuesto garante de nuestros derechos, se convierte en un cómplice. La revolución debe venir y vendrá pero para reafirmar el ejercicio de nuestros derechos.

[PANAL DE IDEAS]

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