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21 de Marzo del 2017
Ideas
Lectura: 6 minutos
21 de Marzo del 2017
Oswaldo Toscano

Docente universitario, consultor empresarial, es miembro de Society for Neuroeconomics, titulado en administración de empresas. 

Trump contra el mundo
Es innegable que detrás existe una campaña sistemática para difundir la peor imagen del nuevo presidente estadounidense seguramente promovida por los grupos que se niegan a dejar los privilegios alcanzados. Las grandes cadenas informativas se alinean a esta campaña y los medios locales no son más que repetidores a pequeña escala de este discurso.

George W. Bush presentó, en el 2006, al Senado de Estados Unidos la Secure Fence Act en la cual se propone la ampliación de la barrera física en la frontera con México. Dos de los senadores demócratas que apoyan y votan a favor de la ampliación de este muro fueron Barack Obama y Hillary Clinton. La construcción del muro inició en 1994, en el gobierno de Bill Clinton, bajo el programa de lucha contra la inmigración ilegal conocido como Operación Guardián. Cuando el presidente Trump firmó el decreto ejecutivo para terminar la construcción del muro, los medios resaltaron únicamente el aparente carácter xenófobo del mandatario tras la medida.

La orden ejecutiva del nuevo Presidente para detener la migración de refugiados durante 120 días fue prácticamente reducida por los medios a una prueba más de la irracionalidad del nuevo régimen.  Sin embargo, la prohibición migratoria del nuevo régimen estadounidense no tiene una orientación religiosa ni apunta contra todos los migrantes como repitieron hasta el cansancio los grandes medios. Los países con mayor población musulmana no están dentro del veto migratorio de 90 días. Apunta contra los países que fueron clasificados según Visa Waiver Program Improvement and Terrorist Travel Prevention Act of 2015-2016 como origen de grupos terroristas islámicos. Esos países son: Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Lo cual también desmonta la tesis de algunos medios que sugieren que la selección se realizó según intereses empresariales del nuevo mandatario de EE.UU.

Estos son apenas dos hechos que nos permiten desnudar la curiosa hipocresía de los grandes medios occidentales cuando analizan la gestión del nuevo presidente estadounidense Donald Trump (lo acabamos de ver nuevamente en la reciente encuentro con Merkel). Sus contenidos tienen un gran sesgo. Los relatos y opiniones que se imprimen permiten confirmar que existe una intención de destruir la imagen y legitimidad del Presidente ante la opinión pública estadounidense y del mundo. ¿Cuál es la razón de estos ataques? 

El ataque frontal del candidato republicano a la orientación política dominante. Esto es lo que puso en alerta a la izquierda norteamericana y al establishment (que incluye facciones del propio Partido Republicano, lobistas, empresarios, ONG, medios de comunicación, etc.). A partir del 11 de septiembre del 2001 se instaló en EE.UU. una agenda cuyos efectos lesionaron seriamente las libertades individuales. El poder estatal alcanzó niveles extraordinarios de intervención. Las agencias de inteligencia adquirieron no solo un enorme presupuesto, sino también un enorme peso político. Se implantaron sistemas de vigilancia que vulneraron la privacidad de los ciudadanos estadounidenses (también de otros países). Se financiaron intervenciones alrededor del mundo. La industria de la guerra encontró un nicho particularmente conveniente en la política internacional de corte imperialista que dominó la agenda de la Casa Blanca desde aquel hecho fatídico. Como corolario queda la destrucción en Oriente Medio.

La intervención avanzó hasta el intento de estatizar el sistema sanitario (Obamacare) impulsado por el Partido Demócrata que desde hace años impulsa las ideas progresistas en Estados Unidos. En efecto, los avances del progresismo en la educación y la creación de privilegios legales para sus abanderados alcanzaron notorio éxito durante la administración Obama. Las prácticas corporativistas o prebendalistas se consolidaron, etc. Lógicamente todo financiado con recursos del contribuyente. 

Pero, ¿por qué prominentes miembros del Partido Republicano no se opusieron a esta agenda? Según el escritor e intelectual David Joel Horowitz, en su libro Big Agenda: President Trump's Plan to save America, muchos Republicanos no detuvieron toda esta maquinaria que carcome las bases de una sociedad libre, para evitar caer en los tentáculos de la corrección política. Oponerse los hubieran arrojado al tacho de la opinión pública fuertemente fiscalizada por los mismos medios que hoy atacan al régimen del presidente Trump. Una parte importante de la sociedad estadounidense durante años ha bebido de  las ideas progresistas, en los medios, las universidades, organizaciones de la sociedad civil, Hollywood, etc.

Así, una vez que Trump gana y asume el poder, los medios se convierten en el eco de la reacción de toda la progresía, que se niega a aceptar que Trump terminó con el predominio del Partido Demócrata y que pone en peligro las nuevas estructuras de poder. Es innegable que detrás existe una campaña sistemática para difundir la peor imagen del nuevo presidente estadounidense seguramente promovida por los grupos que se niegan a dejar los privilegios alcanzados. Las grandes cadenas informativas se alinean a esta campaña y los medios locales no son más que repetidores a pequeña escala de este discurso. Las noticias que se reproducen en los medios y que luego dan pie a columnas de opinión tienen como fuente poderosas agencias de relaciones públicas que nutren a las grandes corporaciones mediáticas y luego el efecto cascada hace el resto del trabajo.

En EE.UU. las instituciones aún son fuertes y estables. El populismo, en ese contexto, tiene efectos restauradores. Quizá por ello los obreros, las familias que pusieron los soldados muertos en Medio Oriente, el ciudadano sofocado por la enorme carga impositiva, los individuos abrumados y silenciados por la corrección política,  las personas en paro, votaron por quien les ofreció restablecer las instituciones que fueron deterioradas por la tiranía de los decretos ejecutivos desde el 11 de septiembre del 2001.

[PANAL DE IDEAS]

Gonzalo Ordóñez
Fernando López Milán
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Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Arcos Cabrera
Francisco Chamorro
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