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3 de Junio del 2020
Ideas
Lectura: 6 minutos
3 de Junio del 2020
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Trump: déjanos respirar
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Una de las sociedades más injustas del mundo colapsa. El racismo es violencia, la explotación laboral es violencia, la injusticia es violencia. Wall Street es violencia. No basta ser pacifista, hay que ser antifascista; porque la indiferencia es violencia.

La tierra de la libertad para todos no lo ha sido para los negros y estamos cansados. (Tamika Mallory)

Algunos chicos afroamericanos saltan eufóricos sobre techos de autos Mercedes Benz último modelo en un almacén de la transnacional en Oakland. Los autos ya han sido pintarrajeados con todo tipo de leyendas contra la policía y el gobierno. Brincan, rompen parabrisas, revientan neumáticos en una especie de ritual entre paroxístico y catártico. Ustedes me dirán, esto ya no es protesta es vandalismo, yo lo único que puedo decir es que la violencia económica genera violencia política. Si por ser negro te pagan la mitad de lo que gana un blanco o si de tres personas asesinadas por la policía dos son negras y si tus posibilidades de ingresar a la universidad, por ser afro descendiente, son la mitad de las que tiene un chico blanco, definitivamente estás viviendo en un sistema esclavista en pleno siglo XXI. 

Manhattan en llamas. Miles de jóvenes pasan de la indignación al delirio, rompen vitrinas de tiendas lujosas con sus monopatines mientras otros golpean con bates de beisbol cámaras de seguridad, una chica afroamericana que ha logrado ingresar a un local de computadoras reparte teléfonos móviles y computadoras mientras grita “merry christmas”. Todo esto a pocas cuadras de Wall Street, en el corazón del monstruo, el monstruo que educó policías fascistas, el que enseñó la violencia más real a los chicos desde sus consolas de Nintendo, Play Station, el de las instituciones sagradas como la iglesia y la familia. Todo se desvanece entre lágrimas, rabia y virus. Una vez más los jóvenes rompen el silencio, a lo lejos se escuchan disparos, la ciudad es una hoguera que se extiende purificando soledades.

Cientos de miles de jóvenes de todas las etnias y razas gritan consignas contra el racismo, la policía y Trump. Los jóvenes indignados por la muerte de George Floyd han desafiado al toque de queda decretado por el gobierno en las ciudades más importantes de Estados Unidos: Washington, New York, Los Angeles, Chicago, Seattle y obviamente Minneapolis la ciudad en la que fue asesinado cobardemente George Floyd por un policía blanco que lo asfixió con su rodilla durante ocho minutos mientras Floyd le pedía que le deje respirar. Let me breathe, las últimas palabras de una de las miles de víctimas de la violencia policial pero que ha resonado como un himno multirracial en todo el mundo.

Según la Oficina de Censos de Estados Unidos en 2019 el ingreso medio de un hogar blanco era de USD 70 000 al año, mientras que en un hogar afroamericano el ingreso apenas alcanzaba a USD 41 000. El 72 % de los jóvenes blancos termina la secundaria e ingresa ese mismo año a la universidad frente a un 44% de jóvenes negros que puede hacerlo. La tasa de mortalidad en casos de COVID-19 por un millón de personas es de 322 en todo EE.UU, 227 para blancos y 546 para negros. Algo no anda bien.

Trump y sus fuerzas de seguridad, desalojan con gases lacrimógenos, balas de goma y toletazos a una multitud que se había congregado pacíficamente en las afueras de la iglesia de Saint Johns en Washington. Lo hace para realizar un performance político, quiere fotografiarse junto a la iglesia levantando la Biblia y repitiendo “Tenemos un gran país, el mejor del mundo”.

Las muertes por violencia policial en la población negra son mayores que las registradas por casos de cáncer o enfermedades cardiacas. Existe un imaginario profundamente arraigado en la mente de gobernantes y guardianes del orden, asocian negritud con delincuencia.  Si tienes una sociedad estructurada sobre prejuicios vas a obtener violencia, depresión,  y tarde o temprano estallidos sociales. Señor Trump, usted cree que vive en “el mejor país del mundo”, pero no por su gobierno ni sus instituciones anacrónicas y medievales sino por el talento de norteamericanos de raza negra como Miles Davis, Louis Armstrong, Charly Parker, Mohamed Ali, Sidney Poitier, Morgan Freeman, Denzel Washington, Michael Jordan, Spike Lee, Malcolm X, Ella Fitzgerald.

Mark Esper, jefe del Pentágono, ha rechazado el despliegue del ejército ordenado por Trump para contener las protestas: “estas medidas solo deberían utilizarse como último recurso y en las situaciones más urgentes y extremas.” Lo cierto es que Trump, con su discurso flamígero repleto de acusaciones de terrorismo a los cientos de miles de jóvenes que se han movilizado, la mayoría pacíficamente, ha demostrado su populismo básico y fascista.

Una de las sociedades más injustas del mundo colapsa. El racismo es violencia, la explotación laboral es violencia, la injusticia es violencia. Wall Street es violencia. No basta ser pacifista hay que ser antifascista porque la indiferencia es violencia.

Tamika Mallory, militante afroamericana de este movimiento antirracista, refiriéndose a las élites económicas y políticas dijo: "No nos hablen sobre los saqueos, son ustedes los que han saqueado. Estados Unidos ha saqueado a los negros y a los pueblos indígenas que estaban aquí. Así que saquear es lo que ustedes hacen, aprendimos a saquear de ustedes. Aprendimos la violencia de ustedes. Así que si quieren que hagamos lo correcto, hagan lo correcto.”

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