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2 de Julio del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
2 de Julio del 2021
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Un curso de gobierno
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El libro tiene el mérito de hacernos pensar como ciudadanos la cuota de responsabilidad que tenemos en las reacciones que suscitan decisiones de gran trascendencia como las tomadas por Mahuad. Tras veinte años de la firma de la paz con el Perú, el bono solidario y la dolarización, se han mantenido vigentes. Los gobiernos que le sucedieron, incluido el de Rafael Correa, no los revocaron, lo cual significa que fueron un acierto.

Así dolarizamos al Ecuador recoge la experiencia inédita de un presidente, cuyo gobierno tuvo que vencer mil y una dificultades del más diverso orden, y no se arredró. Un gobernante no puede cruzarse de brazos, ni puede elegir el escenario que más convenga a sus objetivos.  En el prólogo, Domingo Cavallo destaca que Mahuad “tuvo la dosis de audacia y patriotismo que era necesaria para adoptar esa decisión”. Lo compara con Nicolás Maduro quien, a fines del 2019 dijo: “Gracias a Dios existe la dolarización”.  El venezolano dejó que la dolarización adviniera sola, pero ya tarde cuando la economía de su país había sufrido estragos que Mahuad supo evitarlos para el Ecuador.

Gobernar con alto capital intelectual permite producir teoría. Ésta se nutre tanto de los conceptos como de las experiencias. Lo difícil está en conectarlos. Me parece que ese es el mérito del libro. En el recorrido que hace Mahuad de las peripecias de su gobierno, conjuga los hechos con la reflexión. Para ello se vale de metáforas que complementan los conceptos económicos, políticos y sociales que suelen ser abstractos. La política no es solo un ejercicio racional; las emociones ocupan en ella un lugar nada secundario.   

La planificación y la implementación del cambio de la moneda ecuatoriana por el dólar de los Estados Unidos requirió de muchos estudios, análisis de las distintas opciones en juego, de la oposición que encontró en el Congreso, en el Banco Central, hasta en su propio partido; la opinión contraria del Fondo Monetario Internacional y la falta de una coordinación formal para usar el dólar por parte del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Sobre la base de estos análisis, que comprendieron todos los aspectos de orden económico, social, cultural, histórico e internacional, la dolarización devino en una decisión histórica que, según uno de los testimonios recogidos en el libro, “ha sido capaz de mantenerse a flote como un corcho a pesar de la serie de decisiones económicas inconvenientes tomadas por algunos de los gobiernos siguientes, y en especial, las tomadas por el Gobierno del presidente Correa que la abominó y adoptó políticas económicas con el inocultable propósito de hundirla, hacerla fracasar y tornar inviable su subsistencia”.

La actualidad del libro, lo señala el periodista Velásquez Ortiz, llega en medio de la actual crisis, agudizada por la pandemia de la COVID-19. Ofrece enseñanzas muy importantes para el manejo de situaciones de riesgo dentro de las reglas del juego democrático. 

¿Con qué ojos ve la realidad Mahuad? Desde Harvard, como profesor; desde el gobierno que le tocó presidir, como actor. En ambos casos se vale de un conocimiento definido con relación a contextos de acción, que parte de una investigación multifacética de una realidad compleja sobre la que tuvo que actuar.  El concepto de gobierno, en este caso, rebasa lo teórico-conceptual, para captar el sentido de una gama de situaciones interrelacionadas.

El libro tiene el mérito de hacernos pensar como ciudadanos la cuota de responsabilidad que tenemos en las reacciones que suscitan decisiones de gran trascendencia como las tomadas por Mahuad. Tras veinte años de la firma de la paz con el Perú, el bono solidario y la dolarización, se han mantenido vigentes. Los gobiernos que le sucedieron, incluido el de Rafael Correa, no los revocaron, lo cual significa que fueron un acierto.

¿Cómo entender que en una “tormenta perfecta” -como la define el autor- un presidente haya sido capaz de mantener la cabeza fría y definir un derrotero positivo para los ecuatorianos? Recordar, como lo hacemos, la congelación de los dineros de los depositantes y el feriado bancario, haciendo abstracción de su congruencia con la dolarización, supone quedarnos en la superficie y no ver el encadenamiento de estos pasos. Y achacar a un gobernante y su gestión como los generadores de una situación, por cierto heredada en ese período equivale a desconocer que la “envenenada herencia” venía del pasado.

Y es que la dirigencia política ecuatoriana, subraya el autor del libro, “se había acostumbrado a comportarse como el avestruz que esconde la cabeza en la arena para no ver los problemas”.  Y cuando se los plantea y se los encara, no asume su responsabilidad y deja que el gobierno que los enfrenta corra con el costo político. Así se convierte en beneficiaria del desgaste político que acarrea tomar medidas impopulares, pero también de los efectos positivos de ellas.   

Los sucesos que desembocaron en el derrocamiento de Mahuad retratan de cuerpo entero a las élites políticas, a sus partidos, de derecha, centro e izquierda, a los gremios empresariales, a los movimientos sociales que dejaron a un lado sus diferencias ideológicas para juntarse en una cruzada demoledora y caníbal. No obstante las banderas que levantaron, caído Mahuad todos volvieron a la calma, y sus decisiones sobrevivieron a su caída.

Tras veinte años de la firma de la paz con el Perú, el bono solidario y la dolarización, se han mantenido vigentes. Los gobiernos que le sucedieron, incluido el de Rafael Correa, no los revocaron, lo cual significa que fueron un acierto.

Mahuad se vio forzado a elegir la pérdida de su capital político, “acumulado en largos años de servicio público” a consecuencia de las medidas, a su juicio inevitables, como el congelamiento parcial de los depósitos de la gente para evitar que fueran “engullidos por la hiperinflación”.  Se jugó su capital político en favor de la mayoría de la población que no tenía depósitos bancarios.

La confrontación de Mahuad con la oligarquía guayaquileña que enarboló una bandera regionalista a propósito de la batalla contra Fernando Aspiazu pasó desapercibida por sectores anti oligárquicos.  La izquierda acusó al gobierno de defender a los banqueros pese a la auditoría internacional que éste dispuso para sanear el sistema financiero ecuatoriano.  Incluso el Fondo Monetario Internacional echó leña a la hoguera al retrasar la firma de la carta de intención e imponer condiciones que habían inflamado el descontento social. 

Los sectores progresistas clamaban por un cambio del modelo económico sin entender la diferencia entre este y las medidas concretas que el gobierno se vio obligado a tomar para reducir la inflación, parar el incremento del dólar, proteger a los más pobres, reactivar la economía. Temas que aún ahora se debaten en medio de una crisis igualmente múltiple que azota al Ecuador, agravada por la pandemia.

Quedó demostrado, afirma Mahuad, que gracias al congelamiento de depósitos bancarios y a las auditorías que revelaron el verdadero estado del sistema bancario ecuatoriano, logramos tres cosas:  salir de la hiperinflación, enjuiciar y enviar a prisión a banqueros corruptos, como Fernando Aspiazu, y crear condiciones para el éxito del esquema de dolarización adoptado más tarde.

El libro Así dolarizamos al Ecuador, ofrece una perspectiva histórica, pero también de valor actual. Nos permite pensar al Ecuador de hoy con mentalidad más abierta, sin prejuicios, como los que animaron el comportamiento político que sacrificó a un presidente por el delito de tener el coraje de tomar decisiones duras pero necesarias.

[PANAL DE IDEAS]

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